Yo no busco la perfección

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¿Por qué crees saber qué es lo mejor para mí? Pareces tener muy claro quién debería ser yo. Crees que me puedes decir qué debo pensar, qué debo sentir, qué debo hacer, qué debo decir…  Opinas que sin duda serías un yo más perfecto que yo misma. Y quieres que sea ese yo perfecto que imaginas. Al igual que lo cree el resto del mundo. Todas las personas que me rodean tienen su propia opinión de quién debería ser yo; esa persona perfecta que ven en su mente. Cada día me decís de maneras diferentes quién debería ser: a través de la publicidad, de mis compañeros, de mi familia, de la sociedad en general. Sí, todos lo sabéis mejor que yo. Todos me pedís que sea esa persona perfecta que visualizáis en mi futuro. Pero yo no quiero ser ninguna de esas “personas perfectas.” Yo solo quiero ser yo.

Quiero ser yo con mis defectos y mis virtudes. Quiero cometer mis propios errores y aprender de ellos. Quiero ser imperfecta y no estar siempre fingiendo la perfección. ¡Quiero ser yo!

Soy quién soy por todo lo que he experimentado y aprendido hasta el momento en mi vida. Todas esas lecciones me han llevado a creer lo que creo y a ver el mundo y la realidad como los veo. Tú eres quién eres por todo lo que has experimentado y aprendido hasta el momento en tu vida. Es por eso que tú eres tú y yo soy yo. Ese es el motivo por el que somos diferentes. ¿Por qué crees que tus experiencias y lecciones son mejores que las mías? Sí, tal vez hayas vivido más años. Eso da igual. Mis lecciones son únicamente mías y nadie más en todo el mundo ha aprendido exactamente lo mismo que yo porque no han tenido mis mismas experiencias. Tú no estás dentro de mí. No sabes de verdad, de verdad, de verdad, lo que yo sé. Ese es el motivo por el que yo veo la realidad como la veo. Así que, por favor, deja de intentar convencerme que tu visión de la realidad es mejor que la mía. Yo nunca podría verla como la ves tú ni tú como la veo yo.

Soy quién soy por las experiencias y las lecciones que he tenido y quizá sea la única YO que podía ser. Quién sabe, tal vez tú hubieses sido como yo de haber tenido solo mis experiencias y haber vivido mi vida.

Así que escúchame, mundo, yo no quiero ser esa yo perfecta con la que todos soñáis. Yo no quiero ser la yo que imagináis basándoos en vuestras experiencias y en vuestra visión del mundo. No lo puedo ser. Yo soy yo. Mi yo real. Y esa es la persona que quiero ser.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart, humanología

www.jessicajlockhart.com


¿Realmente importa?

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Conozco una persona que quería no tener pechos. Prefería que le llamaran por un nombre masculino. Conozco a otra que quería una nariz más pequeña y que la llamaran por un apodo.

¿Qué diferencia hay?

Ambas personas respiran.

Ambas son seres humanos.

Ambas aman, sienten, crecen, piensan, existen…

Ambas contribuyen.

También conozco a alguien a quien le gustaban las personas como él. Esa persona se sentía atraída por otras personas como él.

Esa persona también respiraba.

También era un ser humano.

También amaba, sentía, crecía, pensaba, existía…

También contribuía.

También conozco a alguien que no se siente atraída por nadie….

Esta persona también respira.

También es un ser humano.

También ama, siente, crece, piensa, existe…

También contribuye.

Y también está esa otra persona que conozco, que quería tener pechos y que la llamaran por un nombre femenino.

Esa persona respiraba.

Era un ser humano.

Amaba, sentía, crecía, pensaba, existía…

Contribuía.

Y también estoy yo. Me gusta que me llamen por mi nombre.

Respiro.

Soy un ser humano.

Amo, siento, crezco, pienso, existo…

Contribuyo.

La humanidad es variada y múltiple. Los seres humanos somos todos humanos. Todos sentimos, amamos, pensamos y existimos. Todos contribuimos de una manera u otra. ¿Qué es lo que realmente importa de los seres humanos, qué tipo de pareja busquen o todo lo demás? ¿Importa realmente que alguien se quite o se ponga pechos, se reduzca la nariz o se cambie de nombre? ¿Importa realmente que ame a alguien igual o diferente o que no ame a nadie? ¿Importa realmente que sean seres humanos blancos, negros, amarillos, marrones, altos, bajos, gordos, flacos, guapos, feos, alegres, melancólicos o todas esas cosas o ninguna? ¿No será que lo que realmente importa es solo su humanidad? Todo ser humano es humano y, como tal, aporta su granito de arena al resto… aunque nos cueste verlo.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart


Los recuerdos…

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¿Qué recuerdas del dolor de tu infancia? ¿Recuerdas la primera vez que te cortaste? ¿Recuerdas el primer beso que te dio tu madre? ¿Y lo que sentiste la primera vez que viste una película en el cine? ¿Y cuando caminaste por primera vez?

Aunque muchos de nosotros no podemos recordar esos momentos exactos, sí “sabemos” que existieron. Creemos firmemente en ellos. Son parte de nuestra realidad. Muchos creemos tanto en ellos que dan forma a quiénes somos hoy. Nuestras personas se basan en esos recuerdos o en lo que creemos acerca de ellos.

Pero yo te pregunto, ¿son verdaderamente reales? ¿Los puedes sujetar en tus manos? ¿Puedes sentir los mismos sentimientos exactos que te hicieron sentir entonces? ¿Puedes sacarles una foto?

Entonces, ¿cómo puedes decir que son reales?

“Porque los siento,” tal vez me respondas. Pero, ¿los sientes de verdad? ¿No será que estás sintiendo lo que crees que sentirías si esa situación se volviera a producir? ¿No será que estás recreando los sentimientos que crees recordar?

Al transcurrir el tiempo apilamos recuerdos sobre recuerdos. Algunos los recordamos y otros se han quedado enterrados en el olvido. Pero los atesoramos todos en nuestra pequeña caja de recuerdos y los asociamos a diferentes sentimientos. Y cada vez que extraemos uno de la caja, lo miramos y sentimos algo de nuevo. Ese sentimiento puede basarse en el propio recuerdo y en cómo creemos recordar habernos sentido en el pasado. O puede provocarnos nuevos sentimientos.

¿Y qué me dirías si te pidiera que me entregaras ese recuerdo? No podrías hacerlo, ¿verdad? Me lo podrías CONTAR, pero no me lo podrías entregar físicamente. ¿Por qué? Porque es algo que ocurrió en el pasado y, como tal, no existe en el AHORA. No puedes hacer nada con él. No puedes cambiar nada en él. Entonces, ¿por qué lo revives una y otra vez?

Toma ese recuerdo y míralo desde el hoy. ¿Qué sientes? ¿Son sentimientos nuevos o te estás repitiendo los mismos sentimientos de siempre a ti mismo? Si esa situación no está ocurriendo AHORA, ¿por qué estás sintiendo algo AHORA? ¿Cómo puede tener ningún tipo de poder sobre ti?

Si lo que estás recordando es un viejo sentimiento, ¿de qué te sirve? ¿Cómo te puede ayudar hoy, cuando el recuerdo es algo del pasado, que no existe en el AHORA? Si le estás asociando nuevos sentimientos a un viejo recuerdo, ¿de qué te sirve también? ¿Estás sintiendo algo HOY por una situación que ya no te puede tocar, por una situación que en realidad no tiene nada que ver con la persona que eres en este momento?

Los recuerdos son historias que nos contamos sobre nuestros yos más jóvenes. Pero nada más. Los recuerdos ni siquiera nos imparten lecciones porque cómo reaccionamos en el pasado probablemente sea del todo diferente a cómo reaccionarían nuestros yos más viejos y sabios hoy ante esa misma situación. Los recuerdos son solo interpretaciones de las situaciones y, como tales, solo nuestra manera de verlas.

Una vez más, es decisión tuya. ¿Quieres repetir las mismas viejas historias todo el tiempo y recrear los sentimientos de un pasado que ya no existe? ¿Quieres repetir viejas historias en el ahora y repetir esos recuerdos para crear nuevos sentimientos hacia algo que en el ahora se encuentra totalmente fuera de tu control? Yo prefiero con mucho dejar mis recuerdos en su caja y considerarlos pequeñas fotos fijas de mi vida; tomarlos como imágenes sin sentimientos, sin nada unido a ellas. Les dé el valor que les dé, será un valor basado en una vieja historia o una nueva interpretación de una vieja imagen.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com