El perdón absoluto a través de la humanología

El perdón absoluto implica mucho más que un mero perdón. Cuando las personas dicen que son capaces de perdonar pero no de olvidar, con frecuencia son presas de constantes retornos a la causa de su malestar.  El perdón absoluto significa dejar marchar al dolor, a la rabia, a la tristeza… a todos los sentimientos que te invaden cada vez que recuerdas las circunstancias que no te permiten perdonar y olvidar.

De vez en cuando, algo que creíamos haber perdonando vuelve para perseguirnos. El recuerdo retorna y produce en nosotros una serie de sentimientos reminiscentes de los que experimentamos cuando se produjo el evento original. Se reproduce el dolor y la ansiedad nos envuelve. Cuantas más veces recordemos el evento, más fuertes y sólidos serán los sentimientos. Esto ocurre cuando el perdón no es absoluto.

Perdonar no implica únicamente excusar a los demás, lo que ya de por sí resulta difícil, sino lo más difícil todavía: perdonarnos a nosotros mismos. En ocasiones algunos acontecimientos provocados por otras personas a quienes perdonamos hace tiempo vuelven para perseguirnos. El motivo de que esto ocurre puede ser porque hayamos perdonado a los causantes pero no nos hayamos perdonado a nosotros mismos por nuestro papel o por nuestra inacción en aquel evento. El perdón, por lo tanto, debería llegar a todos, nosotros incluidos.

En términos de humanología, existen tres tipos de perdón, dependiendo de cómo abordemos el proceso:

  • Perdón mental, el primer y más común tipo de perdón, que implica excusar una acción porque su causa parece lógica. La “víctima” acepta los motivos que provocaron la acción y decide intelectualmente perdonar al causante. Se trata del perdón más sencillo y se suele expresar en palabras. Es válido para sentimientos no muy profundos.
  • Perdón sentimental, este segundo tipo de perdón  implica comprender los motivos que llevaron al agresor a hacer lo que hizo, pero también implica elegir concederle nuestro perdón porque así sentimos que debemos hacerlo. Decidimos perdonar de corazón. El acto como tal podría incluir algún tipo de acción física, como un abrazo, un beso, una carta o cualquier otro tipo de gesto. Este tipo de perdón es necesario cuando los sentimientos son más fuertes.
  • Perdón absoluto, tercer tipo de perdón y el más complejo. Requiere haber completado los otros dos pero también una nueva comprensión de las circunstancias o el evento que nos permita aceptar lo que ocurrió al entender que fue algo bueno para nosotros. Podría ser bueno por la lección que nos enseñó o por muchas otras causas. El perdón absoluto no es una mera cuestión de decisión o elección, sino que se alcanza a través de un proceso que debe aprenderse y ponerse en práctica de manera correcta.

El objetivo de cualquier tipo de perdón debería ser convertir los recuerdos dolorosos en mera reminiscencia libre de sentimientos. Los recuerdos que te persiguen solo desaparecerán cuando el perdón sea absoluto. Mientras tanto, los sentimientos seguirán ahí.

¿Tienes recuerdos que te persiguen, algún tipo de evento que te asalta de vez en cuando, con o sin motivo aparente? ¿Estás dispuesto a dejarlos marchar? ¿Te gustaría eliminarlos y disfrutar de una vida libre de cargas? Si ha llegado el momento y estás preparado para perdonar completamente y soltar tu carga, contrata una sesión de Perdón Absoluto conmigo. Déjame que te enseñe a manejar esos sentimientos de una vez por todas.

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Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de 4 libros y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí: