Perdoné pero…

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Muchas personas que conozco sufren por episodios que ocurrieron en su pasado y que les persiguen todavía hoy. Cuando les pregunto, suelen decir que perdonaron a quienes provocaron aquel problema original, incluidos ellos mismos. Pero los sentimientos indeseables se siguen repitiendo cuando menos los esperan o desean. Yo lo explico a través de los tres niveles de perdón: mental, emocional y celular. Solo cuando perdonamos a esos tres niveles llegamos al auténtico perdón absoluto.

El perdón mental (o intelectual) se produce cuando alguien racionaliza una situación, la comprende y perdona a quién la provocó. Este tipo de perdón es el que solemos demandar de los niños cuando les decimos que han de pedirse disculpas tras una discusión.

El perdón emocional se concede cuando decidimos aceptar y amar a la persona a pesar de lo que haya ocurrido. Este tipo de perdón lo encontramos en las parejas que se reconcilian después de una situación difícil. Por lo general sienten que realmente se han perdonado desde el corazón.

Sin embargo, en ocasiones esos dos tipos de perdón no son suficientes. Perdonamos en nuestra mente y en nuestro corazón y, a pesar de ello, el dolor, la ira, la vergüenza, la rabia, el odio, la tristeza o lo que sea que estamos sintiendo, resurge de pronto para acosarnos. “¿Por qué estoy sintiendo esto, si ya perdoné?” nos preguntamos. Mi respuesta es que se nos olvidó dejar ir.

Perdonar no implica dejar marchar. El perdón habitual no requiere que aceptemos la situación hasta tal punto que sus sentimientos también desaparezcan. De ahí que muchas personas decidan perdonar pero no olvidar. Yo defiendo que dejar ir es una parte necesaria del auténtico perdón absoluto. Solo cuando dejemos marchar a los sentimientos, cuando los dejemos ir, se convertirá el episodio en un antiguo recuerdo libre de la carga emocional.

Algunos científicos hablan de una memoria celular. Yo no sé si es ahí dónde se guardan esos recuerdos pero lo que sí sé es que perdonar a alguien (incluidos nosotros mismos) mental y emocionalmente no es suficiente para neutralizar algunos de nuestros rencores más atrincherados.

¿Cómo se puede dejar ir? Aunque la teoría es muy sencilla, yo suelo recomendar el apoyo de un profesional porque facilita mucho tener éxito en este empeño. Dejar ir requiere comprender y aceptar pero también llegar a sentir gratitud por aquello que haya ocurrido y convertirlo en una fuente de conocimiento o crecimiento. Solo cuando somos capaces de convertir el recuerdo en algo positivo podremos realmente dejar marchar a las emociones negativas. Existen algunas herramientas, estrategias y métodos que ayudan a mis clientes a llegar a ese punto sin estrés.

¿Te encuentras preparado para dejar ir? ¿Estás en disposición ya de librarte de los viejos dolores y del persistente sufrimiento para adentrarte en un futuro sin esas pesadas cargas? ¿Estás listo para comenzar el año que pronto comienza libre de los obsesionantes eventos del pasado? Aprende a dejar marchar.

El perdón absoluto es real. Se puede alcanzar con las herramientas adecuadas. Concédete a ti mismo el regalo del perdón este año y comienza a vivir una vida libre de dolor y remordimiento.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com