¿Necesitamos ser todos geniales y exitosos?

La mayoría de las personas alaban y persiguen el éxito y la grandeza hoy en día pero, ¿acaso lo es todo?

 

Vivimos en una sociedad competitiva que valora mucho el éxito y la fama. En el pasado, las cosas no eran así. Antes, eran muchas las personas que se sentían satisfechas con simplemente ser felices. No todo tenía que ver con ser grandes sino también con ser buenos y merecedores. Entonces, ¿qué cambió?

Nada más acceder a Facebook, Instagram o Twitter nos vemos inundados de anuncios y mensajes que nos recomiendan diferentes maneras de alcanzar el éxito. La mayoría lo equiparan con ganar grandes cantidades de dinero. Ambos van de la mano. Existe, asimismo, la velada creencia de que quienes no llegan a triunfar son perdedores, perezosos o seres humanos de segunda clase.

Además, no es solamente en el mundo adulto donde encontramos la exaltación del éxito y la fama. A los niños se les anima a competir y ganar desde edades muy tempranas. La competitividad se ha convertido en la regla de oro, por no decir la única regla. No hay más camino para millones de niños de los países desarrollados y no seguirlo equivale a fracasar en la vida y como hombres y mujeres. El éxito se puede lograr ascendiendo por la escalera profesional, ganando ingentes cantidades de dinero, alcanzando la fama o convirtiéndose en un “influencer”.

Antiguamente la competitividad y el éxito no recibían tanta adoración, al menos en el mundo occidental. Cada persona tenía un destino que estaba delimitado por su nacimiento. Así, si daba la casualidad de nacías conde, nunca necesitarías realizar grandes esfuerzos en ningún aspecto de tu vida. Si nacías carnicero, no te alejarías demasiado de tu campo de trabajo. Como primogénito, lo heredarías todo mientras los demás encontraban algún puesto de aprendices o entraban en la iglesia o el ejército. Nacer mujer… bueno, digamos que las palabras “éxito” y “mujer” rara vez aparecían juntas en la misma frase. Con sociedades así de estructuradas, no había espacio para las grandes ambiciones ni la sed de éxitos.

Pero entonces la sociedad cambió y todos quisimos tener oportunidades justas en la carrera de la vida; todos buscamos crecer y alcanzar puestos acomodados y comfortables en la vida. Se inventó la carrera profesional y pronto se le asoció toda una gama completa de bienes y posesiones a cada uno de sus niveles: coches, casas, coches más grandes, casas más grandes, membresías en clubes privados, etcétera. El triste resultado es, sin embargo, que la mayoría de las personas no lo están disfrutando. Los seres humanos se han ido al extremo opuesto. En lugar de aceptar su destino ahora se dedican a subir, subir y subir; a trepar cada vez más alto.

La sociedad en general decidió que el éxito resultaba requisito fundamental para todas las personas y que quienes no lo alcanzaran debían ser despreciados.

Y yo me pregunto… ¿no es acaso también cierto en este terreno que los extremos tal vez no sean la mejor opción? ¿Necesitamos todos tener éxito y ser famosos para disfrutar realmente de la vida o sentirnos satisfechos y felices? ¿Necesitamos empujar a nuestros hijos para que escalen y trepen sin parar? ¿Necesitamos criticar a quienes optan por simplemente ser y disfrutar? ¿Es el éxito lo único que hay?

Si eres una de esas personas que se siente presionada por la sociedad, por la necesidad de triunfar y tener éxito, tal vez también te asalte de vez en cuando una sensación de culpa al intentar abandonar la carrera. Pero ese sentimiento está en ti. Te sientes culpable e inadecuado porque te comparas con la sociedad en general y te parece que no alcanzas. Te sientes culpable porque no pareces querer lo que otros tanto desean. Te sientes culpable porque no te puedes emocionar con luchar y vencer contra los demás… Como suele ser habitual, la elección es tuya.

Creo firmemente en nuestra capacidad personal de elegir. Cada uno de nosotros la tiene. En el mundo hay espacio suficiente para todo tipo de seres humanos. En mi humilde opinión, el éxito no es más que una de nuestras opciones. Podemos elegir otras, como aceptar nuestro destino o sentirnos satisfechos con nuestra situación. Perseguir la grandeza no tiene por qué encajar con todas las personas. No todos necesitamos subir sin parar. Algunos pueden optar por una satisfacción más personal o por la iluminación espiritual. Y eso está bien.

Disfruta de la vida… de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí:
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