Llueve

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Mira estas flores. Tienen la cabeza bajada. Está lloviendo. No parecen muy felices, ¿verdad?

¿Está lloviendo también en tu vida? ¿Estás tú también con la cabeza bajada, sintiéndote mal?

Estas flores estirarán el cuello y alzarán la cabeza en cuanto salga de nuevo el sol. Saben que no va a llover para siempre. Así que se limitan a esperar. No se cierran en sí mismas ni se dejan arrastrar por la tristeza de los días lluviosos. Solo bajan la cabeza para evitar que el agua entre en sus frágiles corolas. En cuanto se detenga la lluvia levantarán la cabeza con orgullo y felicidad para sonreírle al sol. También saben que necesitan el agua para sobrevivir. Aunque no les guste mojarse.

¿Qué crees que están pensando estas flores?

‘¡Madre mía, qué dura es nuestra vida! ¿Por qué nos tiene que llover? ¿No podíamos ser felices con solo agua subterránea? ¿Por qué nos tiene que ocurrir esto a nosotras? ¿Por qué? ¿Por qué?’

Recuerda que la lluvia no dura para siempre. Espera el sol que seguro que saldrá y álzate con orgullo y alegría una vez más. Cuestiona tus pensamientos. ¿Te estás diciendo que no mereces lo que te ocurre, que la vida es injusta, que eres una persona sin suerte? ¿Te lamentas y te sientes triste? ¿Crees que te pasan cosas malas constantemente?

La próxima vez que tu proceso mental te inunde de pensamientos negativos, recuerda las flores y su esperanza y confianza. Recuerda que los días lluviosos nos nutren aún cuando no los disfrutemos mucho. Agacha la cabeza, si así lo deseas, pero álzate con fuerza y espera a que lleguen mejores tiempos.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart


¿Qué ves?

DSCN2268Losma nació en una pequeña aldea de algún lugar en el mundo. Formaba parte de una familia también muy pequeña. Curiosamente, todos los miembros de su familia y todos los habitantes de la aldea creían que las mariposas son terriblemente peligrosas y transmiten enfermedades horribles.

La primera vez que Losma vio una mariposa aún era muy joven y quedó prendada de su belleza y ligereza. Estaba a punto de estirar la mano para tocar una cosa tan llena de color cuando su madre la vio y gritó presa del miedo: “¡Losma, no toques eso! Es muy peligroso.”

Asustada por el grito, la mariposa huyó volando. Losma la miró. Miró después a su madre y pensó, “No sé qué era eso. Era muy bonito. Quiero tocarlo. Pero Mamá dice que es peligroso. Y Mamá lo sabe todo.”

Unos pocos días más tarde, Losma estaba jugando en el jardín con sus muñecas cuando una mariposa se posó sobre una flor cercana. La niña recordó el miedo de su madre y se limitó a mirar al animal con curiosidad. ¡Tenía tantos colores!

“Losma.” De pronto oyó la suave voz de su padre detrás suya. “Muévete muy despacio. Levántate con cuidado y deja tus juguetes donde están. Hay una mariposa delante de ti. Es muy peligrosa. Ven hasta aquí caminando muy despacio.”

Losma miró a la mariposa una vez más y pensó, “Mamá dijo que eso es malo. Y ahora Papá me está diciendo lo mismo. Y él siempre tiene razón. Vaya, esa cosa tiene que ser muy, pero que muy mala. ¡Qué miedo!” Se levantó con mucho cuidado y caminó hacia atrás en dirección a su padre, que la estaba esperando.

Durante un tiempo Losma no volvió a ver más mariposas y pronto las olvidó. La vida siguió. Cayeron las hojas de los árboles, la aldea se cubrió de nieve y unos meses más tarde los días comenzaron a brillar con más luz. Fue en uno de esos días que Losma estaba ayudando a su madre en la huerta cuando de pronto aparecieron delante de ella dos mariposas que volaban y bailaban juntas. Losma gritó con miedo: “¡Mamá, Mamá, socorro, ayúdame! ¡Han vuelto esas cosas!” Su madre de inmediato la tomó entre sus brazos y corrió con ella hasta el interior de la casa. “Tenía razón,” pensó Losma. “Esas cosas son muy, muy malas. Más vale que las he visto y he gritado para que Mamá me salvara. ¡Son tan feas y dan tanto miedo!”

La imagen que tenía Losma de las mariposas ya era la visión del miedo. Ya no veía ninguna belleza en ellas, solo peligro.

Losma creció creyendo que las mariposas son terriblemente peligrosas. Nadie le dio nunca una opinión diferente. Losma nunca tocó una mariposa, nunca las estudió, nunca cuestionó su creencia. Hoy, Losma tiene hijos propios. Esos niños están creciendo con miedo a las mariposas.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart


3 pasos para el perdón absoluto

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Perdonar no es una tarea fácil. La humanidad lleva siglos intentando perdonar. Y aún hoy las viejas historias a veces vuelven para perseguirnos.

Primero aprendemos a perdonar en nuestra mente. Pensamos que perdonamos.Tal vez incluso digamos que perdonamos. Y lo hacemos… en nuestra mente. Se nos enseña a perdonar al principio siendo niños, cuando nuestros padres nos piden que aceptemos las disculpas de alguien por algo que hayan hecho. Aceptamos la disculpa y perdonamos. Pensamos haber perdonado… no tenemos por qué sentir que lo hemos hecho.

El segundo paso lo damos al perdonar con el corazón. Cada vez que sentimos paz después del dolor puede ser que hayamos perdonado en nuestros corazones. Decimos que perdonamos y sentimos el calor del perdón en nosotros.

El tercer paso es el más difícil; perdonar y dejar que la causa se vaya. Perdonar en nuestra mente o en nuestro corazón no evita que el dolor o la ira vuelvan y creen otra vez los mismos sentimientos desagradables. Es en ese momento que nos vemos sorprendidos y nos preguntamos porqué han vuelto esos sentimientos si ya habíamos perdonado. Mi respuesta es que no lo habíamos hecho completamente. Perdonar de pensamiento o sentimiento no constituye un perdón absoluto. Algunas personas creen que no es un perdón absoluto porque los seres humanos también tenemos algo llamado “memoria celular.” Yo no sé si existe o no pero lo que sí sé es que el perdón absoluto debe incluir este tercer paso para ser real y completo.

El perdón absoluto exige que dejemos ir, que soltemos y dejemos marchar aquello que nos provocó el dolor, el sufrimiento, la ira, la rabia o la tristeza en su origen. No será hasta que dejemos marchar que habremos perdonado de verdad. No será hasta que dejemos marchar que podremos recordar los acontecimientos sin dolor y sin rabia.

Estos son los tres pasos del perdón absoluto. Primero perdonas en tu mente, después en tu corazón y por último dejas que la causa de tu dolor o de tu ira se marche. Si das estos tres pasos, nunca volverá a perseguirte.

Algunas personas no saben cómo dar este tercer paso. No es una simple cuestión de voluntad o decisión. Es más que eso. Dejar marchar de verdad suele requerir comprensión y aceptación. El proceso necesitaría todo un nuevo artículo en este blog. Te invito a ponerte en contacto conmigo a través de los comentarios si quieres aprender a utilizar la herramienta que he desarrollado para ayudar a las personas a dar los tres pasos y realmente perdonar aquello que les provoca dolor o ira. Estaré encantada de ayudarte a llegar al perdón absoluto para que puedas volver a disfrutar de la vida… de toda ella.

Jessica J. Lockhart