El efecto Pollyanna

pollyannaPollyanna es el nombre de un libro de Eleanor H. Porter que Disney convirtió en película en 1960 bajo el mismo título.

MEALEGROHuérfana muy joven, Pollyanna viaja para ir a vivir con una tía desconocida que no es muy feliz. Jugando lo que ella llama el juego de Me alegro, Pollyanna enseña a su tía y a otros personajes del pueblo a ver sus vidas bajo una luz más feliz. Se supone que cada vez que se sienten tristes o deprimidos han de encontrar algo que les alegre.

Desde que se publicó el libro, se ha utilizado el nombre de Pollyanna como término para referirse a las personas que son demasiado optimistas; es decir, a aquellas que no se plantean las consecuencias ni piensan en la realidad sino que se limitan a esperar lo mejor y a confiar en su suerte.

Siempre hay un arco iris en algún sitio

Ser optimista no tiene porqué implicar necesariamente actuar a tontas y locas. Está claro que todas las decisiones en la vida se deben adoptar después de plantearse los pros y los contras y no solo dejándonos llevar por la vida. Pero tras haber dicho eso (que considero que es puro sentido común) debo insistir que el optimismo solo nos ofrece cosas buenas. Si eres una persona de pensar normal que pondera las cosas con lógica, no podrás ser excesivamente optimista. Eso no existe. Así que libérate de las cortapisas y permítete ser optimista hasta el fondo. Las recompensas están ahí afuera, esperándote.

Disfruta de la vida, J.


La historia de mi espalda

I tried it all

I tried it all

Hace mucho tiempo tuve dos accidentes de coche. Ninguno de ellos fue culpa mía pero, como consecuencia, acabé sufriendo un montón por padecer nada menos que 6 hernias discales y dos burbujas en la médula. Siendo intérprete de medicina como era, los mejores médicos echaron un vistazo a mi espalda y me ofrecieron sus soluciones. Incluso viajé al extranjero para que me viera el mejor de los mejores. Nada funcionó. Me operaron de la zona lumbar pero no mejoré. Padecía de dolor constante y agudo. Desarrollé múltiples alergias e intolerancias a medicamentos por lo que no se me podía recetar nada. Y desarrollé ciática aguda por lo que algunos días apenas me podía poner de pie. De hecho, fueron muchas las veces que intenté levantarme y caí literalmente al suelo como si fuera un títere abandonado.

The pain!

Sin medicación, lo que debería costar dos semanas en curar podía llevar meses. Durante SIETE AÑOS sufrí de dolor agudo crónico CADA DÍA. Creedme cuando os digo que lo intenté todo: hierbas, acupuntura, pesas en la espalda para separar los discos, corsets rígidos, aparatos de todo tipo, imposición de manos, transmisión de energía positiva… Me estaba desesperando. Era duro, muy duro de soportar. Y los médicos me decían que no había nada que hacer y que antes de los 40 estaría en silla de ruedas seguro. Era desesperante.

Y entonces, cuando llegué al límite de mis fuerzas y estaba a punto de sufrir un colapso grave, una amiga querida me obligó a visitar a un médico más. Y fue EL médico. Entré en su consulta totalmente doblada y cojeando terriblemente: no podía estirar la pierna izquierda ni la espalda.

Cuatro horas más tarde salí de su consulta recta como cualquier otra persona y sin dolor por primera vez en quién sabe cuánto tiempo. ¡No me lo podía creer! Como imaginaréis, ha sido mi médico desde entonces.

I stay in bed

Pero incluso con su ayuda mi espalda se va deteriorando poco a poco. Está demasiado dañada. Tuve que dejar mi querida profesión de intérprete porque no puedo permanecer de pie nada de tiempo y hay días en que mi espalda se niega a mantenerme erguida. Esos días me tengo que quedar en la cama, tumbada. No hay nada más que hacer.

Durante toda aquella pesadilla me di cuenta de que debía elegir: podía sentir lástima de mí misma, quejarme de lo injusto de la vida, dejarme llevar por el dolor y el sufrimiento o intentar soportarlo como mejor pudiera y disfrutar de los días buenos. Obviamente, elegí esto último. Así que lo que hago ahora es aprovechar cada oportunidad que me brinda la vida para hacer cosas. Voy a todas partes y lo hago todo los días buenos. Y simplemente lo acepto y me tumbo los días malos.

I couldn't walk

Mi familia y yo visitamos Disneylandia y los Estudios Universales este verano. Resultó ser demasiado para mí. No podía aguantar las colas. ¡Qué decepción! Así que alquilamos sillas de ruedas. Eso fue duro. No me gusta verme así pero, ¿sabéis una cosa? Disfruté de Disneylandia y de los Estudios Universales y mi familia también, y no fue el fin del mundo.

Y he aprendido a usar mi tiempo con sabiduría. No puedo pasar tampoco mucho tiempo sentada, así que utilizo el ordenador y escribo durante pequeños ratos cada vez. No es suficiente para trabajar pero sí para llegar a todos vosotros y sentir que de alguna manera estoy contribuyendo.

Enjoying good days

Ahora, cada vez que tengo un día sin dolor, me levanto y me siento feliz porque puedo caminar. Y salgo a hacer cosas. Y cuando el dolor me golpea, me enfado, me quejo en voy bien alta para echarlo fuera y luego me acomodo en la cama para tomármelo con calma.

SIEMPRE tienes elección. Incluso aunque las opciones sean difíciles de ver.

Disfruta de la vida, J.


"Forastería"

Nosotras perfectas

Muchas de mis amigas sufren mucho porque no pueden ser lo que la sociedad les exige. ¿Una talla 38 y siempre bien arreglada? ¿Gurús de la moda? ¿Jefes de departamento y amas de casa y madres perfectas a la vez?

¿Y qué ocurre con los hombres? Quieren ser los primeros en sus empresas y no cometer jamás ningún error. Y estar siempre en forma y mantenerse atractivos.

¡Qué agotador!

¡Pequeño matoncete malvado!

La sociead es un pequeño matoncete malvado. “Si no haces lo que yo te digo, verás.”

Vivimos en un mundo de competición y exigencias. Y lo peor es que fomentamos el mismo patrón entre nuestros hijos. “Más te vale ser así para sobrevivir,” les aconsejamos. “El mundo es como es y no serás capaz de cambiarlo, así que adáptate y sé como los demás,” añadimos.

¡Pero todo eso es un ERROR! No hace falta ser como los demás para ser feliz. Y ser feliz es lo único que importa. Si eres feliz, todo lo demás encajará. (A no ser, claro, que seas una persona con problemas mentales que distorsiona la realidad.)

En primer lugar, no te exijas demasiado. Exígete solo lo justo. No te conviertas en tu peor enemigo.

amigas

Déjame que te cuente una pequeña historia. Hace muchos años, la gente me solía descartar o aislar. Era demasiado diferente a ellos. Entonces, yo no era capaz de entender por qué; no podía ver las diferencias. Pero creedme, las había. Por ejemplo, yo crecí en una pequeña ciudad de provincias donde de alguna manera siempre se me consideró una extranjera. Y eso era bueno en un sentido: algunas personas me dejaban salirme con la mía porque “es extranjera.” Pero nunca fui realmente uno de ellos.

Ni siquiera los chicos me miraban. Era demasiado alta, demasiado delgada, demasiado rara. Recuerdo decir a mis amigas cuando tenía unos catorce años: “es que no lo entiendo. Soy mucho más alta que vosotras, rubia, delgada y con ojos verdes. En teoría, los hombres me deberían estar persiguiendo. Pero no es así. Ninguno me mira dos veces.” Supongo que mi “singularidad” los asustaba

Al pasar los años viajé y viví en distintos países. No hace falta que os diga que fui la eterna forastera.

No importaba lo que me esforzara, era diferente una y otra vez. Y yo solo quería encajar. Todo el mundo sabía siempre quién era yo porque todo en mí era diferente de los demás. Sobresalía.

El resultado de tanta “forastería” fue que acabé inventándome mi propio “yo.”

Hoy soy mucho más atractiva. Ahora los hombres me miran dos veces (y no es porque lleve nada extravagante o llamativo.) 🙂

My own style

Hace unos pocos años mis amigas empezaron a decirme que yo había desarrollado mi propio estilo de vestir. No tenía ni idea. Y mi propia imagen. Ni idea, tamopoco. Y hace tan solo dos días estaba con unas conocidas de diferentes países y les enseñé el nuevo sombrero que me había comprado. “Es tan tú,” exclamaron todas, queriendo decir que me encajaba perfectamente con mi estilo personal. ¡Mi propio estilo! ¿Quién se lo podría haber imaginado?

Y ese “yo” no es solo externo, sino también interno. Aprendí a ser feliz a pesar de las cejas alzadas, las críticas y el abandono. Y esa capacidad de ser optimista y alegre es hoy mi mayor bien. Es lo que atrae a muchas, muchas personas hacia mí y me abre la puerta de auténticas amistades con aquellos que buscan lazos reales y de corazón a corazón.

Todavía hay muchas personas que me evitan como si fuera la plaga porque soy diferente. Pero ha dejado de preocuparme. ¿Qué tipo de amigos serían si no pueden aceptar las diferencias en los demás, si desprecian lo singular y la “forastería”?Esas personas no me interesan. Tengo más que suficiente con las de mente abierta. Déjales que sufran (porque lo hacen.)

Cuanto más auténtico seas, cuanto más tú mismo, más feliz llegarás a ser. Yo lo sé. Lo hice. Lo hago.

Disfruta de la vida, J.