¿Ira o miedo?

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Laura: ¡Estoy que muerdo ahora mismo! No tenías ningún derecho a hacer eso. ¿Quién te crees que eres para contárselo? ¡No es asunto tuyo!

David: Pero Laura, lo tenían que saber. ¡Se lo tenía que decir! 

Laura: No, no tenías que hacer nada. Estoy tan enfadada que no me aguanto ni yo. 

David: ¿Enfadada? ¿Realmente estás enfadada?

Laura: Oh, sí, estoy furiosa

David: Pero Laura, ¿de qué tienes miedo? ¿Qué crees que va a pasar?

Laura: No lo sé, David. Supongo que me da miedo no gustarles…

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¿Reconoces este patrón? ¿Has mantenido alguna vez una conversación como esta, en la que de pronto te das cuenta de que en realidad no estás enfadado sino que hay algo que te da miedo, algo en el futuro o que tal vez temes una reacción de alguien?

Nuestras reacciones a menudo se convierten en una explosión de ira cuando en realidad nos estamos sintiendo asustados. Pero el propio miedo evita que demostremos a los demás que eso es lo que estamos sintiendo. Tememos la reacción de los demás a nuestro miedo. Tememos que no nos entiendan. También podemos tener miedo a no gustarnos a nosotros mismos si reconocemos la auténtica razón detrás de nuestro sentimiento.

Cuando las personas reaccionan con ira es porque hay un miedo oculto en la oscuridad de su rabia. Cuando saltan es porque temen las palabras o acciones de los demás, y con frecuencia es porque en el fondo creen que llevan algo de verdad. Cuando gritan suelen estar escondiendo sus miedos detrás de la ira y el volumen. Cuando las personas pierden el control su motor de empuje es el miedo a algo.

La próxima vez que alguien se enfade contigo, intenta encontrar el miedo que oculta su ira. Tal vez te explique un montón de cosas. Y cuando tú te enfades la próxima vez, busca el miedo escondido en tu rabia. Te entenderás mejor a ti mismo y tendrás una valiosísima oportunidad de crecer.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com


Nunca más

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Cuando un niño ve el cielo nocturno por primera vez, su limitado conocimiento del mundo solo le permite ver una superficie negra con unos puntos blancos. Más adelante crece y aprende qué son las estrellas y su visión del cielo cambia. Y cuando aún más adelante alguien le habla de los planetas, de las constelaciones y de todas las otras maravillas de nuestros cielos, nunca más puede volver a ver en ellos una superficie negra con puntos blancos.

Cuando aprendes algo, tu visión del mundo cambia. Nunca más puedes verlo como lo veías ants. Ese es el motivo por el que incluso los hermanos tienen visiones diferentes del mundo. Nadie recibe exactamente las mismas lecciones ni experimenta las mismas cosas que ninguna otra persona en el planeta.

Así que la próxima vez no culpes a nadie, ni siquiera a ti mismo, por ver las cosas de una cierta manera. Simplemente, no aprendisteis a verlas de otra.

Si quieres ver cosas nuevas, aprende cosas nuevas. Si quieres que los demás vean cosas nuevas, enséñales cosas nuevas. Pero deja de castigarte o culparte y de castigar y culpar a los demás por lo que sois capaces de ver en este momento.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com


Negatividad o positividad, ¿con cuál te quedas?

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Se ha demostrado científicamente que el optimismo y el pensamiento positivo tienen como resultado vidas más largas, más sanas y más satisfactorias (ver también mis artículos sobre optimismo para obtener más detalles.) Ahora también existen pruebas científicas de que la negatividad produce enfermedades y daña las células de nuestro cuerpo.

Nuestros cerebros tienen la capacidad de convertir nuestros pensamientos en realidad. Un ejemplo muy sencillo es el siguiente: cuando yo tenía miedo a las arañas creía que me las iba a encontrar cada vez que entrara en una habitación donde las hubiera. Y así era. Mi cerebro se aseguraba de que lo hiciera llevándome de manera automática y subconsciente a mirar en cada rincón de las habitaciones en las que entraba. Como resultado, siempre las veía antes que ninguna otra persona (porque a ellas no se les ocurría mirar.) Un sencillo truco de mi mente que me hizo sufrir de mucho miedo indeseado. De esa forma, lo que pensaba se convertía en realidad.

Cuando pensamos en cosas positivas, ocurren con más frecuencia. Cuando pensamos en cosas negativas, ocurren con más frecuencia. Se trata del efecto placebo/nocebo. Cree en algo de verdad y ocurrirá a menudo, tanto cosas positivas como negativas.

Los pensamientos negativos provocan miedo, preocupación, tristeza… que se traducen en mayores niveles de estrés. Cuando el cuerpo se estresa, libera cortisol para prepararse a luchar contra aquello que lo esté amenazando. La mente no distingue entre las amenazas reales y las imaginadas, por lo que libera cortisol y otros productos químicos en ambos casos. Ese cortisol en la corriente sanguínea entre otras cosas eleva nuestra presión arterial y provoca problemas de salud a largo plazo como migrañas, problemas musculares y digestivos, etc.

Además, según muchos científicos, los pensamientos y las emociones negativas inhiben la transmisión de señales entre el sistema central nervioso y el cerebro. Esto puede tener como resultado problemas de salud añadidos.

También se ha demostrado que el miedo y la preocupación reducen la actividad del cerebelo y evita que procesemos completamente la nueva información que recibimos a la par que afecta a nuestra capacidad para resolver problemas de manera creativa. El miedo y la preocupación también pueden afectar al lóbulo temporal que controla los estados de ánimo, la memoria y muchas cosas más. 

Y por último, aunque no por ello menos importante, el cerebro crea y almacena caminos y conexiones neuronales. Cuantos más caminos y conexiones negativos utilices, más se fortalecerán. Cuantos más caminos y conexiones positivos utilices, más se fortalecerán.

Entonces, ¿cuál va a ser? Como en todo, de ti depende. Decide ser más feliz.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com