¿Estás deprimido o estás perdido?

“Depresión,” “deprimido” y “deprimida” son hoy en día palabras de lo más comunes en nuestras conversaciones cotidianas. Muchos hemos aprendido a hacer uso de ellas en lugar de elegir otros sinónimos más precisos como: tristeza, melancolía, decepción, infelicidad, desánimo, desesperanza, etc. La Real Academia de la Lengua contempla el término en su acepción médica: síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, a veces con trastornos neurovegetativos. Sin embargo, aunque la definición médica es muy precisa, seguimos usando esta palabra de manera errónea y aplicándola a situaciones que no tienen nada que ver con un auténtico problema mental. ¡No me sorprende que haya tanta gente que se sienta deprimida! De sentirse deprimidos a sentirse enfermos e incapaces de salir adelante hay un paso muy pequeño. Convéncete de algo y será lo que ocurra.

Muchas depresiones auto-diagnosticadas terminan convirtiéndose en auténticas depresiones clínicas cuando en realidad solo se trata de bloqueos en la vida, de situaciones sin resolver que nos hacen sentir desesperanzados, perdidos, tristes y cansados. Las depresiones médicas deben cumplir con unos criterios muy precisos para realmente constituir un trastorno mental. Algunas personas acaban cumpliendo con esos criterios porque son incapaces de encontrar solución a algunos de los dilemas o situaciones en sus vidas. Entonces pierden la esperanza, se sienten atrapados, consumen sus energías en esos bucles de desesperación y preocupación sin fin hasta que todo ello se convierte en el patrón de sus días. No se trata de una pérdida patológica de funciones o fortalezas, sino del resultado inevitable cuando el tiempo sigue pasando y no se encuentra una solución.

Muchas de esas personas no necesitan un médico. No están realmente enfermas. Necesitan ayuda para encontrar nuevas interpretaciones, nuevas perspectivas, nuevas comprensiones que les lleven a encontrar inesperadas soluciones a sus problemas. Necesitan que alguien les ayude a descubrir nuevos enfoques y caminos. Sí, ya sé que eso a veces es más fácil decirlo que hacerlo porque con frecuencia las creencias que la persona ha ido adquiriendo en su vida le impiden ver soluciones que a todos los demás nos resultan obvias, pero no por ello podemos decir que estén enfermas. Lo que están es perdidas o ciegas. Sufren un bloqueo en sus vidas o les falta visión, pero no es una auténtica depresión. En el pasado, muchas de esas situaciones se resolvían con ayuda de los ancianos, que contaban con más experiencia, y de los amigos. Hoy, en esta sociedad nuestra, cada día más aislada y en la que las personas comparten y comunican cada vez menos, se buscan en su lugar profesionales que asesoren y ayuden. Eso tampoco significa que esas personas estén enfermas. Al etiquetarlas (o etiquetarse) como “trastornadas”, la propia etiqueta se convierte en una carga más que deben sobrellevar. Se convencen que su problema es patológico y así pierden aún más las esperanzas. Poco a poco, esa falta de salidas y soluciones, el peso de sus etiquetas y la falta de esperanza acaban convenciéndolas que padecen un problema psicológico. Y así, gradualmente, enferman de verdad.

¿Cómo podemos evitar que esto ocurra? Permíteme que te ofrezca algunas ideas:

  1. ¡Comencemos todos a llamar a las cosas por su nombre! Concedámonos la libertad de expresar lo que realmente sentimos en lugar de etiquetar nuestros sentimientos con ese término general, mal elegido y casi siempre equivocado que es la “depresión.” Aprendamos a utilizar otras palabras y expresiones y realicemos el esfuerzo de mostrarnos precisos y claros.
  2. Comencemos a ayudar también a quienes nos rodean a que se expresen con mayor precisión. Cada vez que un amigo o un ser querido te diga que está deprimido, pídele que aclare sus sentimientos, que te diga exactamente qué está sintiendo para que también así pueda comprenderse mejor a sí mismo. Esa pregunta suele convertirse en una oportunidad para descubrir la causa de esos sentimientos o sensaciones y ofrecerles esa nueva perspectiva que necesitaban para llegar a una solución.
  3. Pide ayuda. Si te encuentras (o sabes de alguien que se encuentra) ante un problema o una circunstancia que no puedes resolver, no esperes a recibir una inspiración mágica que te brinde una solución inesperada. Pide ayuda. Solicita a tus amigos, a tus seres queridos o incluso a un humanólogo profesional que te ayuden a encontrar nuevas avenidas y perspectivas. Si tu vida te planta un dilema, pide ayuda antes de que te desborde. La ayuda está ahí, esperando que la solicites.
  4. Evita las etiquetas. Intentar encajar en una definición te puede llevar a no comprender realmente el problema. Con frecuencia sentimos que debemos poner nombre a algo para darnos permiso para comprenderlo o aceptarlo. Pero las situaciones y las circunstancias de la vida no necesitan etiquetas. Simplemente son lo que son. Simplemente ocurren. Y pueden manejarse sin necesidad de ningún tipo de etiqueta o nombre que las defina.
  5. Quiérete. Sí, ya sé que tal vez esto te suene un poco fuera de lugar en este artículo pero, créeme, quererte es la manera más poderosa que existe de evitar la depresión o las pseudo-depresiones. Querer a alguien significa cuidar a esa persona, querer lo mejor para ella. Si te quieres a ti mismo, querrás lo mejor para ti y harás lo necesario para cuidarte. Así, evitarás que las situaciones se te escapen de las manos y buscarás los medios, métodos y estrategias que necesitas para mantenerte bien, sano y feliz. Busca dentro de ti ese amor que todos los seres humanos merecemos y asegúrate de encontrarlo. Si no lo consigues, pide ayuda. Hay quienes te pueden guiar para encontrar la forma de hacerte sentirte merecedor de ese amor y aceptarlo.

Estar perdido o atascado NO es lo mismo que estar en depresión. Unamos nuestras fuerzas para ayudarnos a nosotros mismos y a otros a evitar las enfermedades mentales. Aunque los problemas de la vida, las circunstancias difíciles, las situaciones sin salida, la falta de recursos físicos, mentales o emocionales o los miedos NO son sinónimos de depresión, sí pueden llevar a ella si no se resuelven. No caigas en esa trampa. Aprende a vivir y ser feliz.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de 4 libros y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí:


El perdón absoluto a través de la humanología

El perdón absoluto implica mucho más que un mero perdón. Cuando las personas dicen que son capaces de perdonar pero no de olvidar, con frecuencia son presas de constantes retornos a la causa de su malestar.  El perdón absoluto significa dejar marchar al dolor, a la rabia, a la tristeza… a todos los sentimientos que te invaden cada vez que recuerdas las circunstancias que no te permiten perdonar y olvidar.

De vez en cuando, algo que creíamos haber perdonando vuelve para perseguirnos. El recuerdo retorna y produce en nosotros una serie de sentimientos reminiscentes de los que experimentamos cuando se produjo el evento original. Se reproduce el dolor y la ansiedad nos envuelve. Cuantas más veces recordemos el evento, más fuertes y sólidos serán los sentimientos. Esto ocurre cuando el perdón no es absoluto.

Perdonar no implica únicamente excusar a los demás, lo que ya de por sí resulta difícil, sino lo más difícil todavía: perdonarnos a nosotros mismos. En ocasiones algunos acontecimientos provocados por otras personas a quienes perdonamos hace tiempo vuelven para perseguirnos. El motivo de que esto ocurre puede ser porque hayamos perdonado a los causantes pero no nos hayamos perdonado a nosotros mismos por nuestro papel o por nuestra inacción en aquel evento. El perdón, por lo tanto, debería llegar a todos, nosotros incluidos.

En términos de humanología, existen tres tipos de perdón, dependiendo de cómo abordemos el proceso:

  • Perdón mental, el primer y más común tipo de perdón, que implica excusar una acción porque su causa parece lógica. La “víctima” acepta los motivos que provocaron la acción y decide intelectualmente perdonar al causante. Se trata del perdón más sencillo y se suele expresar en palabras. Es válido para sentimientos no muy profundos.
  • Perdón sentimental, este segundo tipo de perdón  implica comprender los motivos que llevaron al agresor a hacer lo que hizo, pero también implica elegir concederle nuestro perdón porque así sentimos que debemos hacerlo. Decidimos perdonar de corazón. El acto como tal podría incluir algún tipo de acción física, como un abrazo, un beso, una carta o cualquier otro tipo de gesto. Este tipo de perdón es necesario cuando los sentimientos son más fuertes.
  • Perdón absoluto, tercer tipo de perdón y el más complejo. Requiere haber completado los otros dos pero también una nueva comprensión de las circunstancias o el evento que nos permita aceptar lo que ocurrió al entender que fue algo bueno para nosotros. Podría ser bueno por la lección que nos enseñó o por muchas otras causas. El perdón absoluto no es una mera cuestión de decisión o elección, sino que se alcanza a través de un proceso que debe aprenderse y ponerse en práctica de manera correcta.

El objetivo de cualquier tipo de perdón debería ser convertir los recuerdos dolorosos en mera reminiscencia libre de sentimientos. Los recuerdos que te persiguen solo desaparecerán cuando el perdón sea absoluto. Mientras tanto, los sentimientos seguirán ahí.

