¿Está tu mente tan ocupada pensando que no vives?

Muchas personas están tan centradas en qué están pensando y sintiendo, que se olvidan de vivir…

Son muchas las personas a quienes les desbordan pensamientos y sentimientos no deseados y descontrolados.

¿Por qué me tiene que ocurrir esto a mí? ¿Por qué es el mundo tan horrible, terrible e injusto? ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué no puedo ser como los demás? ¡Ya he sufrido tanto!

Estas y otras parecidas son las quejas de muchos de mis clientes. Se sienten completamente infelices y desolados. Se despiertan por las mañanas y de inmediato les invade la ansiedad y la preocupación, la tristeza y la desesperanza o la rabia, mucha, mucha rabia e ira. No encuentran ningún sentido a las cosas y la vida les parece una aventura en extremo dura.  ‘¿Cuál es el sentido de todo esto?

Trabajando con personas que se sienten así he descubierto que todas comparten el hábito de pasar muchas de sus horas en sus cabezas, en sus mentes.  Todas dedican MUCHO de sus días a pensar, rumiar, preocuparse y planificar y mucho menos tiempo a hacer, experimentar, compartir y, en definitiva, a vivir. Rara vez se encuentran del todo presentes en su realidad inmediata porque están en parte metidos en sus pensamientos. Esa desconexión de la realidad y su profundo interés por su propia persona acaba llevándoles a convertirse en seres humanos centrados en si mismos que dejan de vivir para dedicarse a pensar.

En ocasiones piden consejo a los profesionales: terapeutas, médicos, psicólogos, coaches y otros. Muchos de ellos les recomiendan que mediten, que practiquen la atención plena o mindfulness y que se centren en qué están pensando y sintiendo. ¿¿!De verdad?!? ¡Pero si eso es lo que estas personas hacen todo el día! Cuanto más tiempo pasen en introspección y analizando qué piensan y sienten, más profundamente se meterán en su interior y menos conectados estarán con el mundo exterior. Lo siento, pero estoy en total desacuerdo con este abordaje. Lo que estas personas necesitan es justo lo contrario: necesitan sentirse vivas y conectadas; deben estar ocupadas con algo que no sean ellas mismas. Y deben ocuparse con algo que centre sus mentes en otra cosa que no sean ellas.

No pensar en ellas mismos les ayudará a reducir su nivel de ansiedad o culpa. Cuanto más ansiosas, culpables, tristes o lo que sea se sientan, más fuertes y sólidos serán sus sentimientos. Disponer de periodos de tiempo durante el día en los que NO estén pensando en sus miserias reducirá su nivel de negatividad. Como resultado, poco a poco comenzarán a retomar el control y a sentirse mejor en su piel.

Si tú eres una de esas personas que está sufriendo constantemente, ¿por qué no pruebas? ¿Qué tienes que perder? Ya estás sufriendo más de lo que puedes soportar, ¿no es cierto? Dedícale unos días. Prueba estas ideas:

  1. Decide que ya has tenido suficiente. Si no decides que ya ha llegado la hora de cambiar y que realmente quieres intentarlo, no funcionará. Esto va a exigir un pequeño esfuerzo por tu parte. Si realmente estás harto de tus experiencias en la vida, si de verdad quieres dejar de sentirte mal, si quieres comenzar a vivir de una manera diferente, el primer paso fundamental consiste en decidir cambiar; en elegir dedicar tus energías y tus esfuerzos a alterar lo que te está causando el dolor. Y después haz TODO lo que te indico a continuación …
  2. Ocúpate. La ociosidad te deja demasiado tiempo para pensar, rumiar y soñar despierto, todo ello negativo para ti. Necesitas mantener tu mente entretenida y concentrada en otras cosas. Divide tus días en ratos y llénalos de actividades diferentes. Aparte del tiempo dedicado a dormir y trabajar, intenta no dedicar más de 2 horas a una única actividad ningún día. Y cuando estés haciendo estas tareas, intenta concentrarte en ellas.
  3. Busca la variedad. Las actividades repetitivas, aburridas y fáciles te permiten concentrarte en tus pensamientos y sentimientos mientras las desempeñas. He tenido clientes que podían estar trabajando en sus puestos en la oficina o en la fábrica, repitiendo los mismos pasos una y otra vez mientras sus mentes se evadían de esa realidad para pensar en lo de siempre. Busca la variedad. Busca y comienza a hacer un montón de cosas diferentes. Pasa de una a otra y cambia de entornos, de actividad y de personas a tu alrededor. Cuanto más ocupado y entretenido estés, mejor será para tu salud mental y espiritual. 
  4. Ayuda a alguien que no seas tú. Sí, busca una ONG, un amigo, un pariente o un vecino que necesiten ayuda y dedica una o dos horas al día o a la semana a ayudarles. Tu contribución debería implicar un esfuerzo para ti. Si ayudarles te resulta demasiado fácil o si te descubres ayudándoles a la vez que estás inmerso de nuevo en tus pensamientos o sentimientos, lo que estás haciendo es demasiado fácil y repetitivo. Busca otra actividad que te exija un mayor esfuerzo.
  5. Muévete. Elige algún tipo de ejercicio físico que requiera tu concentración. Baila, corre, trabaja en algún jardín, ayuda en una granja, toma algún curso de autoayuda o vete al gimnasio con un amigo. Haz algo que realmente te canse y te obligue a centrarte en la tarea que estés llevando a cabo.
  6. Recuérdate tu meta. Cuando las personas se meten en sus cabezas les resulta muy difícil mantener el contacto con el mundo exterior. Es por eso que a veces les cuesta levantar la vista y conectarse. Coloca pequeños recordatorios en tu casa y en tu trabajo, tal vez en forma de notas o carteles, que te digan cosas como: “sal de tus pensamientos ahora,” “levántate y camina hasta otra persona,” “levántate y haz algo distinto,” “mira a tu alrededor y descubre algo que antes no habías visto,” u otras parecidas. También puedes pedir a quienes viven o trabajan contigo que te ayuden recordándote que debes salir de tus pensamientos y sentimientos cuando te vean retraído.
  7. Celébralo. Cada vez que consigas centrarte en algo que no sean tus pensamientos o sentimientos o cada vez que disfrutes haciendo algo, celébralo. Salta, gira sobre tus pies, date besos o palmaditas en la espalda, da unos pasos de baile, ríete a carcajadas… lo que quieras, pero celébralo de alguna manera. Eso le dirá a tu cerebro que lo has hecho bien y poco a poco comenzarás a establecer una nueva conexión neuronal en tu interior.

Después de hacer todas estas cosas durante una semana, vuelve a observarte. ¿No te sientes un poco mejor? Recuerda, no obstante, que necesitas ser constante y persistente. Así, tu vida por fin cambiará.

Y no te olvides de disfrutar de la vida… de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, escritora y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí:
Jessica J Lockhart, EzineArticles Basic Author