Espejito, espejito…

Screen Shot 2016-08-17 at 06.18.30

Cómo ver belleza al mirar en el espejo

ESPEJITO, ESPEJITO MÁGICO… CÓMO VER BELLEZA AL MIRAR EN EL ESPEJO

16 de AGOSTO, 2016

Odiaba mirarme en el espejo.

Tal vez fuera porque no me gustaba ver mi nariz irregular o mis mejillas indefinidas.

Tal vez fuera por cómo caía mi cabello liso a lo largo de mi rostro. O su color aburrido.

Tal vez fuera por el peso de más que llevaba y del que trataba tan desesperadamente de librarme; un recuerdo gráfico de mi falta de autocontrol.

Aquellos son días del pasado. Desde entonces, he aprendido a abrazar aquello que veo en el espejo cada día. Pero fue un camino largo y duro…

Hoy he invitado a la coach en optimismo y vida, conferenciante internacional y autora de El optimista que hay en ti,  Jessica J. Lockhart, a que nos hable de la complicada relación que la mayoría de nosotros mantenemos con el espejo.


Te miras en el espejo. Tu imagen te devuelve la mirada. Pero, ¿realmente te ves? ¿Ves tu alma, tu ser, tu humanidad? ¿Ves la persona que se oculta tras el espejo? La mayoría de nosotros no.

Cuando las personas se miran en el espejo, lo que la mayoría ve es:

  • Una tarea por realizar: ¿te has afeitado o maquillado alguna vez sin verte realmente? ¿Te has cepillado el cabello o los dientes sin percibir nada de tu persona? La mayoría de las personas miran en el espejo y solo ven aquellas partes del cuerpo que necesitan su atención en esos instantes. E incluso entonces, esas partes del cuerpo son narices abstractas, cabello indefinido, dientes necesarios… No son los suyos, no les pertenecen. Son tan ajenos a ellos como la cebolla que cortarán más tarde o el libro que sujetarán entre las manos. Tal vez dediquen veinte minutos a arreglarse el cabello sin verlo realmente y sin percibir ninguna otra parte de su cuerpo en el proceso. El resto de su persona es una nada borrosa.
  • Ese rasgo negativo suyo: muchas personas se miran en el espejo y solo ven aquello que buscan y esperan encontrar: una nariz grande, un cuerpo gordo/delgado, dientes torcidos, cejas despeinadas… lo que sea. No se están mirando realmente. Están buscando los defectos que saben que tienen, y eso es lo único que van a ver. Se acercan al espejo sabiendo de antemano que la imagen que van a encontrar es la que les molesta. No contemplan esas partes de su cuerpo dentro del contexto de su propio cuerpo sino como piezas individuales y problemáticas. Sus ojos y su cerebro solo perciben esas en particular. Una vez más, el resto de su ser permanece como una nada borrosa que les devuelve la mirada.
  • Un extraño sin ninguna relación: cuando te miras en el espejo, ¿tienes la sensación de que realmente conoces a esa persona que te está mirando? ¿O es más como una sombra a colores de ti mismo, una cáscara vacía, una especie de reproducción tuya sin sentimientos, sin alma, sin pensamientos? Muchas personas miran su imagen reflejada y no hay conexión entre ambas. Sienten que están mirando a un personaje, como los de la televisión, que no está unido a ellas en nada. Es como mirar el retrato de otra persona vagamente conocida.
  • Una máscara: algunas personas están tan convencidas de ser de una cierta manera que su cerebro realmente registra y les hace ver exactamente eso… aunque no sea cierto. Un ejemplo muy claro es la imagen regordeta o incluso gorda que ve una persona anoréxica cuando su realidad tal vez sea dolorosamente diferente. Todos formamos imágenes mentales de lo que vemos. A veces, esas imágenes están sesgadas y alteradas por las creencias que tenemos y que nos limitan. Cuando las miramos, no vemos lo que en realidad es sino lo que creemos que hay.

Son muchas las personas que no pueden describirse con precisión porque nunca dedican el tiempo necesario a mirarse de verdad. Como no les gusta la idea que tienen de sí mismas, deciden dejar de mirar. Es en ese momento en el que comienzan a apilar máscara sobre máscara o a esquivar su reflejo en cualquier superficie.

¿Qué sentirías si te dijera que no eres la misma persona que te mira cada mañana desde el espejo de tu aseo o de tu dormitorio?

Si no me crees, compruébalo. Toma ahora mismo un espejo y mira a conciencia a ese ser, a esa representación humana que es la tuya, a tu persona, mírate a ti mismo. Mírate primero a los ojos. Observa su color y profundidad, su mirada, cómo están rodeados por tus pestañas y cómo los enmarcan tus cejas. Después, pasa tu mirada por el resto de tu cuerpo y encuentra aquello que más te gusta. Míralo. Míralo de verdad, con calma, y disfruta de su belleza. Es perfección o imperfección. Es realidad. Es solidez. Es singularidad. Es autenticidad.