¿Tienes recuerdos que te persiguen, algún tipo de evento que te asalta de vez en cuando, con o sin motivo aparente? ¿Estás dispuesto a dejarlos marchar? ¿Te gustaría eliminarlos y disfrutar de una vida libre de cargas? Si ha llegado el momento y estás preparado para perdonar completamente y soltar tu carga, contrata una sesión de Perdón Absoluto conmigo. Déjame que te enseñe a manejar esos sentimientos de una vez por todas.

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Comienza por fin a disfrutar de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de 4 libros y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí:


¡Sin salida! 5 preguntas para desbloquearte


Todos nos sentimos en alguna ocasión bloqueados y sin saber qué dirección seguir. La sensación de no poder elegir suele durar poco, el tiempo necesario para tomar una decisión analizando las ventajas y desventajas de las opciones o tal vez dejándonos llevar por la intuición. Pero, ¿qué ocurre en aquellas ocasiones en las que la indecisión crece y crece y de pronto aparece la ansiedad para complicar aún más las cosas? ¿Te has sentido alguna vez tan incapaz de decidir que el mero hecho de intentarlo se convierte en una agonía? Veamos si puedo darte algo de luz al respecto. En esas circunstancias, plantéate las siguientes preguntas

  1. ¿A qué tengo miedo? Por lo general, cuando una persona está así de atascada se debe a que detrás de las opciones se oculta algún tipo de temor. La pregunta que desvelará a qué se tiene miedo es… ¿Y SI…? “¿Y si tomo este camino y pasa esto? ¿Y si tomo este otro camino y ocurre esto otro?” Identifica qué te estás preguntando que empieza por “y si…” para descubrir qué te da miedo. En una situación de bloqueo, todas las opciones pueden implicar algún tipo de temor. Descubre cuáles temes tú para comprender cuáles de esos miedos te resultará más fácil manejar.
  2. ¿Qué gano? ¿Qué ganas permaneciendo en esta situación de bloqueo? ¿Lástima? ¿Atención? Cuando un ser humano permanece en una situación, la que sea, siempre es porque está obteniendo algo a cambio. Aunque la ganancia incluso suene perversa a los demás, sin duda habrá algo que se esté ganando. Permíteme que te ofrezca un ejemplo: Algunas personas se quedan atascadas porque desbloquearse podría implicar un enorme dolor para otras personas. Por eso permanecen atascadas a pesar del dolor que les está provocando a ellas mismas. La segunda pregunta que debes entonces plantearte es, qué es lo que ganas permaneciendo en la posición en la que estás. Identifica la ganancia y tal vez descubras nuevas opciones que antes no podías ver.
  3. ¿Qué creo? Detrás de la ganancia y del miedo siempre hay una creencia que los apoya. Pregúntate qué crees tú para descubrir qué está nutriendo esos miedos y ganancias a fin de comprender cómo manejar esa creencia. Las creencias se pueden identificar preguntándonos qué pensamos sobre la situación o sobre el miedo que nos hace sentir. Una vez identificas la creencia, plantéate si creer en ello te limita o te hace crecer y te impulsa. Eso también te dará unas cuantas respuestas. Recuerda que todas tus creencias las has elegido tú. Y que tú también tienes el poder de cambiarlas.
  4. ¿Qué me impide liberarme? Liberarte requiere que te liberes de tus creencias limitadoras y tus miedos. Por consiguiente, plantéate qué es lo que realmente está evitando que cambies tus creencias o superes tu miedo. ¿Cuál es el auténtico obstáculo? Identifícalo y establece los pasos necesarios para superarlo. En ocasiones, algunos clientes descubren que es su propio cerebro, su propio proceso mental el que les bloquea. Son sus pensamientos. En esos casos recomiendo que los clientes se planteen y acepten la idea de que ellos son mucho más que solo su cerebro y que está en su mano controlar sus pensamientos. Si es tu caso, recuerda, tú eres mucho más que tus pensamientos. Utiliza todo tu ser para dominarlos y que no te dominen a ti.
  5. ¿Quiero ser libre? Ahora que ya conoces tus miedos, lo que estás obteniendo estando ahí, tus creencias y tus obstáculos, pregúntate si todavía quieres permanecer en esta situación de bloqueo o si prefieres actuar y liberarte. Recuerda que incluso eso es decisión solo tuya. Nadie puede elegir por ti. Nadie puede definir tus miedos, tus ganancias, tus creencias ni tus obstáculos, solo tú. Y solo tú los puedes vencer.

Espero que estas cinco preguntas te ayuden a decidir qué quieres de verdad de la vida.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de 4 libros y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí: