Invencible o invulnerable

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Todos nos hemos sentido heridos por alguna persona en algún momento de nuestras vidas. Para que no nos vuelvan a herir, con frecuencia nos volvemos invencibles. Pero yo creo que deberíamos convertirnos en invulnerables, no en invencibles. Déjame que te cuente una historia…

Una amiga sufrió una traición amorosa siendo muy joven. Entonces decidió que no le volverían a hacer daño. Cada vez que conocía a un hombre, se “enamoraba” y después saboteaba la relación para evitar que le pudieran volver a hacer daño. Obviamente, ella no fue consciente de su propio auto-sabotaje hasta que lo hablamos y lo vio. El problema era que había decidido volverse invencible, es decir, no dejar que nada ni nadie le pudiera volver a herir en lugar de volverse invulnerable, es decir, convertirse en inmune al dolor provocado por los demás.

Cuando eres invencible, te cierras al mundo y creas un escudo de protección a tu alrededor.

Cuando eres invulnerable, dejas que el dolor pase por ti sin quedarse en tu interior, sin llegar a tocarte.

Si decides convertirte en invencible, tal vez no vuelvas a sufrir, no vuelvas a sentir lo que te hacen los demás. Pero tendrás que resistirte a sus acciones y protegerte de manera constante. Deberás mantener el escudo levantado todo el tiempo y eso te costará un esfuerzo.

Si decides convertirte en invulnerable, los ataques de los demás pasarán por ti sin dejar huella. Tú dejarás que te crucen sin detenerse. Tú tendrás las riendas. Habrás decidido que no hay nada que te pueda hacer daño pero no porque lo vayas a detener antes de que te alcance sino porque estás dispuesto a aceptar lo que la gente diga o haga sin que te afecte.

Ser invencible te aísla. Ser invulnerable te libera.

Al convertirte en invencible detienes tus sentimientos. Al convertirte en invencible admites tus sentimientos y decides que no tienen el poder de hacerte daño.

Si quieres ser más feliz, elige ser invulnerable y no invencible 🙂

Disfruta de la vida… de toda ella, J.