3 pasos para el perdón absoluto

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Perdonar no es una tarea fácil. La humanidad lleva siglos intentando perdonar. Y aún hoy las viejas historias a veces vuelven para perseguirnos.

Primero aprendemos a perdonar en nuestra mente. Pensamos que perdonamos.Tal vez incluso digamos que perdonamos. Y lo hacemos… en nuestra mente. Se nos enseña a perdonar al principio siendo niños, cuando nuestros padres nos piden que aceptemos las disculpas de alguien por algo que hayan hecho. Aceptamos la disculpa y perdonamos. Pensamos haber perdonado… no tenemos por qué sentir que lo hemos hecho.

El segundo paso lo damos al perdonar con el corazón. Cada vez que sentimos paz después del dolor puede ser que hayamos perdonado en nuestros corazones. Decimos que perdonamos y sentimos el calor del perdón en nosotros.

El tercer paso es el más difícil; perdonar y dejar que la causa se vaya. Perdonar en nuestra mente o en nuestro corazón no evita que el dolor o la ira vuelvan y creen otra vez los mismos sentimientos desagradables. Es en ese momento que nos vemos sorprendidos y nos preguntamos porqué han vuelto esos sentimientos si ya habíamos perdonado. Mi respuesta es que no lo habíamos hecho completamente. Perdonar de pensamiento o sentimiento no constituye un perdón absoluto. Algunas personas creen que no es un perdón absoluto porque los seres humanos también tenemos algo llamado “memoria celular.” Yo no sé si existe o no pero lo que sí sé es que el perdón absoluto debe incluir este tercer paso para ser real y completo.

El perdón absoluto exige que dejemos ir, que soltemos y dejemos marchar aquello que nos provocó el dolor, el sufrimiento, la ira, la rabia o la tristeza en su origen. No será hasta que dejemos marchar que habremos perdonado de verdad. No será hasta que dejemos marchar que podremos recordar los acontecimientos sin dolor y sin rabia.

Estos son los tres pasos del perdón absoluto. Primero perdonas en tu mente, después en tu corazón y por último dejas que la causa de tu dolor o de tu ira se marche. Si das estos tres pasos, nunca volverá a perseguirte.

Algunas personas no saben cómo dar este tercer paso. No es una simple cuestión de voluntad o decisión. Es más que eso. Dejar marchar de verdad suele requerir comprensión y aceptación. El proceso necesitaría todo un nuevo artículo en este blog. Te invito a ponerte en contacto conmigo a través de los comentarios si quieres aprender a utilizar la herramienta que he desarrollado para ayudar a las personas a dar los tres pasos y realmente perdonar aquello que les provoca dolor o ira. Estaré encantada de ayudarte a llegar al perdón absoluto para que puedas volver a disfrutar de la vida… de toda ella.

Jessica J. Lockhart