Continúa descubriendo el resto de tu cuerpo poco a poco, solo mirándolo. Viéndolo. Analiza cómo son realmente tus mejillas, qué tipo de labios tienes de verdad, cómo enmarca tu barbilla a tu boca.

Observa qué distancia hay entre tus ojos, cuántas pecas luces en tu rostro, si las hay, cómo se combinan el color de tus cabellos y el de tu piel.

Tal vez te sientas tentado a volver a tu vieja rutina de “no verte.” No lo hagas aún, por favor. Date una oportunidad. Solo unos momentos más. Realiza el esfuerzo consciente de mirarte a los ojos con claridad. Mira profundamente, en su interior, e intenta ver el tú auténtico, el ser humano, el alma que esta ahí. Siente el dolor, la tristeza, el amor, la compasión, la ternura… deja que tus sentimientos sean lo que necesiten ser. Quédate contigo durante unos momentos. Observa ahora a tu verdadero ser. Y date permiso para ser quien eres. Porque tú eres mucho más que esa nada borrosa que sueles mirar en el espejo.

En lugar de evitar tu imagen a partir de ahora, ¿por qué no eliges ver una pequeña parte de ti mismo cada día? Céntrate en un detalle por la mañana. Solo en uno. Y míralo de verdad. Ábrete a verlo y aceptarlo. Aunque no te resulte perfecto. Porque esa pequeña parte, ese detalle, también eres tú. Una vez lo veas, contémplalo en conjunto con el resto de ti. Observa cómo encaja con lo demás. Haz eso cada día hasta que puedas ver tu yo completo como es.

Apuesto lo que quieras que no eres en absoluto lo que solías ver antes. Date la oportunidad de descubrir quién eres y cómo eres de verdad. ¡Te sorprenderá!

Disfruta de la vida… de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – Humanóloga – www.jessicajlockhart


Jessica J. Lockhart es una experta en humanología, una disciplina que estudia a los seres humanos con el objetivo de ayudarles a ser más felices. Con ese fin, ha desarrollado sus propios métodos y estrategias de trabajo para abordar y resolver problemas humanos desde un concepto global de humanología. Jessica utiliza todas las herramientas que ha ido aprendiendo y desarrollando a  lo largo de su extensa carrera para ayudar a los seres humanos a seguir creciendo, avanzando y superando sus obstáculos diarios por medio de charlas, cursos y sesiones individuales. 

 Jessica no fue siempre tan optimista. Como resultado de dos accidentes de automóvil, padeció durante más de siete años dolores agudos constantes y todos los médicos le vaticinaron el uso de una silla de ruedas y cuidados constantes. Un día se dio cuenta que había dejado de ser quién era y decidió recuperar el optimismo que había perdido ante el dolor y la tristeza. Así comenzó a desarrollar su método de COACHING EN OPTIMISMO y escribió EL OPTIMISTA QUE HAY EN TI

¡Muchas gracias, Jessica! Aunque había mejorado mucho en mirarme al espejo, puedo sin duda aprender un par de cosas contigo. Y estoy segura de que mis lectores también podrán.  

Mirror, Mirror On The Wall…How To See Beauty When You Look Into The Mirror


¿Cómo ayuda realmente?

ose mMuchos de nosotros nos castigamos constantemente por lo que hicimos (o no) en el pasado. Volvemos a esos momentos y analizamos cada uno de sus segundos una y otra vez. Volver a visitarlos provoca en nosotros los mismos sentimientos que tuvimos la primera vez.

Tristemente, la verdad es que revivir aquellos episodios no los cambiará. El pasado no se puede alterar. Y a pesar de ello insistimos en volver a vivirlo y sufrir de nuevo.

Déjame entonces que te pregunte, ¿de qué te sirve realmente volver? Ya viviste la experiencia. Ya conoces sus lecciones. ¿Qué te puede ofrecer hoy que no te diera entonces?

Revivir el pasado es como volver a ver una película. ¿Hace falta verla diez, veinte, sesenta veces para aprender de ella? La historia no cambia por verla más, ni nosotros tampoco. La película nos ofrece sus enseñanzas la primera vez que la vemos. Ya conocemos su argumento, sus sorpresas y sus lecciones. Volver a verla no cambia nada de eso. La película sigue siendo la misma. Tampoco nos enseña nada nuevo.

Cuando visitas el pasado, revives los mismos sentimientos y tu cerebro, tu alma y tu corazón deben volver a enfrentarse a ellos y manejarlos una vez más. Lo gracioso es que los episodios y las circunstancias que provocaron los sentimientos originalmente ya no son reales. No están aquí, en el hoy. Se encuentran congelados en el pasado. Eso significa que estás utilizando tus recursos personales para manejar unos sentimientos que tú mismo estás creando sobre la base de unas vivencias que no existen realmente. ¿Te parece lógico?¿Te parece normal dedicar todos esos recursos, toda esa energía, a manejar los espejismos y los reflejos del pasado que tú mismo estás provocando?

¿No te parecería mejor dedicar toda esa energía y todo ese esfuerzo a conseguir lo que realmente quieres? Porque el presente, al revés de lo que ocurre con el pasado, sí se puede cambiar.

La próxima vez que te des cuenta de que estás luchando por controlar sentimientos provocados por un evento del pasado, recuerda este artículo y dedica todos tus recursos a ser más feliz en el ahora. Usa tu energía para mejorar el presente, para conseguir lo que deseas, para avanzar, para crecer, para aprender, para disfrutar.

Crea la auténtica película que quieres vivir en lugar de dedicar tu tiempo a revivir películas viejas que no se pueden cambiar.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart


Kariboo y el miedo

IMG_6862

Fragmento de KARIBOO, por Jessica J. Lockhart

Kariboo estaba realmente atemorizada… Después de todo aquel tiempo en el orfanato, por fin había conocido a la que sería su familia para siempre. Pero se habían marchado sin ella. El miedo y la preocupación controlaban su pequeña mente, no dejándole pensar en ninguna otra cosa.

Muchos niños adoptados han sentido profundos miedos. El miedo a lo desconocido, el miedo al abandono, el miedo a la soledad, el miedo al fracaso, el miedo a muchas cosas.

Una vez el ser humano siente miedo, este se introduce en su mente y es muy difícil de erradicar.

¿Cómo puedes ayudar a tus hijos a vencer esos y otros miedos?

En primer lugar, déjame que te explique que el miedo siempre está en el futuro. “¿Y si…?” son las palabras que preceden a la experiencia de cualquier miedo. El miedo es una preocupación extrema ante qué puede ocurrir si pasa algo. Incluso en las situaciones más urgentes, cuando estamos ante la causa de nuestro miedo, estamos pensando, “¿y si…?” Imaginemos que lo que nos da miedo son los ratones. Nuestra mente no teme al animal como tal, sino a qué puede ocurrir si… el ratón se nos acerca o incluso nos toca, si nos muerde, si no podemos huir de él, etc. Una vez los niños entiendan esa realidad, será mucho más fácil manejarla.

Después, enseña a tus hijos algunos trucos para volver al ahora y dejar de centrarse en el futuro. Algunas sencillas técnicas de concentración o mindfulness pueden resultar útiles. Por ejemplo, enséñales a elegir un objeto en la sala donde estén y a centrar los cinco sentidos en él. Primero deberán ver el objeto en todo lo que resulte visible de él: sus colores, su forma, su silueta, sus luces y sombras, cómo destaca o no en su entorno y sobre los demás objetos que le rodean, etcétera; después, deberán imaginar qué sensación les daría tocar el objeto: su peso, su textura, las distintas superficies y las sensaciones que tendrían tocándolas con los dedos o con otras partes del cuerpo,  y así hasta que no quede nada por sentir; en tercer lugar, deberán escuchar al objeto e intentar también percibir si absorbe algún sonido del entorno, o qué ruidos lo rodean; pasarán entonces al sentido del olfato, con el que intentarán oler el objeto o imaginar sus aromas y por último, el gusto, con el que intentarán imaginar qué sabor tiene el objeto. Para cuando hayan percibido el objeto con los cinco sentidos, estarán firmemente anclados en el presente y el miedo, con toda probabilidad, haya desaparecido o resulte mucho más manejable.

También se puede enseñar a los niños a distraer la mente utilizando lo que yo llamo el “interruptor mental.” La mente humana solo se puede concentrar de verdad en una única cosa a la vez. Podemos enseñar a los más pequeños a usar uno de los siguientes trucos cuando comiencen a sentir miedo: mantener el equilibrio sobre una pierna durante un par de minutos. O bailar toda una canción. O recitar las palabras de un tema musical que conozcan bien (no cantarlo, sino recitarlo). Al concentrarse en esas otras acciones, el miedo no cabe en la mente del niño.

Si se acostumbran a aplicar estas sencillas técnicas cuando acecha el miedo, es más que probable que poco a poco lo dominen hasta que el miedo llegue a desaparecer completamente.

Kariboo aprendió con Pepe a tener esperanza y paciencia, a sonreír y confiar. Sé tú el Pepe que necesitan tus hijos y ayúdales a conquistar sus miedos.

Disfruta de la vida, de toda ella,

Jessica J. Lockhart – Jessica J. Lockhart – www.jessicajlockhart.com