Mi espalda… otra vez

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Sí, me ha vuelto a empezar el dolor de espalda. Me ocurre de vez en cuando. Pero no me sorprende, con seis hernias y dos burbujas en la médula… El dolor agudo comenzó hace un par de días. No obstante, no es tan duro como otras veces porque sigo pudiendo ponerme de pie y mantener mis actividades normales. Pero está ahí sin duda. Debo tener cuidado al sentarme o levantarme. He de elegir mis asientos bien y no puedo permanecer de pie más de un minuto. Y necesito ayuda con muchas cosas como acarrear, recoger o entregar algo a alguien.

Sin embargo, anoche me di cuenta de algo importante. Estaba con un cliente que suele mostrarse muy nervioso y preocupado por la vida y que padece graves dificultades para dormir. Estábamos trabajando en ello cuando me percaté de que le estaba explicando algo que yo había aprendido a través de mi propia experiencia. Le estaba diciendo que…

Puedes elegir cómo vas a vivir tus días. Puedes elegir ser desgraciado o ser feliz. Mira:

‘Aquí estoy eligiendo sentirme preocupada porque me duele la espalda. Eso hace que me enfade porque tal vez hiciera un movimiento o algo que no debiera. A su vez, ese enfado libera una gran cantidad de cortisol y adrenalina en mi corriente sanguínea. Como consecuencia, me siento extremadamente nerviosa. Al estar nerviosa, mis músculos se tensan y la espalda me duele todavía más. Entonces me enfado conmigo misma por estar tensa y el círculo vuelve a comenzar.’

‘Algo similar te ocurre a ti. Te metes en la cama y te preocupas porque no vayas a poder dormir. Cuando el sueño no llega de inmediato, te enfadas y te molestas. Te inundan el cortisol y la adrenalina, lo que te pone en un estado de gran nerviosismo. ¡No me extraña que no puedas dormir! ¡Yo tampoco podría!’

‘Ahora mírame. Sabes que tengo unos graves problemas de espalda y que no me puedo medicar por mis múltiples alergias. ¿Qué hago? Esto es lo que hago:’

‘El dolor llega y lo acepto. No puedo hacer nada contra él. En ese momento empiezo a pensar que tengo suerte de estar viva y que ese dolor de espalda demuestra claramente que lo estoy. Pienso en todo lo que SÍ puedo hacer y no en lo que no puedo. Pienso en lo que estoy haciendo en la actualidad que me hace sentir felicidad o que me hace tener la sensación de que estoy contribuyendo en algo para alguien.  Pienso en aquello que disfruto. Y todos esos pensamientos de inmediato liberan oxitocina, endorfinas, dopamina y serotonina en mi corriente sanguínea, haciéndome sentir bien y permitiéndome que me empiece a relajar.’

‘Cuando te acuestes,’ le dije a mi cliente, ‘inténtalo. Intenta cambiar todos esos pensamientos negativos, esa corriente de sentimientos negativos por pensamientos positivos, por sentimientos positivos. Tal vez no te quedes dormido de inmediato pero por lo menos no estarás produciendo esas sustancias químicas que inducen sensaciones negativas. Tal vez te puedas relajar un poco y que tu cuerpo no se agote tanto. Cuando lo hayas hecho unas cuantas veces, tu cerebro aprenderá y liberará cada vez mayores cantidades de sustancias que te hagan sentir bien. Y te será más y más fácil relajarte.’

Así que, al final del todo, sí que es tu decisión. Tú eliges cómo te vas a sentir. Cada uno de nosotros le enseñamos a nuestro viejo y querido cerebro cómo queremos sentirnos. Cada uno de nosotros tenemos nuestros propios mecanismos. Para mí, centrarme en qué SÍ puedo hacer y con qué SÍ puedo disfrutar es lo que funciona. ¿Qué funciona para ti?

Disfruta de la vida… de toda ella, J.

P.D.: Por favor, DIFUNDE OPTIMISMO. ¡Gracias!