El gato

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Este gato se mete en mi casa casi todos los días. No nos pertenece y lo hemos visto en otros lugares del pueblo. Cada vez que entra, maúlla con fuerza y nos busca para que lo acariciemos.

En los años que llevamos viviendo en este lugar, hemos descubierto que su alimento favorito son los hidratos de carbono. Sí, prefiere el pan o los macarrones al pescado, a la carne e incluso al queso. Le gusta que le acaricien solo en la cabeza y el cuello y cualquier ruido fuerte lo asusta. Hemos aprendido a conocerlo un poquito.

Pero la semana que viene nos trasladamos a otra casa. El gato se quedará aquí. No es nuestro, pertenece a otra persona. Tiene un collar con un colgante y se conoce muy bien el pueblo.

Creo que ese gato ha estado viniendo para ser mi maestro. Me ha enseñado una lección muy valiosa por el mero hecho de aparecer, maullar y dejarme que lo acaricie.

Durante estos tres años aquí, el gato nos ha hecho sentir especiales a todos los miembros de mi familia porque venía a visitarnos. Su sola presencia y el hecho de que viniera a nuestra casa y no a otras nos ha hecho sentir un poco elegidos. Y eso me ha hecho pensar… ¿no puedo yo hacer algo para que otras personas también se sientan especiales? El gato me ha enseñado que algo pequeño puede valer mucho. Tal vez yo pueda hacer algo, aunque sea pequeño, para que los demás se sientan bien.

Y tú, ¿qué podrías hacer hoy para que otra persona se sienta especial?

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart, humanología

www.jessicajlockhart.com