"Forastería"

Nosotras perfectas

Muchas de mis amigas sufren mucho porque no pueden ser lo que la sociedad les exige. ¿Una talla 38 y siempre bien arreglada? ¿Gurús de la moda? ¿Jefes de departamento y amas de casa y madres perfectas a la vez?

¿Y qué ocurre con los hombres? Quieren ser los primeros en sus empresas y no cometer jamás ningún error. Y estar siempre en forma y mantenerse atractivos.

¡Qué agotador!

¡Pequeño matoncete malvado!

La sociead es un pequeño matoncete malvado. “Si no haces lo que yo te digo, verás.”

Vivimos en un mundo de competición y exigencias. Y lo peor es que fomentamos el mismo patrón entre nuestros hijos. “Más te vale ser así para sobrevivir,” les aconsejamos. “El mundo es como es y no serás capaz de cambiarlo, así que adáptate y sé como los demás,” añadimos.

¡Pero todo eso es un ERROR! No hace falta ser como los demás para ser feliz. Y ser feliz es lo único que importa. Si eres feliz, todo lo demás encajará. (A no ser, claro, que seas una persona con problemas mentales que distorsiona la realidad.)

En primer lugar, no te exijas demasiado. Exígete solo lo justo. No te conviertas en tu peor enemigo.

amigas

Déjame que te cuente una pequeña historia. Hace muchos años, la gente me solía descartar o aislar. Era demasiado diferente a ellos. Entonces, yo no era capaz de entender por qué; no podía ver las diferencias. Pero creedme, las había. Por ejemplo, yo crecí en una pequeña ciudad de provincias donde de alguna manera siempre se me consideró una extranjera. Y eso era bueno en un sentido: algunas personas me dejaban salirme con la mía porque “es extranjera.” Pero nunca fui realmente uno de ellos.

Ni siquiera los chicos me miraban. Era demasiado alta, demasiado delgada, demasiado rara. Recuerdo decir a mis amigas cuando tenía unos catorce años: “es que no lo entiendo. Soy mucho más alta que vosotras, rubia, delgada y con ojos verdes. En teoría, los hombres me deberían estar persiguiendo. Pero no es así. Ninguno me mira dos veces.” Supongo que mi “singularidad” los asustaba

Al pasar los años viajé y viví en distintos países. No hace falta que os diga que fui la eterna forastera.

No importaba lo que me esforzara, era diferente una y otra vez. Y yo solo quería encajar. Todo el mundo sabía siempre quién era yo porque todo en mí era diferente de los demás. Sobresalía.

El resultado de tanta “forastería” fue que acabé inventándome mi propio “yo.”

Hoy soy mucho más atractiva. Ahora los hombres me miran dos veces (y no es porque lleve nada extravagante o llamativo.) 🙂

My own style

Hace unos pocos años mis amigas empezaron a decirme que yo había desarrollado mi propio estilo de vestir. No tenía ni idea. Y mi propia imagen. Ni idea, tamopoco. Y hace tan solo dos días estaba con unas conocidas de diferentes países y les enseñé el nuevo sombrero que me había comprado. “Es tan tú,” exclamaron todas, queriendo decir que me encajaba perfectamente con mi estilo personal. ¡Mi propio estilo! ¿Quién se lo podría haber imaginado?

Y ese “yo” no es solo externo, sino también interno. Aprendí a ser feliz a pesar de las cejas alzadas, las críticas y el abandono. Y esa capacidad de ser optimista y alegre es hoy mi mayor bien. Es lo que atrae a muchas, muchas personas hacia mí y me abre la puerta de auténticas amistades con aquellos que buscan lazos reales y de corazón a corazón.

Todavía hay muchas personas que me evitan como si fuera la plaga porque soy diferente. Pero ha dejado de preocuparme. ¿Qué tipo de amigos serían si no pueden aceptar las diferencias en los demás, si desprecian lo singular y la “forastería”?Esas personas no me interesan. Tengo más que suficiente con las de mente abierta. Déjales que sufran (porque lo hacen.)

Cuanto más auténtico seas, cuanto más tú mismo, más feliz llegarás a ser. Yo lo sé. Lo hice. Lo hago.

Disfruta de la vida, J.