¿Realmente crees que un taller te va a cambiar la vida?

El mundo está siendo testigo de una gigantesca eclosión de gurús, coaches, profesores, maestros y otros profesionales que recomiendan talleres o cursos a quienes buscan cambiar algo en sus vidas. Afortunada o desafortunadamente, las cosas no son así de sencillas…

El problema:

Hace un par de días recibí la llamada de uno de mis clientes para comentar un caso en el que estaba trabajando. Una empresa le había pedido ayuda porque sus empleados sufren un tipo determinado de miedo que en ocasiones les paraliza, impidiéndoles reaccionar de forma correcta ante ciertos clientes. La dirección está claramente interesada en encontrar alguna herramienta que ayude a su plantilla a eliminar esta limitación que tanto estrés económico está cargando sobre sus resultados. Ninguno de la gran cantidad de coaches y mentores con los que ya han trabajado ha conseguido resolverlo. Los trabajadores aprenden las herramientas ofrecidas por esos profesionales y aún así se sienten paralizados cuando les llega el momento de actuar.

Con frecuencia me encuentro con situaciones similares en muchas empresas. Contratan a expertos con la esperanza que produzcan un cambio que, tristemente, no siempre se materializa. Los problemas a resolver están claramente definidos y los conceptos y enfoques parecen en teoría perfectos y, sin embargo,  tras un breve período de tiempo, nada queda de una posible transformación. Esto no pasa solamente en las empresas sino también con los millones de personas que intentan cambiar su manera de ver la vida e interactuar con el mundo asistiendo a cursos, seminarios y talleres. Cuando los terminan, se llevan una idea muy clara de qué no funciona en sus vidas y la impresión de que su nuevo conocimiento de alguna manera les da mayor poder sobre su realidad. Sin embargo, un tiempo más tarde se encuentran repitiendo los viejos patrones y las viejas historias. Solo un número muy limitado de ellos experimenta un cambio permanente. ¿Cuál es la causa de que no haya funcionado con todos los demás seres humanos? ¿Es acaso porque esos profesionales solo son unos charlatanes que venden humo? No necesariamente. Yo tengo otra explicación de por qué ocurre.

La situación:

La mayoría de los profesionales ofrecen nuevas ideas, algunas herramientas e incluso posibles hojas de trabajo para inspirar a sus clientes con la esperanza de que esa inspiración de alguna manera milagrosa produzca en ellos cambios que alteren sus arraigados comportamientos y reacciones. Se basan en la idea de que esa nueva visión les impactará tanto que de inmediato alterará sus hábitos para siempre. Lo siento, las cosas no suelen funcionar así. Las personas necesitan años para adquirir sus reacciones y comportamientos y hace falta mucho tiempo para que pasen a formar parte de sus respuestas automáticas. Será necesario mucho más que simplemente inspiración y momentos de descubrimiento para que esos actos conviertan en automáticos y espontáneos. Tristemente, esa es la parte que con frecuencia descuidan muchos profesionales. Te venden los ingredientes e incluso tal vez compartan contigo la receta pero después se marchan y te dejan solo para preparar el pastel.

La explicación:

Todo comportamiento humano, tanto el espontáneo como el premeditado, responde a nuestras creencias. Las personas actúan y toman decisiones sobre la base de lo que creen. Las creencias subconscientes producen reacciones espontáneas y las conscientes respuestas controladas. La mayoría de los profesionales suelen ofrecer a sus clientes estrategias que se centran en el nivel consciente. Sus herramientas y métodos se focalizan en intentar cambiar la reacción ante ciertos estímulos, en lugar de trabajar con las causas que originan la respuesta. Sus clientes comprenden el proceso de sus pensamientos y crean interpretaciones o conexiones alternativas con el objetivo de soslayar los antiguos. Entonces trabajan con las nuevas herramientas durante el taller o evento, tras lo cual el profesional desaparece. Esto explica por qué el cambio no es permanente sin importar con cuánta claridad las personas comprendieran el mecanismo. Excepto en unas pocas excepciones, aquello que a una persona le costó tanto tiempo establecer no se puede cambiar en un puñado de momentos inspiradores. Es como ofrecerle a alguien un analgésico para tratar una enfermedad; tal vez el dolor desaparezca de momento pero no se habrá resuelto el auténtico problema.

Explicado en términos muy sencillos se podría decir que las creencias de los seres humanos se establecen en el cerebro siguiendo dos vías: la repetición y la emoción. Se produce una situación, algo ocurre. La persona intenta encontrarle sentido repasando todo el conocimiento que tiene almacenado en su memoria. Así deduce alguna interpretación que le permite comprender ese hecho. Si esa interpretación se confirma las suficientes veces, se acabará convirtiendo en una creencia. Cuantas más veces se confirme, más firmemente se grabará en el cerebro de la persona.

La segunda vía, la de la emoción, también es bastante sencilla de explicar. Se produce una situación, algo ocurre, y la persona se ve embargada por una profunda emoción. Puede ser una emoción positiva o negativa.  Si es lo suficientemente sólida, puede llevar a la persona a cuestionar sus creencias hasta ese momento y abrirle la posibilidad de reinterpretar la realidad a través de una nueva creencia. Un buen ejemplo para ilustrar esta vía es la cercanía a la muerte. Cuando alguien siente esa emoción tan grande, con frecuencia establece nuevas creencias.

Si un ser humano establece una creencia a través de ambas vía, esta se graba con mucha más solidez en su cerebro. Y si además esas nuevas convicciones se fortalecen con el transcurrir del tiempo y la repetida confirmación de su interpretación original, se puede llegar a olvidar su origen y pasar a la parte subconsciente de la mente, donde esa persona ni siquiera será consciente de tenerlas.

Cambiar creencias, por consiguiente, no es tan sencillo como simplemente aceptar una nueva interpretación o elegir una manera distinta de ver el mundo. Cuando una creencia está firmemente anclada en nuestro cerebro, intentará por todos los medios quedarse allí, porque esa es la labor de nuestros cerebros: preservar nuestras creencias a fin de salvaguardar nuestra estabilidad. No olvidemos que las acciones y reacciones se basan en las creencias de la persona por lo que, a no ser que la inspiración vaya acompañada de una emoción muy fuerte o se repita las suficientes veces como para sobreescribir la creencia anterior, nada cambiará realmente.

La solución:

Comprender y ayudar a los seres humanos no es tan sencillo como limitarnos a ofrecerles soluciones como pastillas.  Si se necesita una transformación, se deberá contar con una profunda comprensión del ser humano para de verdad abordar el problema, crear la solución correcta e implantarla de manera sólida y efectiva. No es posible cambiar hábitos si no se trabajan desde su raíz para sustituirlos por otros.

Mi cliente ofrecerá ahora a esa empresa un proyecto con cimientos muy sólidos que ayudará a los empleados a alcanzar las metas deseadas. Resulta necesario utilizar procesos completos para llegar a los objetivos marcados por la empresa, por lo que la propuesta que se presentará incluirá todos los pasos, desde la identificación hasta el fortalecimiento de las nuevas creencias.

La próxima vez que busques ayuda profesional para algo relacionado con cambios y creencias, asegúrate de que la solución que te ofrecen tiene resultados a largo plazo.

Disfruta de la vida… de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga,  autora y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí:
Jessica J Lockhart, EzineArticles Basic Author