Déjalos marchar

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Hay muchas personas que creen que conocemos a otras personas y seres porque tienen algo que enseñarnos y nosotros tenemos algo que enseñarles también. Además creen que esas personas y seres que conocemos salen de nuestras vidas cuando el aprendizaje está hecho. Como resultado, se produce una transformación.

Cuando miro atrás y analizo qué personas y seres se han ido de mi vida de una manera u otra, me doy cuenta de que sí aprendí algo de cada uno de ellos. Y no me refiero solo a las personas y seres que han fallecido, sino también a aquellos con quienes coincidí en la vida y de alguna forma perdí.

Te voy a dar algunos ejemplos:

Mi amigo Alberto me enseñó a valorarme a mí misma. Murió hace muchos años pero su enseñanza me ayudó a convertirme en quien soy hoy. Gracias, Alberto.

Mi padre me enseñó el valor del trabajo y a cuestionarlo todo en la vida. También murió hace algunos años. Gracias, Papá.

Cuando era adolescente tenía una amiga. Se llamaba Conchi y tenía una dura vida familiar. De ella aprendí la resiliencia. Perdimos el contacto cuando me fui a vivir a EEUU con 18 años. Gracias, Conchi.

Mis perros Beltza, Cricket, Tristán y Gaudí me enseñaron qué significa amar incondicionalmente. ¡Gracias para siempre!

Una vez conocí a una Vero que me enseñó a aceptar a las personas como son aunque no sienta amor por ellas. ¡Gracias!

Y a ti, ¿qué te han enseñado?

La próxima vez que alguien salga de tu vida, pregúntate qué te ha dado esa persona o ser y qué le has dado tú. No cambiará el hecho de que se vayan pero espero que así encuentres un poquito más de sentido a la vida.

Disfruta de la vida… de toda ella, J.