¿Cómo te presentas?

#tbt

Cuando alguien me pregunta quién soy, puedo responder de muchas formas diferentes…

  • Soy Jessica.
  • Soy humanóloga.
  • Soy escritora.
  • Soy un ser humano.
  • Soy madre, soy esposa, soy mujer…

Responda lo que elija responder, siempre estaré ofreciendo una verdad incompleta porque soy eso y mucho más. Dependiendo de quién me esté planteando la pregunta y de cuáles sean mis circunstancias, tal vez elija respuestas diferentes. Por ejemplo, si la persona que pregunta es un posible cliente, no le diré “soy una madre” pero sí lo haré si quién me está preguntando es el jefe de estudios en la escuela.

Quién o qué soy no se limita a una única palabra ni a un conjunto de ellas. Soy muchas cosas. Incluso aunque elija ofrecer una o varias como respuesta, seguiré si reflejar mi yo auténtico y mis palabras no implicarán que no soy también las que he callado. Yo sigo siendo quién soy. Solamente decido no compartir todo lo que soy en ese momento. Yo no soy mis circunstancias. Mis circunstancias no me definen. Responda lo que responda a la pregunta de quién soy yo, seguiré siendo todas las respuestas dichas y las no dichas.

A veces nos sentimos limitados y definidos por nuestras circunstancias: “soy un sin-techo,” “soy pobre,” “soy depresivo.” Simplemente con pronunciar esas palabras, de alguna manera nos convertimos en ellas. Cuando una persona dice “soy un desempleado,” elige esa definición de sí mismo cuando, en realidad, solo está mencionando sus circunstancias en ese momento. Es persona es mucho, mucho más que un “desempleado.”

Yo soy yo, no mis circunstancias. Cuando me presento al mundo, siempre intento reflejar quién soy y no mi situación. Si quiero hablar de mi realidad, siempre puedo decir cosas como… “en este momento me sobra algo de peso,” “estoy padeciendo algunos problemas de salud,” ahora no tengo una dirección fija.” (En lugar de “soy obesa,” “soy una enferma,” “soy una vagabunda.”)

Cuando los demás oyen nuestras respuestas, forman una imagen de nosotros en su mente. La información que reciben es la que nosotros les damos. Si tu definición de ti mismo resume tus circunstancias actuales, eso es lo que verán. No solo ahora. Cuando te vuelvan a encontrar en el futuro, también será eso lo que vean. Porque eso es lo que tú les has dicho que eres. No les has dado otra opción. No les has dado más información, tan solo un pedacito muy pequeño de tu verdad. No te sorprendas, entonces, cuando eso sea lo único que vean.

Yo soy…. refleja quiénes somos, no cómo nos sentimos ni cómo nos vemos a nosotros mismos. Así que ten cuidado la próxima vez que te presentes. Recuerda que de quien estás hablando es de TI 🙂

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com


Espejito, espejito…

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Cómo ver belleza al mirar en el espejo

ESPEJITO, ESPEJITO MÁGICO… CÓMO VER BELLEZA AL MIRAR EN EL ESPEJO

16 de AGOSTO, 2016

Odiaba mirarme en el espejo.

Tal vez fuera porque no me gustaba ver mi nariz irregular o mis mejillas indefinidas.

Tal vez fuera por cómo caía mi cabello liso a lo largo de mi rostro. O su color aburrido.

Tal vez fuera por el peso de más que llevaba y del que trataba tan desesperadamente de librarme; un recuerdo gráfico de mi falta de autocontrol.

Aquellos son días del pasado. Desde entonces, he aprendido a abrazar aquello que veo en el espejo cada día. Pero fue un camino largo y duro…

Hoy he invitado a la coach en optimismo y vida, conferenciante internacional y autora de El optimista que hay en ti,  Jessica J. Lockhart, a que nos hable de la complicada relación que la mayoría de nosotros mantenemos con el espejo.


Te miras en el espejo. Tu imagen te devuelve la mirada. Pero, ¿realmente te ves? ¿Ves tu alma, tu ser, tu humanidad? ¿Ves la persona que se oculta tras el espejo? La mayoría de nosotros no.

Cuando las personas se miran en el espejo, lo que la mayoría ve es:

  • Una tarea por realizar: ¿te has afeitado o maquillado alguna vez sin verte realmente? ¿Te has cepillado el cabello o los dientes sin percibir nada de tu persona? La mayoría de las personas miran en el espejo y solo ven aquellas partes del cuerpo que necesitan su atención en esos instantes. E incluso entonces, esas partes del cuerpo son narices abstractas, cabello indefinido, dientes necesarios… No son los suyos, no les pertenecen. Son tan ajenos a ellos como la cebolla que cortarán más tarde o el libro que sujetarán entre las manos. Tal vez dediquen veinte minutos a arreglarse el cabello sin verlo realmente y sin percibir ninguna otra parte de su cuerpo en el proceso. El resto de su persona es una nada borrosa.
  • Ese rasgo negativo suyo: muchas personas se miran en el espejo y solo ven aquello que buscan y esperan encontrar: una nariz grande, un cuerpo gordo/delgado, dientes torcidos, cejas despeinadas… lo que sea. No se están mirando realmente. Están buscando los defectos que saben que tienen, y eso es lo único que van a ver. Se acercan al espejo sabiendo de antemano que la imagen que van a encontrar es la que les molesta. No contemplan esas partes de su cuerpo dentro del contexto de su propio cuerpo sino como piezas individuales y problemáticas. Sus ojos y su cerebro solo perciben esas en particular. Una vez más, el resto de su ser permanece como una nada borrosa que les devuelve la mirada.
  • Un extraño sin ninguna relación: cuando te miras en el espejo, ¿tienes la sensación de que realmente conoces a esa persona que te está mirando? ¿O es más como una sombra a colores de ti mismo, una cáscara vacía, una especie de reproducción tuya sin sentimientos, sin alma, sin pensamientos? Muchas personas miran su imagen reflejada y no hay conexión entre ambas. Sienten que están mirando a un personaje, como los de la televisión, que no está unido a ellas en nada. Es como mirar el retrato de otra persona vagamente conocida.
  • Una máscara: algunas personas están tan convencidas de ser de una cierta manera que su cerebro realmente registra y les hace ver exactamente eso… aunque no sea cierto. Un ejemplo muy claro es la imagen regordeta o incluso gorda que ve una persona anoréxica cuando su realidad tal vez sea dolorosamente diferente. Todos formamos imágenes mentales de lo que vemos. A veces, esas imágenes están sesgadas y alteradas por las creencias que tenemos y que nos limitan. Cuando las miramos, no vemos lo que en realidad es sino lo que creemos que hay.

Son muchas las personas que no pueden describirse con precisión porque nunca dedican el tiempo necesario a mirarse de verdad. Como no les gusta la idea que tienen de sí mismas, deciden dejar de mirar. Es en ese momento en el que comienzan a apilar máscara sobre máscara o a esquivar su reflejo en cualquier superficie.

¿Qué sentirías si te dijera que no eres la misma persona que te mira cada mañana desde el espejo de tu aseo o de tu dormitorio?

Si no me crees, compruébalo. Toma ahora mismo un espejo y mira a conciencia a ese ser, a esa representación humana que es la tuya, a tu persona, mírate a ti mismo. Mírate primero a los ojos. Observa su color y profundidad, su mirada, cómo están rodeados por tus pestañas y cómo los enmarcan tus cejas. Después, pasa tu mirada por el resto de tu cuerpo y encuentra aquello que más te gusta. Míralo. Míralo de verdad, con calma, y disfruta de su belleza. Es perfección o imperfección. Es realidad. Es solidez. Es singularidad. Es autenticidad.

Continúa descubriendo el resto de tu cuerpo poco a poco, solo mirándolo. Viéndolo. Analiza cómo son realmente tus mejillas, qué tipo de labios tienes de verdad, cómo enmarca tu barbilla a tu boca.

Observa qué distancia hay entre tus ojos, cuántas pecas luces en tu rostro, si las hay, cómo se combinan el color de tus cabellos y el de tu piel.

Tal vez te sientas tentado a volver a tu vieja rutina de “no verte.” No lo hagas aún, por favor. Date una oportunidad. Solo unos momentos más. Realiza el esfuerzo consciente de mirarte a los ojos con claridad. Mira profundamente, en su interior, e intenta ver el tú auténtico, el ser humano, el alma que esta ahí. Siente el dolor, la tristeza, el amor, la compasión, la ternura… deja que tus sentimientos sean lo que necesiten ser. Quédate contigo durante unos momentos. Observa ahora a tu verdadero ser. Y date permiso para ser quien eres. Porque tú eres mucho más que esa nada borrosa que sueles mirar en el espejo.

