El tiempo de Melton

“En el momento inmóvil”

“El final de nuestra exploración consistirá en llegar al principio”

“La tierra henchida que es y fue desde el principio toca la campana”

“En mi comienzo está mi final… en mi final está mi comienzo”

Un primo muy lejano mío, Larry Melton, me acaba de escribir en respuesta a uno de mis artículos de hace unos pocos días, y quiero compartir sus palabras y sus obras contigo.

 

 

 

Tus ideas optimistas siempre dan en el clavo y los pensamientos sobre vivir en el presente que publicaste hace algunos días encajan perfectamente con lo que yo mismo he estado meditando.

He llegado a la conclusión que nuestra sensación de tiempo forma parte vital de nuestra psique mortal. Vivimos en el tiempo, hablamos del tiempo, hablamos de “en mis tiempos,” disponemos de relojes y calendarios en cada esquina e incluso “pasamos” tiempo y dejamos que el tiempo dicte nuestra propia existencia. Con tanto énfasis en el tiempo, por lo tanto, no se nos permite olvidar que nuestras vidas son finitas. Lo que con frecuencia provoca en nosotros pensamientos negativos que pueden resultar opresivamente deprimentes. Es un pensamiento positivo, sin embargo, el que he estado intentando mantener utilizando los Cuatro Cuartetos de T.S. Eliot mientras me planteo cuál es mi propósito, cuál es mi significado hoy, y qué papel permito que el tiempo desempeñe en mi vida.

Cuando se aborda la obra de Eliot por primera vez, se tiene la impresión de estar leyendo un collage de palabras unidas al azar sin ningún propósito ni significado. Para extraer su sabiduría hace falta concentrarse profundamente, esclarecer qué está diciendo y entonces meditarlo con cuidado.                                                      

Las ilustraciones muestran lugares que Eliot visitó en vida y que le resultaron especialmente inspiradores. Al envejecer con múltiples discapacidades, llego a vivir un día cada vez, en un presente eterno que refleja cómo se percibe el tiempo en los temas de los Cuatro Cuartetos.

“Burnt Norton”

El primer poema de los Cuartetos extrae su título de una vieja ruina en los Cotswolds ingleses. La mansión Norton ardió en el siglo XVIII, por lo que Eliot caminó por el abandonado jardín imaginando cómo habría sido la vida allí cuando se construyó. 

Declara que el tiempo pasado se ha ido y que el tiempo futuro aún no ha ocurrido, por lo que el tiempo presente es lo único que tenemos. “Lo que podría haber sido y lo que fue/señalan en una dirección que siempre es presente.”

El presente es el lugar dónde nos encontramos a nosotros mismos sin importar la edad cronológica; es el único tiempo garantizado. Por lo que yo he decidido gozar del momento presente, que así convierte al pasado y al futuro en irrelevantes.

He estado dibujando escenas de cada uno de los poemas de los Cuartetos. Sin embargo, en las fases avanzadas de Parkinson y artritis en que me encuentro, sujetar un lapicero durante el suficiente tiempo y con la suficiente precisión requiere una concentración absoluta. 

Para mi deleite, descubro que este acto de dibujar me extrae por completo de cualquier sensación de tiempo y me suspende en el presente. Es la misma experiencia que se produce en la meditación. El tiempo se desvanece y, cuando vuelvo a mi atestada consciencia habitual, siempre me sorprende comprobar cuánto tiempo ha transcurrido realmente.

Mis líneas favoritas de Burnt Norton son, “En el momento inmóvil del mundo en rotación. Ni carne, ni descarnación;/Ni de ni hacia: en el momento inmóvil, allí se halla la danza./Pero ni inmovilidad ni movimiento… Excepto en el punto, en el punto inmóvil,/Allí no habría danza, y allí solo hay danza./Solo puedo decir, allí hemos estado: aunque no dónde./Ni puedo decir cuánto tiempo, porque eso sería meterlo en el tiempo.

Howard Nemerov, el laureado poeta americano de San Luis de los años 80 habló en diversas ocasiones en mi universidad y recuerdo haberle preguntado sobre ese “punto inmóvil” de Eliot. Me respondió, “Es como una pelota tirada al aire, ¿sabes? Es ese punto del arco en el que la bola no está subiendo ni bajando.”

 Por eso, en este momento preciso de la vida

       Acepto el consejo del viejo Tom E

Porque resido allá dónde la proverbial pelota de Howard

       Ni sube ni la dejo caer.

 Bailo en un alegre remolino

       Aquí, en el punto inmóvil de un mundo en rotación.