¿Dónde vas?

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Como madre a menudo me pregunto si lo estoy haciendo bien, si estoy guiando a mis hijos por el camino correcto. Y la duda me sobrecoge. ¿Y si los estoy guiando mal? ¿Y si no estoy haciendo lo correcto? ¿Y si mis decisiones están equivocadas?

Imagino todo tipo de desastres y consecuencias negativas por las decisiones que tomo y por lo que les transmito. Analizo cada decisión una y otra vez intentando estar segura de que es la correcta para evitar que mis hijos tengan complicaciones en el futuro.

Cada vez que me vienen a pedir consejo vuelvo a cuestionar mi conocimiento y mi capacidad para guiarlos. ¡Tengo tantas dudas!

Esto es lo que me contó una cliente durante una de sus sesiones de coaching conmigo. Como es habitual, su preocupación se transformaba en preguntas del tipo “¿Y si…?” que la paralizaban y hacían sufrir terriblemente. “Detengámonos un minuto y veamos dónde intentas ir tú,” fue mi respuesta. “¿Cómo puedes guiar a nadie si tú misma no sabes dónde vas?”

Juntas comentamos sus metas y sueños y, sobre todo, sus creencias. Descubrió que una de sus creencias más arraigadas es que debe tener respuestas para todo y que con ellas debe dirigir las vidas de sus hijos; precisamente el motivo que le empujaba con tanta fuerza a guiarlos de manera correcta en todo momento. De inmediato se dio cuenta de dónde venía esa creencia y cómo afectaba a su relación con su familia. Una vez comprendió que la creencia estaba dirigiendo su vida en lugar de ser ella quien guiara a sus creencias, mi cliente decidió que esa creencia en particular la limitaba en vez de darle poder con sus hijos y definió una nueva creencia más flexible para sí misma.

La nueva creencia le ayudó a comprender que no necesita tener todas las respuestas. Sabe qué quiere y dónde va en términos generales pero su camino no está esculpido en piedra. Ahora tiene espacio para mostrarse flexible y maniobrar, lo que también ha pasado a formar parte de su relación con su familia. Cuando hoy le preguntan sus hijos a veces puede responder con sinceridad, “no lo sé pero no importa” y sentirse bien con su respuesta. Comprendió que saber exactamente dónde va no es una obligación para educar a sus hijos, siempre que disfrute de dónde está en este momento y no tema al futuro.

No necesitamos todas las respuestas. No hemos nacido para ser la fuente de todo saber. Estamos aquí para caminar y crecer juntos. Y los destinos pueden cambiar por el camino. Disfruta de dónde estés yendo con aquellos que vayan contigo y ten la suficiente flexibilidad para cambiar de dirección cuando la vida te muestre una vía mejor.

Disfruta de la vida… de toda ella, J.

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