Los miedos en la humanología financiera

Los miedos son creencias que tienen el poder de controlarnos y paralizarnos en todos los aspectos de nuestras vidas. 

 

En una sociedad en la que carecer de dinero se considera generalmente algo negativo en un rango que varía desde el mal gusto a la desidia más absoluta, los miedos relacionados con la economía, con los ahorros o con la financiación desempeñan un papel fundamental y pueden cambiar el futuro de una persona. En otras culturas y sociedades donde no tener dinero forma parte del destino, los miedos relacionados con ganar dinero o mantenerlo también juegan un importante papel y pueden determinar el futuro de una persona. Se podría por lo tanto deducir que los miedos relacionados con la riqueza pueden llegar a causar un impacto sobre todos los seres humanos del mundo. De hecho, así ocurre.

Los miedos siempre son manifestaciones de creencias muy arraigadas. Si una persona teme a un animal, por ejemplo un perro, será porque tenga la creencia de que puede resultar peligroso. En los campos económico y monetario, algunas de las creencias más habituales son fáciles de identificar:

  • ‘Temo perder mi dinero porque sé qué ocurre en esas situaciones. Mis padres se arruinaron cuando yo era un niño.’
  • ‘Mi futuro me da miedo porque nací en un barrio pobre y nunca nadie ha salido de aquí.’
  • ‘Me da miedo invertir en negocios arriesgados porque no quiero tener que recurrir a los servicios públicos cuando me jubile.’

Todos esos temores se basan en creencias muy claras:

  • Arruinarse o perder el dinero de uno causa problemas.
  • Resulta imposible salir del lugar donde se ha nacido.
  • Arriesgar los ahorros acaba en pobreza.

Cuando más sólido sea el miedo, más limitante resultará.

Algunas de esas creencias se establecieron en la infancia y se fortalecieron y afianzaron en la mente de la persona al transcurrir los años. Algunas creencias se aprenden en el seno de la familia, imitando a los adultos y a los modelos importantes que tenemos en ella. Otras se desarrollan en la escuela, en la iglesia o en cualquier otro entorno de influencia de nuestros primeros años. Sin embargo, las creencias se pueden crear, cambiar, fortalecer o alterar constantemente durante toda nuestra vida. En cualquier momento podemos hacernos con creencias nuevas y sustituir las viejas en un instante. Algunas se pueden expresar en forma de opinión, idea o convicción a la par que otras resultan menos obvias. Algunas creencias pueden abrazarse hasta tal punto que llegan a desaparecer de nuestra consciencia y convertirse en subconscientes. ¡Cuando eso ocurre acabamos tomando decisiones sobre la base de creencias que ni siquiera sabemos que tenemos!

Como humanólogos comprendemos que esas creencias y miedos pueden limitar a nuestros clientes en el momento de invertir o adoptar decisiones monetarias. Todos los seres humanos basamos nuestras decisiones en nuestras creencias. Esa es la función de las creencias. Desgraciadamente, no todas nos ayudan ni nos impulsan. Existen miles de maneras en las que las creencias nos pueden limitar. Imaginemos una situación en la que los padres de una familia han de decidir cuál es la mejor manera de invertir sus ahorros. Aún cuando contaran con los servicios de un planificador financiero familiar, la decisión les correspondería a ellos. ¿No debería tenerse en cuenta, cuestionarse y resolverse cualquier miedo antes de tomar de verdad una decisión?

Incluso las personas que están al cargo de cantidades de dinero superiores pueden sufrir debido a creencias y miedos limitantes. En las empresas, eso podría significar que ciertas inversiones o movimientos financieros se eviten una y otra vez. La persona que esté al cargo y afectada por esas opiniones subconscientes podría limitarse a encontrar otros destinos para sus inversiones. El problema en ese caso sería que se acotan las opciones entre las que elegir. Al reducirse las alternativas disponibles, la empresa es la que pierde.

En ocasiones no basta con saber que existen esos miedos y creencias. Como se ha mencionado más arriba, también puede haber otras limitaciones escondidas en el subconsciente que resulten difíciles de identificar. Además, sustituir convicciones fuertemente establecidas no resulta sencillo y se podría necesitar la ayuda un profesional con herramientas específicas. Cuando aplicamos técnicas de humanología a situaciones privadas o de empresa, analizamos los miedos a fin de evitar que las creencias limitantes restrinjan la capacidad de elegir de nuestros clientes. Se identifican, se cuestionan y, si así se decide, se sustituyen por otras más estimulantes. ¿Existe acaso otra alternativa? Toda decisión importante debería abordarse solo tras haberse neutralizado cualquier creencia y miedo limitantes, ofreciendo así mayores posibilidades y una gama más amplia de opciones. Por consiguiente, si tú o tu empresa necesitáis adoptar decisiones monetarias o económicas de cierta envergadura, trabaja de la mano con un humanólogo financiero u otro profesional similar a fin de asegurarte que superáis esas limitaciones. No te bloquees y abre la puerta sin miedo a la gama completa de posibilidades y opciones a tu disposición.

Disfruta de la vida… de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí:
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