¡Detente y ámate!

¿Con cuánta frecuencia te criticas o castigas por no ser “perfecto” o “lo suficientemente bueno”? ¿Cada día? ¿Cada Semana? ¿De vez en cuando? ¿Cuán persistente es esa vocecita que oyes en tu cabeza y que te recuerda cuáles son tus errores, tus fallos, tus defectos o tus faltas? ¿Hasta qué punto te muestras dispuesto a escuchar a los demás, amigos y enemigos, cuando te juzgan o de alguna manera te desaprueban? ¿Cuántos son los días en los que te miras en el espejo e intentas evitar verte de verdad?

Y ahora, ¿con cuánta frecuencia te alabas? ¿Cuándo te permites de verdad disfrutar de quien eres y de lo que sientes? ¿Con cuánta frecuencia te miras y permites que tus pensamientos vaguen felices en torno a lo bueno que hay en ti o al ser maravilloso que eres? ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste satisfecho con tu imagen? ¿Y la última vez que sentiste que eras lo suficientemente bueno?

La nuestra es una cultura de mejora continua y búsqueda de la excelencia. Como resultado de ello, nunca nos sentimos satisfechos. Siempre queremos más, mejor o diferente. Además, la mayoría de las culturas del mundo consideran el orgullo, la satisfacción y la valoración propia características negativas en un ser humano. Aquellos que se gustan a sí mismos y lo reconocen públicamente son considerados presumidos, narcisistas y vanos y se les recomienda que “reflexione acerca de sus defectos para convertirse en mejores seres humanos”! Así se nos enseña a buscar constantemente lo malo para “mejorarnos a nosotros mismos.” Desde la más temprana infancia recibimos mensajes que nos animan a buscar de forma crítica nuestros “defectos” para corregirlos y llegar a ser “mejores personas.” Como consecuencia, siempre nos sentimos incompletos y buscamos una y otra vez maneras nuevas de superarnos.

No resulta entonces sorprendente que haya tantas personas que no se gustan a sí mismas. ¡Se nos enseña a hacerlo! Nos dicen que eso es lo que hacen las “buenas” personas. Y lo tenemos tan grabado en nuestro interior que ni siquiera nos damos cuenta con cuánta fuerza saboteamos nuestra propia felicidad y el amor por nosotros mismos. La lección que aprendemos de niños es: no te atrevas a quererte o te considerarán presumido y presuntuoso, y no un buen ser humano. Es la misma lección que hoy estamos enseñando a nuestros propios hijos…

Esa lección pasa a formar parte de nuestra identidad, de nuestros principios y de nuestros valores. Dejamos de querernos porque se nos enseña a buscar una mejora continua, a no conformarnos nunca con lo que ya somos, ya que eso que somos ahora NUNCA será perfecto ni debería darse por bueno. ¡Madre mía! ¡Qué mensaje más terrible y destructivo! No te puedes imaginar las docenas de clientes que vienen a mí solo por esta creencia que les limita. “No soy lo suficientemente bueno.” Y nunca lo serán, si siguen buscando constantes mejoras. El mero hecho de buscar mejoras automáticamente implica alguna imperfección, ¿o no?

No hay equilibrio. La búsqueda de una mejora continua no nos permite aceptarnos a nosotros mismos. ¿Cómo podemos aceptarnos, y menos aún querernos, si siempre estamos buscando maneras de mejorar, de perfeccionar los seres que somos porque no hay manera de ser suficiente?

Sin embargo, las creencias son algo personal. Creer algo es cuestión de elección. ¿Elegiste tú creer que no eras lo suficientemente bueno? Sí, en tu infancia probablemente elegiste creerlo porque fue lo que aprendiste en casa o en la escuela. Pero las elecciones no tienen fecha de caducidad. Puedes cuestionar cualquiera de tus creencias actuales y decidir si la quieres mantener o la quieres eliminar. Te animo a que hagas exactamente eso. Pregúntate qué crees y decide entonces si quieres seguir creyéndolo o si preferirías cambiar esa creencia por otra mejor. ¿Deseas seguir creyendo que necesitas correr esta maratón de mejoras constantes? ¿Eliges creer que no hay nada perfecto en ti? ¿O prefieres abrazar una nueva creencia que te permita aceptar aquello que te pueda gustar de ti y disfrutarlo?

“Hacer eso,” argumentarán algunos, “solo tendrá como resultado vagancia y falta de desarrollo.” Y yo les respondo, ¿es eso realmente así? ¿Qué ocurriría si creyeras que eres lo suficientemente bueno y disfrutaras del ser que eres, aún cuando siguieras buscando crecer? Verás, la diferencia está en aceptar de partida que eres bueno. Punto. Bueno. Tal y como eres. Disfruta de ser como eres. Ama a la persona que eres ahora. Y entonces, una vez allí, decide si quieres explorar nuevos horizontes, nuevos desarrollos, nuevas avenidas. No porque no seas lo suficientemente bueno sino porque lo ERES; eres lo suficientemente bueno para crecer, aprender y seguir queriéndote a ti mismo tal y como eres ahora y como serás también después.

Detente ahora y ama al ser que eres. Acepta a la persona en que te has convertido. Sin peros. Eres el mejor yo en el que te podías convertir en el tiempo que has vivido hasta ahora. ¡Te ha costado muchos esfuerzos y dedicación llegar a ser quién eres! Concédete el crédito que te mereces por lo que has conseguido hacer hasta ahora. Busca los logros y celébralos. Busca lo bueno que hay en ti, tanto físico como emocional e intelectual. Quiérete por esos rasgos positivos que hay en ti. Valóralos. Adóralos. También forman parte del ser que tú eres.

Y sé feliz.

Solo entonces, una vez seas feliz y aceptes el ser que realmente eres, podrás decidir si te quieres aventurar en las tierras ignotas del desarrollo personal con la seguridad de saber que ya eres lo suficientemente bueno. 

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com


5 razones prácticas para descubrir tu Esencia Personal

Los seres humanos son únicos ya desde el momento de su nacimiento. Los gemelos idénticos, por ejemplo, son personas totalmente distintas desde sus primeras horas de vida, cuando aún no han tenido la oportunidad de aprender ni experimentar nada y desarrollar así sus personalidades. Esa diferencia, esa singularidad, afecta a su manera de ver el mundo y reaccionar ante él. El motivo detrás de este fenómeno es la Esencia Personal; aquello que somos desde nuestro nacimiento, permanece inmutable durante toda nuestra vida y nos confiere nuestro propio punto de vista personal.

Descubrir nuestra Esencia Personal es como abrir una ventana hacia nuestra naturaleza más profunda. Conociendo qué somos, alcanzamos una nueva comprensión que nos puede ayudar a:

