Los errores

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“Sin errores, ¿cómo aprenderías?”

Muchas son las culturas que nos enseñan a evitar cometer errores. Los errores, nos dicen, demuestran que no sabemos lo suficiente. Cuando las personas de esas culturas cometen alguno, se sienten avergonzadas por su falta de conocimiento o destrezas. Y así, somos muchos los que sufrimos cuando nos damos cuenta de que nos hemos equivocado en algo.

¿Y si te dijera que cometer errores no solo es necesario, sino que deberíamos recibirlo con alegría?

¿Por qué nos castigamos cuando no sabemos algo? Todos nacemos sin NINGÚN conocimiento. Para aprender algo, primero tenemos que estar expuestos a ello. El aprendizaje se acumula a través de vivir y experimentar. No saber algo solo demuestra falta de experiencia. ¿Nos estamos entonces castigando por no haber forzado a la vida a provocar las circunstancias que nos enseñarían la lección correcta? ¿Cómo podemos decirle a la vida qué nos debe enseñar?

Algunas personas necesitan experimentar una cosa una vez para aprender la lección. Otras necesitan experimentar la misma lección dos, tres o más veces. ¿Significa eso que la primera persona es más lista que las otras? No necesariamente. A veces el aprendizaje se basa en nuestro conocimiento anterior. Por ejemplo, ¿cómo podría un niño aprender a correr sin aprender antes a caminar? ¿Cómo podríamos aprender a multiplicar sin aprender antes a sumar?

A veces nos criticamos a nosotros mismos por ser tan lentos en aprender. Nuestra cinta de medir se suele basar en compararnos con los demás. Esta persona o aquella tienen más o menos mi misma edad y ya saben esto. Por lo tanto, yo también debería saberlo. Lo que no vemos es que esas personas quizás ya se hayan visto expuestas en su vida a ese conocimiento específico con anterioridad.

Por consiguiente, los errores serían tan solo la manera que tiene la vida de enseñarnos a través de la experiencia. Al demostrarnos que nos hemos equivocado, nos estaría avisando que todavía tenemos más que aprender; que necesitamos más experiencia. Lo que de por sí ya debería hacernos sentir más vivos que otra cosa; más optimistas. Todavía queda espacio para mejorar y la vida no ha tirado la toalla con nosotros  🙂

Si entendemos así los errores, pasaremos a considerarlos nuevas oportunidades para aprender. Al reconocer que todavía nos queda algo por dominar, nos abrimos a vivir las experiencias que realmente necesitamos para aprender.

Así que la próxima vez que cometas un error, pregúntate… ¿qué es lo que aún no he aprendido? ¿Qué me está diciendo la vida? ¿Qué experiencias necesito todavía tener? No te castigues por lo que aún no dominas. Abre tu mente a las experiencias que te han de llevar hasta allí.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart