Nada es imposible

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Mi padre era un formador de profesores. Enseñaba a otros a enseñar. Y una de las cosas que aprendí de él es que no existen los malos estudiantes sino profesores que carecen de las destrezas necesarias para enseñarles de la manera que necesitan ser enseñados. Todos aprendemos usando estrategias naturales diferentes. Algunos somos más visuales; otros necesitan tocar o experimentar las cosas. Cualquier profesor decente debería ser capaz de adaptar sus lecciones de tal manera que todos sus estudiantes pudieran utilizar sus estrategias naturales y aprender al máximo de su potencial.

Mi hija mayor se gradúa de la educación secundaria este año. En sus muchos años como estudiante, la mayoría de sus profesores se negaron a hacer el esfuerzo necesario para descubrir cómo se le podía enseñar. Como no era una alumna fácil, la etiquetaban como perezosa y ya está.

Algunos de sus profesores incluso intentaron conseguir que dejara de estudiar.

Mi hija acaba de terminar el instituto. Su nota en lenguaje ha sido un 7, la máxima que se da en el colegio. Algunos de sus profesores de lengua en el pasado la suspendían una y otra vez. Y la desanimaban e insultaban. Algunos de los que estáis leyendo esto tal vez conozcáis a varios de esos mal llamados profesores.

Afortunadamente, solo hizo falta una profesora a quien le importara y que creyera en ella.

No solo se va a graduar, sino que lo va a hacer con buenas notas. A pesar de muchos de sus profesores. ¡Qué triste tener que decir eso!

Ojalá hubiese más formadores de profesores como mi padre. Ojalá otros empezaran a enseñar a los profesores que todas las personas son capaces de todo si se les da lo que necesitan.

¡Buen trabajo, hija mía!

Disfruta de la vida… de toda ella, J.