  1. Explicar reacciones y sentimientos inesperados: todos hemos conocido alguna vez a alguien por primera vez y nos hemos sentido sorprendidos por las sensaciones inesperadas e inmediatas que hemos sentido, incluso en casos en los que no hemos intercambiado una sola palabra con esa persona. Las emociones así experimentadas de pronto pueden ser muy variadas e ir desde el asco y el rechazo a la atracción e incluso el afecto. Aunque sea la primera vez que conocemos a esa persona, la sensación está claramente ahí. Hasta hoy, no se podía ofrecer ninguna explicación a este fenómeno, pero ahora sabemos que se debe a nuestra Esencia Personal y cómo reacciona ante la de la otra persona. Imagina que tu Esencia Personal sea libertad y la de la otra persona control; ambos lo sentiríais por el mero hecho de que eso es lo que sois en vuestro interior.
  2. Comprender e interpretar eventos del pasado. Algunos de nosotros luchamos durante años por llegar a encontrar significado a eventos de nuestro pasado. Una vez descubrimos cuál es nuestra Esencia Personal, es más que probable que esos eventos queden explicados. Tal vez la persona con la que estábamos interactuando cuando ocurrió el evento había anulado completamente nuestra Esencia Personal o quizá la situación en que estábamos inmersos no encajaba con las características de nuestra Esencia Personal. Descubrir qué somos nos explica muchos de los episodios incomprensibles de nuestras vidas.
  3. Tomar las decisiones correctas. Una vez conoces cuál es tu auténtica naturaleza, tomar decisiones se convierte en una tarea mucho más sencilla. Al comprender qué significa tu Esencia Personal, tomarás entonces las decisiones que mejor encajen o no con tu naturaleza interna, por lo que te resultará más fácil y evitarás fracasos y decepciones. Un ejemplo sería el de una persona cuya Esencia Personal sea luz; esa persona siempre debería optar por las opciones que le den más luz y evitar las más oscuras.
  4. Recarga tus niveles de energía. Volver a tu Esencia Personal es como volver a conectarte a una fuente inagotable de energía. Al retornar a ella de manera consciente, todo tu sistema se siente recargado y listo.
  5. Adapta tu vida al ser que realmente eres. Una vez comprendes las características de tu Esencia Personal, de inmediato cambias aquello que no encaja con ella en tu vida porque deja de tener sentido. Eliminas lo que va en contra de tu naturaleza más profunda y buscas lo que la apoya, creando así una vida que encaja mucho mejor con quién realmente eres. La vida se convierte de esta manera en una tarea mucho más sencilla.

Estas no son más que 5 de las muchas razones por las que todas las personas deberían descubrir su Esencia Personal. Os animo a todos a buscar la vuestra con un profesional especializado en esta búsqueda, puesto que encontrarla solo aporta ventajas y poder. Conócete a ti mismo… desde el auténtico comienzo 😊

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

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5 trucos para eliminar cargas del pasado

Ya ha llegado el nuevo año y con él 365 nuevos días de esperanzas, 365 nuevos comienzos, nuevas oportunidades y nuevas intenciones. Ninguno de los cuales te harán feliz, sin embargo, si sigues viviendo en el pasado y lamentando aquello que fue. ¿Dónde estás? ¿Estás allí, aquí o en algún momento del futuro? Si estás en el pasado, es más que probable que se deba a que no eres capaz de librarte de algunas cargas viejas que podrían adoptar la forma de culpabilidad, dolor, resentimiento o incluso traición. Permíteme que te ofrezca 5 trucos que tal vez te ayuden a replantearte las cosas y liberarte de una vez.

Por favor, considera las siguientes ideas antes de seguir sintiéndote mal por algo de tu pasado:

  1. El pasado no se puede cambiar. Tal vez parezca obvio pero deja que te lo pregunte, ¿realmente lo es? ¿De verdad aceptas que el pasado no se puede cambiar, lo intentes como lo intentes? Si lo haces, ¿por qué insistes en volver a él y repasar cada detalle minúsculo en un afán por encontrar una nueva manera de entenderlo o interpretarlo? Aunque lo consiguieras, ¿de qué te iba a servir? ¡No se puede cambiar!
  2. Lo hiciste lo mejor que pudiste y supiste. Cuando miramos atrás, la mayoría de nosotros somos capaces de encontrar la solución perfecta o una manera mejor de hacer las cosas. A menudo nos castigamos por no haber dado con la respuesta correcta en el momento en que ocurrió. Pero juzgarnos aplicando lo que sabemos hoy a algo que se produjo en el pasado no solo es injusto sino también inútil. ¡Hoy sabemos muchísimo más que entonces! Miramos atrás y creemos que deberíamos haber sabido resolverlo pero eso se debe a que hoy disponemos de mucha más información. Echa la vista atrás y revisa la situación realmente desde el conocimiento que tenías entonces. Estoy segura de que te esforzaste al máximo. También estoy segura de que hubo circunstancias que te llevaron a creer que lo que estabas haciendo era lo mejor. No conozco a nadie que elija la opción equivocada de manera voluntaria, a no ser que tengan un motivo ulterior, en cuyo caso la elección no sería entonces incorrecta. Así que hazte un favor y deja de juzgar tu pasado y tus decisiones basándote en tu conocimiento actual. ¡Tampoco así conseguirás cambiarlo!
  3. Las personas actuamos por dos motivos: para evitar un dolor o para obtener un placer. Todos nosotros lo hacemos. Plantéate cualquier situación con esta idea en la cabeza y ya verás cómo siempre se cumple. Pregúntate, entonces, qué dolor estabas intentando evitar o qué placer querías conseguir. Plantéate cuáles eran los motivos de tus acciones. Comprende a tu yo más joven desde esta perspectiva y analiza también los actos de cualquier otra persona que hubiese estado implicada en la historia, si es que la hubo. ¿Qué estaban intentando evitar u obtener?
  4. Los demás también lo hacen lo mejor que pueden y saben. No eres la única persona que está intentando hacerlo lo mejor que sabe. Todo el mundo lo hace. Cuando los demás actuaron en el pasado, lo hicieron para evitar algún tipo de dolor u obtener algún tipo de placer, lo mejor que supieron. Y como tú no eres ellos, no puedes saber realmente qué es lo que les llevó hasta allí o por qué decidieron actuar como lo hicieron. Aceptar que lo hicieron lo mejor que pudieron, sin embargo, tal vez te ayude a comprender que no estaban buscando hacerte daño. Aunque te lo hicieran. Decidieron utilizando al máximo las capacidades de que disponían en aquel momento. Por ejemplo, imaginemos que siempre he culpado a una vieja profesora que me hizo sufrir riéndose de mí ante mis compañeros en el colegio. Tal vez hoy comprendiera que me estaba intentando ayudar a cambiar de comportamiento o a aprender alguna lección. No sabía hacerlo de ninguna otra manera. Que sus actos provocaran que me sintiera aislada en la escuela es otra historia que tiene más que ver con mis propias interpretaciones. Pero los actos originales de la maestra ridiculizándome solo se pueden comprender de verdad si se analizan a través de las lentes del pasado y no desde la perspectiva del hoy. En el mundo de la educación se han conseguido grandes avances y ningún profesor actual reaccionaría como lo hizo aquella maestra entonces. Pero, en aquel momento, ella lo hizo lo mejor que supo.
  5. ¿Qué has aprendido y cómo lo puedes utilizar hoy? Cuando alguien decide finalmente que el pasado no se puede cambiar y elige aprender de él y seguir avanzando, aceptando las lecciones que le haya podido brindar esa situación, la carga desaparece de sus hombros y se libera. Ese es el auténtico truco para avanzar. Buscar la lección que entraña la situación. Dejar de preguntarse cuáles son los cómos, los porqués y los para qués y centrarse en encontrar las lecciones ocultas. ¿Cómo te pueden ayudar esas lecciones en el presente? ¿Qué nueva herramienta o perspectiva te aportó esa situación entonces que todavía puedes utilizar hoy? Una vez la encuentres, agradece a tu pasado que te haya enseñado esa lección en particular. La gratitud es la llave mágica que abre la puerta a un presente libre de cargas.
  6. Perdónate. Este sexto truco es un regalo que te hago. No lo incluyo entre los 5 originales porque tal vez no lo puedas usar, pero aquí va. Perdónate por lo que hiciste ya que lo hiciste lo mejor que supiste y pudiste. Y perdónate también por no haberte liberado aún de la carga y por haberte permitido tanto sufrimiento durante estos años. Al fin y al cabo, ¿quién sufre, si no tú?

Cuestiona tus recuerdos aplicando los cinco (o seis) trucos y comprueba cómo te sientes después. Y si todavía quieres avanzar más, consulta mi libro ¿Qué película te cuentas?  dónde encontrarás muchos más trucos e ideas 😊

Mientras tanto, disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com