En lugar de evitar tu imagen a partir de ahora, ¿por qué no eliges ver una pequeña parte de ti mismo cada día? Céntrate en un detalle por la mañana. Solo en uno. Y míralo de verdad. Ábrete a verlo y aceptarlo. Aunque no te resulte perfecto. Porque esa pequeña parte, ese detalle, también eres tú. Una vez lo veas, contémplalo en conjunto con el resto de ti. Observa cómo encaja con lo demás. Haz eso cada día hasta que puedas ver tu yo completo como es.

Apuesto lo que quieras que no eres en absoluto lo que solías ver antes. Date la oportunidad de descubrir quién eres y cómo eres de verdad. ¡Te sorprenderá!

Disfruta de la vida… de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – Humanóloga – www.jessicajlockhart


Jessica J. Lockhart es una experta en humanología, una disciplina que estudia a los seres humanos con el objetivo de ayudarles a ser más felices. Con ese fin, ha desarrollado sus propios métodos y estrategias de trabajo para abordar y resolver problemas humanos desde un concepto global de humanología. Jessica utiliza todas las herramientas que ha ido aprendiendo y desarrollando a  lo largo de su extensa carrera para ayudar a los seres humanos a seguir creciendo, avanzando y superando sus obstáculos diarios por medio de charlas, cursos y sesiones individuales. 

 Jessica no fue siempre tan optimista. Como resultado de dos accidentes de automóvil, padeció durante más de siete años dolores agudos constantes y todos los médicos le vaticinaron el uso de una silla de ruedas y cuidados constantes. Un día se dio cuenta que había dejado de ser quién era y decidió recuperar el optimismo que había perdido ante el dolor y la tristeza. Así comenzó a desarrollar su método de COACHING EN OPTIMISMO y escribió EL OPTIMISTA QUE HAY EN TI

¡Muchas gracias, Jessica! Aunque había mejorado mucho en mirarme al espejo, puedo sin duda aprender un par de cosas contigo. Y estoy segura de que mis lectores también podrán.  

Mirror, Mirror On The Wall…How To See Beauty When You Look Into The Mirror


¿Cómo ayuda realmente?

ose mMuchos de nosotros nos castigamos constantemente por lo que hicimos (o no) en el pasado. Volvemos a esos momentos y analizamos cada uno de sus segundos una y otra vez. Volver a visitarlos provoca en nosotros los mismos sentimientos que tuvimos la primera vez.

Tristemente, la verdad es que revivir aquellos episodios no los cambiará. El pasado no se puede alterar. Y a pesar de ello insistimos en volver a vivirlo y sufrir de nuevo.

Déjame entonces que te pregunte, ¿de qué te sirve realmente volver? Ya viviste la experiencia. Ya conoces sus lecciones. ¿Qué te puede ofrecer hoy que no te diera entonces?

Revivir el pasado es como volver a ver una película. ¿Hace falta verla diez, veinte, sesenta veces para aprender de ella? La historia no cambia por verla más, ni nosotros tampoco. La película nos ofrece sus enseñanzas la primera vez que la vemos. Ya conocemos su argumento, sus sorpresas y sus lecciones. Volver a verla no cambia nada de eso. La película sigue siendo la misma. Tampoco nos enseña nada nuevo.

Cuando visitas el pasado, revives los mismos sentimientos y tu cerebro, tu alma y tu corazón deben volver a enfrentarse a ellos y manejarlos una vez más. Lo gracioso es que los episodios y las circunstancias que provocaron los sentimientos originalmente ya no son reales. No están aquí, en el hoy. Se encuentran congelados en el pasado. Eso significa que estás utilizando tus recursos personales para manejar unos sentimientos que tú mismo estás creando sobre la base de unas vivencias que no existen realmente. ¿Te parece lógico?¿Te parece normal dedicar todos esos recursos, toda esa energía, a manejar los espejismos y los reflejos del pasado que tú mismo estás provocando?

¿No te parecería mejor dedicar toda esa energía y todo ese esfuerzo a conseguir lo que realmente quieres? Porque el presente, al revés de lo que ocurre con el pasado, sí se puede cambiar.

La próxima vez que te des cuenta de que estás luchando por controlar sentimientos provocados por un evento del pasado, recuerda este artículo y dedica todos tus recursos a ser más feliz en el ahora. Usa tu energía para mejorar el presente, para conseguir lo que deseas, para avanzar, para crecer, para aprender, para disfrutar.

Crea la auténtica película que quieres vivir en lugar de dedicar tu tiempo a revivir películas viejas que no se pueden cambiar.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart