Conciliar mis vidas

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Una persona me ha pedido recientemente que le recomiende libros sobre cómo conciliar la vida laboral y personal. No le he podido recomendar ninguno que se centre en ese tema específico, me temo. Pero eso me ha llevado a preguntarme cómo concilio yo mis vidas.

Antes de contaros qué pienso sobre el tema, permitidme que os diga que aunque voy a escribir como mujer, todo lo que os digo también se puede aplicar a los hombres. Muchos de ellos tienen grandes dificultades a la hora de conciliar sus vidas laborales y personales. La mayoría no sabe cómo encontrar tiempo o disfrutar de él en su vida personal, por ejemplo. Así que todo lo que voy a escribir aquí lo pueden aplicar tanto hombres como mujeres.

Esto es lo que he aprendido hasta el momento:

1. Supermujeres

Hace muchos años estaba un día trabajando como intérprete simultánea en una conferencia sobre feminismo. Y mientras repetía las palabras de la persona que estaba impartiendo la charla, me di cuenta de que estábamos hablando de mí. El orador estaba diciendo que las mujeres son sus peores enemigas al intentar conciliar ambas vidas porque no son sus maridos ni sus hijos quienes les piden que sean perfectas trabajadoras, madres, esposas, cocineras, enfermeras, amas de casa, organizadoras, todo en uno, sino ellas mismas. Muchas de nosotras creemos en los viejos papeles que tenían nuestras madres en el pasado: cuando el hombre llega a casa, la cena deber estar preparada y sobre la mesa, los niños deben estar perfectos y la comida deliciosa. Por no mencionar que nosotras debemos aparecer despampanantes. Mientras repetía aquellas palabras en el congreso me di cuenta de que yo era una de aquellas mujeres. Hacía mi trabajo (que como veis era bastante exigente) y después salía corriendo a casa para asegurarme de que todo estaba perfecto y precioso para mi familia. Lo que implicaba levantarme antes que nadie y trabajar sin pausa hasta caer por la noche sobre la cama mucho más tarde que ningún otro miembro de la familia.

Y las cosas no eran así porque mi marido o ninguna otra persona me lo hubieran pedido. Eran así porque yo lo había elegido. Cuando empecé a compartir mi vida con mi esposo creía que las cosas eran así. Daba por sentado que tenían que ser así. Eso era lo que yo creía. Pero aquella conferencia me abrió los ojos y me hizo comprender que los dos estábamos trabajando a tiempo completo y compartíamos casa e hijos. Entonces, ¿por qué había decidido yo responsabilizarme de todo y convertirme en una supermujer?

Aquel fin de semana tuve una conversación con mi marido y le hablé de la conferencia. ¡Y él estuvo de acuerdo conmigo! Se dio cuenta de que había optado por el camino fácil y cómodo de dejarme hacerlo todo y que ni siquiera se lo había planteado.

Piensa, por ejemplo, en esos días en los que uno de los niños se pone enfermo. ¿Quién le acompaña al médico? La mayor parte de las veces es la madre, ¿verdad? ¿Y por qué? Porque sí. 🙂

Es por lo tanto muy importante mantener una larga y relajada conversación con los demás miembros de la familia para ver cuáles son nuestras creencias. Solo entonces podremos hablar de cómo equilibrar mejor las cosas. A veces, lo que creemos nos hace hacer cosas que nos provocan sufrimiento. Una vez sabemos cuáles son esas creencias las podemos cambiar.

El primer paso para conciliar nuestras vidas es, por consiguiente, cuestionar nuestras creencias. ¿Qué creo que me hace vivir de esta manera?

2. Facilitar y simplificar

Basándome en lo que acababa de descubrir decidí entonces simplificar todo lo que pudiera de mi vida. Decidí en aquel mismo instante, por ejemplo, que nunca más cocinaría ningún plato cuya preparación exigiera más de 15 minutos de mi tiempo. Si un plato necesitaba más de 15 minutos de trabajo mío, lo dejaría para ocasiones muy especiales (cuando tuviera ganas de preparar un capricho) o para las salidas a los restaurantes. Ese cuarto de hora no incluía el tiempo de horneado o cocido, solo mi trabajo físico activo.

Y aquella pequeña norma tonta de inmediato me facilitó la vida inmensamente…

Mi familia aprendió que estábamos compartiendo una vida y que, como tal, también ellos debían contribuir al bienestar general. Yo aprendí a delegar bastantes cosas y a dejar de hacer otras.

El segundo paso consiste, entonces, en preguntarnos qué se puede hacer de forma más sencilla y qué no se necesita hacer en absoluto.

3. Establecer metas

También me cuestioné mi papel como mujer profesional, por supuesto. ¿Qué quería conseguir? ¿Cuáles eran mis metas profesionales? ¿Quería pasar mi vida trabajando porque lo disfrutaba tanto o porque estaba intentando alcanzar un cierto nivel o una posición superior? ¿Trabajaba tantas horas porque el puesto me lo exigía o porque creía que debía hacerlo?

Cuestionar nuestros motivos profesionales nos ayuda a darnos cuenta de que a veces queremos también ser supermujeres en el trabajo. Queremos ser mejores que nuestros colegas masculinos porque de alguna manera nos sentimos retadas por el entorno laboral. Pero la pregunta no debería saber qué esperan ellos de nosotras sino qué queremos nosotras de nosotras mismas.

Decidir qué metas profesionales tenemos realmente nos hace ver las cosas más claras y nos las pone algo más fáciles.

Y tú, ¿tienes una meta clara o estás simplemente ascendiendo en la empresa porque eso es lo que se supone que tienes que hacer?

Por lo tanto el tercer paso cuestiona tus creencias y metas profesionales.

4. Re-equilibrar

El cuarto paso es bastante lógico. Una vez comprendes las creencias y motivos que te llevan a actuar como actúas, eliges cómo quieres vivir. Tal vez debas adaptar alguna cosa o sean necesarios nuevos acuerdos pero no te olvides que estamos hablando de tu vida. ¡¡¡Y la vida está para disfrutarla!!!

Decide qué te hace feliz y cuáles son las creencias que te limitan o que te hacen daño. Marca tus metas y coméntalas con tu familia para encontrar la forma de alcanzarlas. El primer paso siempre consiste en conocer tu realidad. Una vez la conoces la puedes cambiar. Si no la conoces, ¿cómo la vas a poder modificar?

Comprende tu realidad y después define cómo quieres que llegue a ser. Y lánzate a conseguirlo.

Espero que estos cuatro pasos te resulten útiles.

Disfruta de la vida… de toda ella, J.