Dolor

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Mi querido primo lejano Melton escribió lo que os comparto a continuación después de mi último artículo sobre el dolor:

‘Llevo casi todo el día pensando en vivir con dolor físico. Se trata de una variable constante en mi vida hoy. Parezco llevarlo bastante bien, en particular cuando veo amigos que no lo llevan como yo. Así que empiezo dando las gracias por mi gran tolerancia al dolor físico.

Mi increíble “prima del árbol genealógico” que escribe con tanta elocuencia acerca de vivir con optimismo, habla hoy en su blog acerca de cómo manejar el dolor de forma positiva. Su dolor de espalda es una experiencia recurrente provocada por dos accidentes de automóvil de hace varios años. Cómo ha manejado la discapacidad y el dolor producidos por ambos me recuerda la manera tan poderosa que tiene la inspiración de ayudarnos a manejar el dolor. Ver a alguien enfrentarse de manera heroica con un dolor más intensamente crónico que el propio tiene una cierta cualidad de anestesia psicológica. Si ella lo puede manejar así de bien, ¿por qué debo dejar yo que mi dolor me debilite?

Ese es el poder positivo de la inspiración en funcionamiento y también puede actuar en otro sentido. Si uno se da cuenta de que manejar el dolor de manera positiva puede ayudar a otros, esa ya es una manera de manejarlo. Plantear un ejemplo inspirador para otra persona amplifica en ambos el poder sobre el dolor.

El dolor nos recuerda que estamos vivos y cuanto más constante sea, menos probable resultará que consideremos que las actividades normales que no entrañan dolor son normales. Tengo la fortuna de poder permanecer sentado tranquilo e incluso dormir con unas molestias físicas mínimas y, afortunadamente, sin medicación. Ese alivio físico no ceja de traducirse en gratitud por mi capacidad para descansar y me doy cuenta de que nunca habría podido apreciar la bendición del descanso sin haber padecido el dolor. La gratitud es una poderosa herramienta de sanación.

Es como descubrir un búho camuflado en una rama. Hasta que vuela resulta casi imposible de distinguir. Un conejo blanco resulta invisible en la nieve pero de inmediato visible sobre una carretera caliente al sol.  Lo percibimos por contraste.

De todos los milagros del cuerpo humano, tal vez el que más me fascina sea la evolución de nuestro sistema de neuro-receptores. Su función principal consiste en avisarnos de los peligros y supongo que resultan de vital importancia para nuestra supervivencia. Pero, a diferencia de otros sentidos, el dolor fuerza la consciencia. Lamentarse por una incomodidad solo la intensifica. Reconocer y aceptar el dolor lo reduce.

Hace algún tiempo descubrí que otra manera efectiva de manejar el dolor era simplemente embarcarme en alguna actividad que requiriera concentración y me mantuviera interesado. Cuando estoy ocupado el dolor suele desaparecer del todo de mi mente. Por el contrario, cuando estoy desocupado o, lo que es aún peor, haciendo algo que no me apetece o que me resulta aburrido o estresante, mi dolor se intensifica y con frecuencia no me permite hacer la actividad. Una mente ocupada puede resultar enormemente paliativa.

Estar con seres queridos, amigos y familia, también parece suavizar los pinchos del dolor. Centrarse en los demás en lugar de en uno mismo puede ser un sedante maravilloso al igual que estar con personas enfadadas o negativas puede resultar psicológica y físicamente dañino .

Finalmente, al igual que en cualquier otro campo de mi vida actual, me doy cuenta de que el dolor es uno de los factores del envejecimiento. Esperar estar sin incomodidades artríticas, sin recaídas de viejas heridas y sin efectos por las adicciones y los abusos físicos del pasado en nuestros años maduros es una exageración poco realista de la ingenuidad.

Mi dolor me recuerda que soy viejo y, en lugar de llorar porque la vida se acaba, me encuentro recontando mi vida con alegría y sintiéndome cada día más agradecido por las experiencias de mis más de setenta años… incluso aquellos episodios en los que errores de juicio e innumerables fallos hoy se han suavizado en mi memoria y por ello atesoro cada uno de los días de toda mi vida. La vejez puede ser maravillosa, o así lo he descubierto yo. Con frecuencia observo que, de haber sabido lo encantadoramente vigorizante y satisfactorio que puede ser envejecer, habría comenzado mi vida de viejo y me habría quedado allí

Así que ahora vivo con dolor gracias a una tolerancia relativamente alta a la incomodidad porque me inspiran otras personas a quienes veo superar su dolor; porque me doy cuenta de que yo puedo ayudar a los demás cuando sobrellevo mi propio dolor y, finalmente, porque tengo la fortuna de aceptar el dolor como recordatorio de que he de mostrarme agradecido.

Al fin y al cabo, el dolor está nuestra cabeza… de manera bastante literal… y requiere más remedios mentales que físicos, terapias y medicamentos para sanar.

La alegría de envejecer. 10.10.2015

Y en el caso de aquellos que padecen dolores insoportables e interminables sin posible alivio, la muerte, a quien se suele temer, a quien se suele resistir o negar, es por el contrario bienvenida con agradecimiento.

Siento lástima por aquellas personas que no conocen el dolor. Me pregunto si son conscientes de sus vidas. O si, por lo menos, son capaces de apreciarlas tan completamente. El dolor puede ser una auténtica bendición.’

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Gracias, Melton.

Tú sí que estás disfrutando de la vida ahora… de TODA ella, J.