El ego también importa

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Llevo años oyendo a algunas personas culpar al “EGO” de todo y despreciarlo, aconsejando a los demás que dejen de escuchar a sus egos y que de alguna forma les hagan oídos sordos.

Sin embargo, nuestros egos desempeñan un papel fundamental en nuestras vidas. Su trabajo consiste en confirmar nuestras creencias. Y lo hacen con auténtica devoción.

Todos necesitamos tener creencias. Nuestras creencias constituyen nuestros cimientos y cada vez que se tambalean, nos tambaleamos con ellas. Sin creencias perderíamos pie. Tendríamos auténticas dificultades para tomar incluso las decisiones más pequeñas. Es por ello que necesitamos que nuestro ego confirme nuestras creencias una y otra vez. Ese es el motivo de la persistente voz del ego. Esa es su función.

El ego defenderá todas las creencias y no solo las que nos parezcan correctas. El ego no cuestiona las creencias, solo las refuerza.

Así que la próxima vez que alguien te aconseje que no tengas en cuenta a tu ego, recuerda que también precisas de él para mantenerte de pie. Cuestiona si quieres tus creencias, pero no culpes al ego de todo lo que te ocurra. El ego solo está desempeñando su importante papel. Aprecia el trabajo que hace por ti y crece con él.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart, humanología

www.jessicajlockhart.com


5 pasos para manejar el dolor

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¿Cómo manejo yo el dolor?

Estos son los cinco pasos que sigo para manejar el dolor. Te invito a probarlos:

1. Siéntelo

Para mí, este es el primer paso y tal vez el más importante de todo el proceso. Me doy permiso para sentir el dolor, sentirlo de verdad. Dejo que recorra mi cuerpo y se exprese durante todo el tiempo que necesite hasta que ya no sea lo que es. A menudo explico este paso comparándolo con la risa. Cuando alguien se ríe, la risa le domina. Apenas se puede contener e intentar dominarla solo provoca que se haga más fuerte. Creo que ocurre lo mismo con todas las emociones. Si intentamos ignorar o controlar el dolor, volverá a atacarnos con más ansias. Este es el motivo por el que siempre me doy a mí misma el tiempo (y el espacio) que necesito para sentir el dolor hasta que se agota.

2. Defínelo

Bien, el dolor ya se ha agotado pero amenaza con volver. Lo que queda es el pensamiento, esa vocecita persistente que nos repite una y otra vez lo que ha ocurrido para provocarnos ese dolor. Este proceso mental es la auténtica amenaza. Si permito que me arrastre, es posible que el dolor vuelva renacido de sus cenizas. Cada vez que esa vocecita me repite la historia, corro el riesgo de verme arrastrado a ella mentalmente y revivirla una vez más, provocando el dolor que estoy intentando manejar. Es por ello que debo enfrentarme de manera correcta a esa voz interior que tanto me repite lo que ha ocurrido.

Lo primero que debo hacer es identificar y definir qué estoy sintiendo realmente. Ponerle nombre. ¿Me estoy sintiendo triste, decepcionada, desesperada, ignorada, asustada, avergonzada, preocupada, culpable, ignorante…? Intento ser muy exacta porque saber qué estoy sintiendo de verdad me ayudará a encontrar qué lo está provocando.

3. Cuestiona la creencia base

Sí, es cierto que los sentimientos se producen cuando lo que espero y lo que recibo no son lo mismo, eso ya lo sé. No están producidos por lo que hagan los demás sino como resultado de mis propias creencias. Cada vez que ocurre algo, yo lo interpreto según mis experiencias en la vida, mis creencias y mi visión particular del mundo. Me digo a mí misma… “de acuerdo, así que esto es lo que estoy sintiendo realmente (añadir aquí el término que haya identificado en el paso 2). ¿Cómo he llegado a la conclusión de que esto es lo que realmente significa toda esta situación? ¿Qué es lo que creo para interpretar esta situación de una manera tan dolorosa?”

