Humanología – una historia

John se sentía muy mal. Estos últimos meses nada parecía salirle como él quería. No solo tenía problemas con su superior y dos de sus colegas en la oficina, sino que su mujer le había amenazado con el divorcio si las cosas no cambiaban por completo y de inmediato.

Tras casi diez años trabajando para una pequeña aerolínea internacional, John había recibido un ascenso. Esperando disfrutar de los mejores años en su carrera, pronto descubrió que sus opiniones chocaban frontalmente con las de su jefe, quien ni siquiera reconocía sus sugerencias, sus propuestas ni sus ideas. Además, algunos de sus antiguos compañeros consideraban que su nombramiento había sido un gran error porque, en sus propias palabras, ‘él no representaba realmente la misión de la empresa y no comprendía lo suficiente su cultura.’

John era uno de los pocos extranjeros que trabajaban en aquella compañía. Habiendo emigrado desde su país natal con su familia, se había dedicado a ascender por la escalera empresarial en un intento de garantizar su estabilidad y su seguridad. Aunque se había esforzado al máximo para conseguir aquel ascenso, su mujer estaba comenzando a resentir tanta devoción profesional. Y entonces, hacía solo unos meses, de pronto se sintió enfermo. Comenzó a padecer una incontrolable ansiedad y repentinos ataques de pánico. Al principio buscó la ayuda de un médico que quiso recetarle fármacos. John se negó porque estaba convencido de que en realidad no padecía ninguna enfermedad, sino que tan solo estaba cansado. Visitó después a un psicólogo pero tras varias semanas de  sesiones dedicadas a trabajar con su ansiedad seguía sin respuestas, por lo que decidió contratar un coach. Algunas de las herramientas de introspección de aquel último profesional ayudaron a John a comprender parte del estrés que estaba sufriendo. Sin embargo, en cuanto salía de sus consultas, la duda le invadía de inmediato una vez más. ¿Qué podía hacer? ¡No parecía existir nadie capaz de ayudarle!

Una mañana, una de las secretarias le descubrió fuera del edificio de las oficinas, sudando y temblando agitadamente, presa del miedo y de la preocupación. ‘¿Se encuentra usted bien?’ le preguntó ella con un deje de timidez. Al ver que no respondía, la mujer abrió su bolso con decisión y le entregó una tarjeta de visita diciéndole, ‘tal vez este hombre le pueda ayudar.’ John miró el pedazo de papel y leyó: ‘James Urbin, Humanólogo. Mi misión es ayudar a los seres humanos.’

Aquella misma mañana, desesperado, John llamó al humanólogo, quien le explicó que su trabajo consistía en ayudar a las personas a alcanzar la felicidad, fuera cual fuera el significado que cada ser humano diera a ese término. Añadió que utilizaba una amplia mezcla de métodos, estrategias y herramientas de campos como el coaching, la lingüística y muchas otras disciplinas combinándolas con sus propia y profunda experiencia de vida.

John pronto aprendió a comprenderse no solo a si mismo, sino también los comportamientos de los demás y porqué estaba teniendo tantas dificultades. Cuestionó y cambió algunas de sus creencias, entendió cuáles eran sus necesidades básicas y  que estaba utilizando máscaras en sus  interacciones profesionales y personales. Su percepción de los seres humanos cambió profundamente y adoptó nuevas perspectivas y creencias que le permitieron ampliar su visión personal del mundo. Como resultado de todo ello, su comunicación con su jefe y sus compañeros mejoró con rapidez, al igual que lo hizo su relación con su esposa. Comprender su propia humanidad y la de los demás se convirtió en la clave que necesitaba para desbloquearse y mejorar su rendimiento general en la vida y en el trabajo.

La humanología trabaja con y para los seres humanos en cada aspecto de la vida. Descúbrela.

por Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de 4 libros y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí