El optimismo y la insensatez no son sinónimos

El optimismo es un concepto que existe en todas las culturas del mundo; una palabra utilizada por casi todos los seres humanos, a pesar de que no haya dos personas que entiendan exactamente lo mismo al planteársela. El auténtico optimismo está profundamente arraigado en la esperanza, el ingenio y en la capacidad de encontrar recursos que tiene el optimista y no se puede experimentar en ausencia de sentido común y lógica.

 

Pregunta a diferentes personas qué significa optimismo y recibirás todo un abanico de respuestas. Desde el “vaso medio lleno” a “ver la vida de color de rosa” o “tener esperanza en el futuro,” el optimismo es una de esas palabras abstractas y difíciles de definir que, sin embargo, todos usamos y creemos comprender. Pero, ¿qué significa en realidad?

Durante estos últimos años, el optimismo se ha convertido en una cuestión de cada vez mayor interés para diferentes expertos, científicos y profesionales. Autores como el Profesor Seligman y su “optimismo reaprendido” o los muchos estudios que demuestran la relación entre el optimismo y una mejor salud (como los llevados a cabo por Julia Boehm y Laura Kubzansky, por ejemplo) indican el nivel de interés que existe por este tema. A pesar de los muchos intentos por definir el término con claridad, todavía las diferentes culturas y los distintos campos de estudio la explican con variaciones, ya que cada cultura también afecta a la forma en que se tiene de percibirlo y comprenderlo.

Los seres humanos son optimistas de nacimiento

Los bebés siempre son optimistas al nacer. Esperan que el mundo les alimente y les cuide y durante años se despiertan por las mañanas creyendo que cada nuevo día les va a ofrecer felicidad, aventuras y diversión. Encaran cada momento como si no hubiera otros y lo disfrutan completamente. Los niños juegan y no existe nada más en el planeta excepto ese juego. Juegan los mismos juegos una y otra vez y no lo abandonan para siempre, sino que perseveran en su diversión sin plantearse qué viene después. A no ser que ocurra algo profundamente negativo para alterar esa manera de ver el mundo, los niños siguen siendo optimistas durante muchos de sus primeros años, hasta que sus adultos comienzan a corregirles y exigirles que se muestren “más realistas” o que “aterricen y bajen de las nubes.”

Esos mismos seres humanos crecen y poco a poco empiezan a perder parte de su optimismo con los problemas y tribulaciones que la vida les arroja y con las recomendaciones de los demás para que vean la realidad con un poco menos de esperanza. Comienzan así a creer lo que les dicen y a adaptar sus creencias a su entorno. Poco a poco, su optimismo natural empeza a tambalearse y a ser sustituido por una visión del mundo más sombría.

A menor optimismo peor salud y menos años de vida

Muchos de los estudios realizados por todo el mundo han demostrado una y otra vez que los optimistas viven más años y disfrutan de vidas más felices y completas. También han demostrado tener más recursos y creatividad. Estos resultados se pueden explicar de una manera muy sencilla.

Cuando un pesimista se enfrenta a un obstáculo, ya está convencido de antemano que va a fracasar, que las cosas van a salir mal, que no va a superarlo. Para cuando necesita realmente abordarlo y hacer el esfuerzo, está tan convencido de que va a fracasar que a) no se esfuerza completamente y b) se sabotea de forma subconsciente. En cuanto fracasa, como estaba previsto, se dice de inmediato algo parecido a, “claro, si yo ya sabía que era imposible.” Ese nuevo fracaso le confirma y reafirma una vez más en su creencia.

El optimista, por el contrario, se enfrenta a los obstáculos creyendo que siempre hay una manera de superarlos. Intenta resolver la situación de una manera. Si fracasa, no se desanima sino que prueba con otro método y aún otro si no lo consigue. Insiste hasta lograr superar el problema y encontrar la solución. El optimista estudia el obstáculo y se plantea diferentes posibilidades para superarlo. En su mente, no cabe el fracaso porque “sabe” que va a lograrlo. Los optimistas nunca se rinden porque están convencidos de que siempre hay un camino. Al no rendirse, acaban convirtiéndose en personas más creativas y acumulan una gran gama de recursos que les facilitan alcanzar el éxito en sus intentos posteriores. Esa fe, por lo tanto, les lleva a esforzarse más que los pesimistas y a acabar obteniendo mejores resultados a la larga.

Todo ser humano se encuentra en algún punto entre los dos extremos del espectro optimismo-pesimismo. El realismo no es más que una manera de describir a aquellos que se sitúan más al centro y que, por ende, tienen menos recursos que los optimistas pero también fracasan menos que los pesimistas.

El optimismo no es insensato

Como acabamos de indicar, el optimismo no es solo cuestión de esperanza y expectativas, sino el convencimiento de que van a producirse cosas buenas a través de una constante búsqueda de soluciones. El auténtico optimista es una persona trabajadora y con recursos que dedica mucha energía y esfuerzo a alcanzar las metas que se deban alcanzar. Una persona insensata no es un verdadero optimista porque perseguir una meta sin un plan pocas veces lleva al éxito y los optimistas no se rinden. Así, si tal vez uno de los intentos por alcanzar el objetivo es un poco insensato, probablemente fracase, en cuyo caso el optimista se lo replanteará y formulará una nueva alternativa, convirtiéndose de ese modo en lo contrario de un insensato. La insensatez y el optimismo son, por consiguiente, incompatibles a largo plazo.

El optimismo produce mejores resultados

Como resultado de su fe natural y de su esfuerzo constante, el optimista se convierte en un mejor activo para las empresas y en la vida en general. El optimista empuja y tira, inspira y persevera. Al no rendirse, el optimista se convierte en un líder y motivador nato.

Los optimistas rara vez sufren de estrés o desgaste porque no dedican su tiempo a preocuparse sino a actuar. El estrés y el desgaste surgen por la preocupación, la obsesión y el miedo, tres actitudes que los optimistas evitan de manera natural por su propia visión del mundo. Como consecuencia, los optimistas se ponen enfermos o tensos con menos frecuencia, y acaban desarrollando una mayor capacidad para concentrarse y enfocarse en la tarea que tienen entre manos.

El optimismo se puede recuperar y volver a aprender

Al crecer y vivir, la sociedad intenta convencernos desde la infancia y la adolescencia para que vivamos una vida más sobria que nos roba poco a poco de nuestro optimismo natural. Sin él, nuestra energía baja y carecemos de motivación y empuje. Esa falta de optimismo acaba causando unos gastos terribles personales y profesionales en las familias y en las empresas y en la sociedad en general. Afortunadamente, se puede volver a aprender y se puede desarrollar. Como todo en la vida, no existe un único método válido para todos los seres humanos. El optimismo puede destruirse de muchas maneras diferentes y por lo tanto debería recuperarse aplicando las herramientas y métodos adecuados y adaptados a las necesidades y estrategias de aprendizaje personales de cada ser humano.

Algunas personas pueden adoptar una visión más pesimista de la vida por sus creencias subconscientes. El miedo puede ser otro detonante, al igual que lo son el dolor, la culpa o la preocupación. Muchos profesionales ofrecen herramientas específicas contra el estrés y el desgaste a sus clientes y pacientes pero olvidan o ignoran los problemas de base que provocaron la eliminación original de su optimismo. Solo cuando se resuelven y cambian esas causas de base puede el ser humano recuperar de verdad el optimismo natural con el que nació.

Si deseas recobrar tu empuje, tu motivación o tu energía o si quieres ayudar a tu equipo o a tu familia a que lo hagan, recuerda que cada ser humano puede tener causas diferentes para sentirse como se siente y que hará falta contar con herramientas y métodos diferentes para cada uno. Pídele al profesional con el que trabajas que te presente un plan detallado personal para cada miembro del grupo. Si no lo hace, busca otro que sí te lo dé.  Los seres humanos no somos robots y nuestra complejidad a veces requiere soluciones complejas. Esas soluciones existen y se pueden aplicar, créeme.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – Humanología y coaching en optimismo – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es una humanóloga, autora de éxito y reconocida oradora internacional que se especializa en comprender al ser humano.
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Jessica J Lockhart, EzineArticles Basic Author

 

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