Una vez identifico la creencia que me ha llevado a esa interpretación, me pregunto a mí misma… “Y esto que creo, ¿me está dando poder o me lo está quitando? ¿Me está haciendo sentir bien o mal? ¿De verdad quiero seguir creyéndolo?” Si decido, por el motivo que sea, mantener esta creencia, lo haré sabiendo que las interpretaciones a las que me lleve podrían causarme dolores similares en el futuro. Si no la quiero mantener, busco otra creencia que me encaje mejor y que pueda sustituir a la que ya no quiero seguir teniendo.

4. Acepta la lección

He aprendido mucho con este pequeño ejercicio. ¡Ahora me comprendo mucho mejor a mí misma! Sé qué es lo que realmente me estaba causando ese dolor y qué creencias tenía (o tengo) y por qué. Estoy dispuesta a aceptar esta lección y seguir adelante con mi vida.

5. Déjalo marchar

Ya no queda dolor en mi interior. Se agotó, lo comprendí y lo acepté. Ahora lo dejo marchar del todo porque ya ha cumplido su función educativa. Me ha ayudado a crecer y a aprender. Le estoy agradecida por haberme ayudado.

Cuando completo el paso 5, el dolor ha dejado de existir.

Estos son mis 5 pasos para manejar el dolor. Espero que a ti también te sirvan.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com


¿Cómo te presentas?

#tbt

Cuando alguien me pregunta quién soy, puedo responder de muchas formas diferentes…

  • Soy Jessica.
  • Soy humanóloga.
  • Soy escritora.
  • Soy un ser humano.
  • Soy madre, soy esposa, soy mujer…

Responda lo que elija responder, siempre estaré ofreciendo una verdad incompleta porque soy eso y mucho más. Dependiendo de quién me esté planteando la pregunta y de cuáles sean mis circunstancias, tal vez elija respuestas diferentes. Por ejemplo, si la persona que pregunta es un posible cliente, no le diré “soy una madre” pero sí lo haré si quién me está preguntando es el jefe de estudios en la escuela.

Quién o qué soy no se limita a una única palabra ni a un conjunto de ellas. Soy muchas cosas. Incluso aunque elija ofrecer una o varias como respuesta, seguiré si reflejar mi yo auténtico y mis palabras no implicarán que no soy también las que he callado. Yo sigo siendo quién soy. Solamente decido no compartir todo lo que soy en ese momento. Yo no soy mis circunstancias. Mis circunstancias no me definen. Responda lo que responda a la pregunta de quién soy yo, seguiré siendo todas las respuestas dichas y las no dichas.

A veces nos sentimos limitados y definidos por nuestras circunstancias: “soy un sin-techo,” “soy pobre,” “soy depresivo.” Simplemente con pronunciar esas palabras, de alguna manera nos convertimos en ellas. Cuando una persona dice “soy un desempleado,” elige esa definición de sí mismo cuando, en realidad, solo está mencionando sus circunstancias en ese momento. Es persona es mucho, mucho más que un “desempleado.”

Yo soy yo, no mis circunstancias. Cuando me presento al mundo, siempre intento reflejar quién soy y no mi situación. Si quiero hablar de mi realidad, siempre puedo decir cosas como… “en este momento me sobra algo de peso,” “estoy padeciendo algunos problemas de salud,” ahora no tengo una dirección fija.” (En lugar de “soy obesa,” “soy una enferma,” “soy una vagabunda.”)

Cuando los demás oyen nuestras respuestas, forman una imagen de nosotros en su mente. La información que reciben es la que nosotros les damos. Si tu definición de ti mismo resume tus circunstancias actuales, eso es lo que verán. No solo ahora. Cuando te vuelvan a encontrar en el futuro, también será eso lo que vean. Porque eso es lo que tú les has dicho que eres. No les has dado otra opción. No les has dado más información, tan solo un pedacito muy pequeño de tu verdad. No te sorprendas, entonces, cuando eso sea lo único que vean.

Yo soy…. refleja quiénes somos, no cómo nos sentimos ni cómo nos vemos a nosotros mismos. Así que ten cuidado la próxima vez que te presentes. Recuerda que de quien estás hablando es de TI 🙂

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com