¡Las mujeres son tan exigentes!

🙂 … ¡consigo mismas

Everything has to be perfect!

Interpreter

Cuando era intérprete simultánea, hace unos cuantos años ya, tuve que traducir en una conferencia organizada por un instituto regional de la mujer. ¡Qué descubrimiento! Fue mientras traducía que me encontré por primera vez con la idea de que nosotras, las mujeres, somos nuestras peores enemigas en cuestión de exigirnos un gran rendimiento. Nuestro nivel de autoexigencia suele estar por encima de lo que esperan de nosotras nuestros maridos y nuestros hijos. Somos nosotras las que ni nos imaginaríamos preparando una mesa que no estuviera del todo perfecta, teniendo una casa que no estuviera completamente ordenada o cocinando una comida que no fuera deliciosa. Lo solemos hacer porque queremos demostrar a nuestros seres queridos que nos importan. ¡Y la cantidad de estrés que nos echamos encima! Nuestros horarios son de locos y están a rebosar y equilibramos cinco o seis actividades simultáneamente en cualquier momento de cualquier día.

Terribly busy schedules

Con frecuencia, nuestros marido se van a trabajar y pasan allí 8, 10 ó 12 horas, tras lo cual vuelven a casa esperando sentarse y relajarse o simplemente hacer lo que les apetece. Nosotras salimos a trabajar (después de haber preparado el desayuno y las comidas o almuerzos de nuestros hijos) y allí hacemos cualquier llamada que necesitemos para garantizar que todo está bajo control: las citas con los médicos, la visita del técnico de la lavadora, etc. Después, tras una jornada laboral completa, volvemos a casa y nos sentamos a disfrutar de una agradable taza de café y de nuestra novela favorita… No, espera,no, eso no es así… Volvemos a casa y limpiamos, ordenamos, lavamos, organizamos, preparamos la cena… etcétera, hasta que caemos totalmente agotadas en la cama. Día tras día.

No estoy diciendo que esto ocurra en todas las casas, pero sí que es tristemente la norma en una cantidad increíble de ellas.

Cooking, cleaning, working, etc.

Recién casadas o cuando nos vamos a vivir con alguien a veces cometemos el error de querer impresionarles tanto que acabamos asumiendo todos los papeles y todas las responsabilidades. Después de un tiempo, eso se convierte en la norma. Y no porque nuestros hombres sean unos cerdos horribles, egoístas, que no valen para nada, sino porque nosotras mismas hace tiempo que establecimos las normas. Si somos nosotras quienes las establecemos, también deberíamos ser capaces de cambiarlas.

¡Relájate! Tus amigos y tu familia preferirán mucho más una tú feliz y relajada que un autómata agotado y consumido. Incluso aunque la casa no esté como los chorros del oro, aunque la comida no sea una delicia de cinco tenedores, aunque hoy no hayas rastrillado las hojas. Prefieren mucho más una tú sonriente, cariñosa y feliz.

Y aprende a pedir ayuda. Si tus familiares no están dispuestos a echarte una mano, ¿por qué has de volverte tú loca por ellos? La casa es donde vivís TODOS, ¿no?

9114876-three-glass-of-wineOrganiza una reunión familiar y aborda el tema, coméntalo tomando un agradable vaso de vino o una reconfortante taza de té. Dí a tus seres queridos cómo te sientes y cómo es tu vida.

Muchas mujeres no se dan cuenta de la cantidad de estrés que ellas mismas se provocan porque pasan los días en piloto automático, una cosa detrás de la otra. Detente y echa un vistazo a tu vida. ¿Eres la esclava de alguien? ¿Crees que TODO es responsabilidad tuya? Sí, está claro que hay algunos hombres tremendamente exigentes e injustos (y muchas mujeres también) pero hay una regla infalible: haz lo que consideres que es suficiente y te haga sentir cómoda y nada más. Divide el resto entre los demás miembros del hogar.

🙂 Deja de sentirte culpable cada vez que haces una pausa o te mimas con algo. Seguro que te lo mereces.

Y si eres un hombre y estás leyendo esto, piensa en tu esposa, en tu madre, en tu hermana, en tu hija… ¿Son tus esclavas? ¿Hay una distribución equitativa del trabajo? Aquí tienes algo en qué pensar.  🙂

Espero que esto os ayude. A me sirvió muchísimo.

Disfruta de la vida, J.