Humanología para parejas 2 – Las creencias personales

Este es el segundo artículo de mi serie: HUMANOLOGÍA PARA PAREJAS. Muchas personas me preguntan cómo abordar una relación para convertirla en sólida y estable. Estos artículos os brindan algunas ideas y perspectivas que espero os ayuden a comprender algunos de los aspectos importantes de las relaciones de pareja.

Cuando un ser human nace, nace sin creencias. Las creencias las deducimos de las experiencias que comenzamos a tener después de nacer: de lo que vemos, oímos o vivimos. Así, muchas de las experiencias que tenemos provienen de la infancia, de nuestro entorno o de nuestras familias. Por ejemplo, habiéndome criado en España, las voces altas y ruidosas eran para mí algo normal, que se aceptaba como parte de lo habitual, pero cuando viví en Rusia descubrí que allí esas mismas voces altas se consideraban de muy mala educación.

Todos los seres humanos necesitamos creencias. Las creencias son nuestros cimientos y nos llevan a ver el mundo tal y como lo vemos. Unas creencias fuertes denotan unos cimientos sólidos. Cuestionar nuestras creencias provoca incertidumbre, inseguridad y dudas. Existen creencias en todos los campos de la vida. Las podemos agrupar en conceptos temáticos:

  • Creencias familiares: las creencias compartidas por los miembros de una misma familia
  • Creencias sociales: las compartidas por los componentes de la clase o del grupo social en el que crecemos o vivimos
  • Creencias religiosas: las que se derivan de la religión que nos enseñaron en casa o en la escuela
  • Creencias culturales: las derivadas de nuestro entorno étnico o nacional
  • y muchas otras

Todo ser humano ve el mundo a través del filtro de sus creencias. Algunas de esas creencias ni siquiera somos conscientes de tenerlas; con el tiempo se convierten en subconscientes y simplemente asumimos que el mundo es tal y como lo percibimos. Las internalizamos tanto que se convierten en lo normal. Entonces, al establecer relaciones, el conjunto de creencias personales, religiosas, culturales y otras que tenga cada uno de los miembros de la pareja afectará al modo en el que se enfoque y mantenga esa relación. Así, si uno de ellos cree que la única manera de mantener la relación es de forma abierta y libre y la otra persona cree que solo se puede si hay absoluta devoción a tu pareja, antes o después tendrán dificultades.

Cuando las creencias no son obvias, algunas personas las ignoran y siguen adelante. Esto provoca problemas sin resolver en las parejas.

Para que una pareja sea sólida y estable, cada uno de sus miembros deberá conocer sus propias creencias y compartirlas con la otra persona a fin de facilitar la comprensión mutua. Saber qué opina tu pareja, aunque sea distinto de lo que tú creas, te ayudará a comprender sus posturas y sus opiniones. Eso no implica necesariamente que tu pareja se vaya a convencer de que tus creencias son las correctas, pero comprender de dónde venís es un primer paso adelante en el crecimiento en pareja.

¿Cómo puedes descubrir cuáles son tus creencias, si algunas de ellas son subconscientes? Yo recomiendo el siguiente ejercicio que se puede hacer de manera individual y después compartir sus resultados, o algunos de ellos, con la pareja.

Durante un par de semanas, lleva siempre contigo una libreta y un bolígrafo. También puedes usar el sistema de grabación del teléfono. Cada vez que te escuches diciendo alguna de las siguientes frases:

  • Creo que…
  • Me parece que…
  • Supongo que…
  • Puedo/no puedo…
  • Debería/no debería…
  • y todas las que se les parezcan,

anota lo que hayas dicho en tu libreta. También puedes anotar todos los pensamientos que tengas que comiencen por esas mismas frases. Después de dos semanas, repasa tus notas. Representarán muchas, si no todas, tus creencias.

Una vez conozcas tus creencias, comparte esa información a voluntad con tu pareja. Intenta encontrar en qué se diferencian sus creencias de las tuyas. Pero no las cuestiones. Como primer paso, limítate a reconocer tus creencias y las creencias de tu pareja. Comprender cómo vemos el mundo es un paso muy grande en el crecimiento humano. Comprender cómo lo ve tu pareja te puede explicar porqué a veces chocáis tanto.

Basándote en las creencias que has identificado, pregúntate entonces: ¿cómo espero comportarme en una relación? ¿Cuál es para mí el comportamiento “correcto”? ¿Cómo espero que se comporte mi pareja? ¿En qué difiere su comportamiento de mis expectativas? ¿Puedo vivir con esa diferencia y aceptar que mi pareja se está comportando según le parece correcto, según sus propias creencias? ¿Cómo me comporto yo que choca con las expectativas que mi pareja tiene de mí? ¿Puede mi pareja vivir con la diferencia que hay entre lo que espera y mi auténtico comportamiento? Las respuestas a estas preguntas te aclararán mucho dónde estáis tú y tu pareja en vuestra relación.

La mayoría de las creencias no se pueden cambiar a voluntad. Requieren de un proceso más complejo. Es por eso que te recomiendo que reconozcas tus creencias y las de tu pareja y que trabajéis juntos en aceptarlas. Si descubres una creencia en tu pareja con la que no puedes convivir, intenta explicarle tus motivos. Tu pareja los puede aceptar o no. Debatir abiertamente las creencias que están limitando vuestra relación podría llevaros a una comprensión más profunda del otro. Esa comprensión suele resultar suficiente para desbloquear una relación avance.

Si no resulta suficiente, esa creencia que está bloqueando vuestro desarrollo, sea una creencia tuya o de tu pareja, me temo que no va a desaparecer por sí sola. Siempre creará fricciones. Es muy importante ser también conscientes de esta realidad. Una vez lo sabéis, ambos deberéis decidir qué más queréis hacer. En este punto, os podría resultar de mucha utilidad contar con los servicios de un humanólogo. El trabajo al que nos dedicamos incluye ayudar a otros seres humanos a identificar, cuestionar y cambiar creencias de todo tipo.

En resumen, trabaja en tus creencias a la par que tu pareja trabaja en las suyas. Después compartidlas y comentadlas. Con eso tal vez sea suficiente. Si descubrís que seguís realmente atascados, solicitad a vuestro humanólogo que os ayude. Después de todo, toda creencia es personal y por ello complicada de manejar 🙂

Mientras tanto, recuerda disfrutar de la vida… de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de éxito y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí:

 


Humanología para parejas 1 – Desarrollo personal

Mi marido y yo llevamos juntos más de 25 años y son muchas las personas que me preguntan cuál es nuestro secreto para seguir juntos y felices. Aquellos que nos conocen saben, además, que no lo hemos tenido fácil, y nos hemos enfrentando a unos cuantos obstáculos pesados por el camino. Pero aquí estamos, todavía juntos y sí, felices. Es por ello que he decidido escribir algunas de las cosas que a nosotros nos han funcionado y compartirlas contigo. Espero que a ti también te ayuden a mantener una buena relación llena de felicidad.

El elemento básico más importante en nuestra pareja es que nosotros ELEGIMOS compartir nuestras vidas y crecer juntos. Ambos DECIDIMOS caminar JUNTOS en esta vida.  Eso significa que los dos nos apoyamos el uno al otro en nuestra persecución de nuestras metas y sueños. En nuestro caso, no camina uno y el otro le sigue. Cada vez que surge algo nuevo en nuestras vidas, en su vida o en la mía, nos sentamos y lo compartimos. Entonces decidimos qué hacer. Sí, lo decidimos juntos.

Esto implica que nuestros caminos están constantemente alineados. Realizamos el esfuerzo y nos tomamos el tiempo para asegurarnos que ambos estamos sintonizados en nuestro avanzar. Mi marido, obviamente, tiene sus propias metas y sueños. Yo tengo los míos. Pero lo que hacemos es garantizar que la consecución de nuestras metas personales de alguna manera nos ayude a ambos o, por lo menos, no plantee un impacto negativo sobre el otro. Por ejemplo, en nuestro caso, ambos trabajamos. Intentamos organizar nuestros viajes al extranjero de tal manera que uno de nosotros siempre esté en casa, contribuyendo a que todo funcione como queremos. Cuando yo viajo, él se queda en casa y toma las riendas. Cuando él se va, yo me quedo y tomo las riendas. Mi marido comprende que mi satisfacción y mi desarrollo profesional es para mí tan importante como el suyo para él.

Mi marido suele decir que una relación no puede ser satisfactoria si la otra persona no se siente realizada y no tiene nada que compartir con su pareja. Con ello no quiere decir que todos debamos trabajar fuera de casa o perseguir metas profesionales. No. Lo que queremos decir es que ambos miembros de una relación deberían sentirse realizados en todos los aspectos importantes de sus vidas. Si alguien se siente feliz quedándose en casa y la pareja puede vivir así, sin dudarlo, adelante. Si ambos necesitan trabajar fuera porque el desarrollo profesional es importante para los dos, buscad la manera de que suceda. Las parejas sanas y sólidas se basan en seres humanos sanos y sólidos y, para serlo, cada uno de los miembros de una pareja deberá sentir que disfruta de una vida que le satisface. Si una de las dos personas se siente insatisfecha, desanimada, aburrida o desesperanzada, la pareja sufrirá sin duda y probablemente fracase .

¿Sabes qué quiere tu pareja? ¿Tienes claro que lo está obteniendo o por lo menos persiguiendo? Y tú, ¿sientes que tu vida te satisface, te llena, merece la pena? ¿Estás haciendo lo que quieres?

Habrá momentos en los que una de las partes de la pareja deba hacer algo para ayudar a la otra a alcanzar sus metas. Y eso está bien, siempre y cuando se haga por decisión común y no perpetúe ninguna desventaja ni infelicidad para quien se ha sacrificado. Sentaros juntos. Hablad de vuestros sueños. Escucharos el uno al otro. Intentad encontrar terrenos comunes y metas y sueños que compartir. Entonces, preparad un plan. Sí, tomad una hoja de papel y un bolígrafo y escribid un plan que os ayude a ambos a cumplir vuestros sueños juntos. O a que cada uno de vosotros cumpla los suyos pero en complicidad y apoyo mutuos, sin que el otro sufra. Buscad las sinergias que os puedan empujar hacia adelante. Si solo uno de vosotros avanza hacia sus objetivos, el plan acabará fracasando antes o después.

Cualquier pareja que quiera compartir una vida debería constituir un equipo de dos. Más adelante, quizá, el equipo tenga más miembros. En la equipo de la pareja, toda decisión debería adoptarse en conjunto, teniendo presente el bienestar tanto del equipo como de sus miembros. Si solo uno de los miembros del equipo es feliz, la pareja acabará rompiéndose. Así de sencillo.

Algunas personas me dicen, ‘Me encanta sacrificarme por mi pareja y asegurarme de que alcanza sus metas. Eso me hace feliz.’ Y yo respondo, ¿es eso cierto? Si ayudar a tu pareja a alcanzar sus metas te hace feliz y te satisface porque no tienes metas propias, es que falta algo. ¿TÚ qué quieres? Si ayudar a tu pareja a alcanzar sus metas te hace feliz y te satisface porque sientes su apreciación y amor y eso es lo que REALMENTE quieres, adelante, a por ello. Pero porque TÚ lo quieres.

Mi primera propuesta en este tema de las relaciones sanas y duraderas es que te asegures que ambas personas en la pareja viven vidas que consideran satisfactorias y plenas. Si para una de las personas no es así, sentaros y descubrir qué lo está provocando.

Vuelve en unos días para recibir más ideas sobre cómo mantener una pareja duradera y feliz. Publicaré más artículos sobre este tema en las próximas semanas. Compártelos si crees que pueden ayudar a alguien que conoces.

Y recuerda, disfruta de la vida… de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de 4 libros y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí:

 


¡Tú estás al mando! Recupera el control de tu ser y deja de sufrir ya.

“A veces mis pensamientos se desbocan. Inundan mi mente consciente de mensajes repetidos e incluso indeseados. Crecen en mí. Me distraen de todo lo demás. Solo existen ellos… mis pensamientos, su mensaje sin fin, mi mente. Toman el control y yo me rindo.”

¿Te has sentido así alguna vez? ¿Has tenido alguna vez la impresión de que tu mente, tus pensamientos, tu ego… llámalo como gustes, se ha hecho con el control? Cuando la avalancha cae sobre ti, es como ahogarse en una cascada: no se puede hacer nada, solo rendirse.

La sensación de que los pensamientos mandan puede ser tan común y automática en algunas personas, que ni siquiera son conscientes de ella. No se dan cuenta que están totalmente inmersas en sus pensamientos, dentro de ellos, y de alguna forma desconectadas del mundo exterior hasta que alguien se lo indica. A veces los pensamientos parecen inocuos, como soñar despiertos. En otras ocasiones, los pensamientos les asaltan en forma de declaraciones destructivas o negativas. Hay algo común en ambas situaciones: la persona pierde el control y su mente toma el mando.

¿Con cuánta frecuencia pierdes el control? ¿Con cuánta frecuencia toman el poder tus pensamientos o tu mente? ¿Con cuánta frecuencia tienes la impresión de que no puedes dejar de pensar? ¿Con cuánta frecuencia desearías poder desconectar tus pensamientos?

Después de años trabajando con personas que sufren de pensamientos destructivos o invasores, me he dado cuenta que muchas de ellas no eran totalmente conscientes que no somos solo seres de pensamiento. Muchas personas no se dan cuenta que los seres humanos somos mucho más que nuestros mensajes mentales y los sentimientos que desencadenan. ¡Todos somos muchísimo más que solo nuestras mentes! Ayudar a mis clientes a comprender esta pequeña pero potente verdad con frecuencia les ayuda a retomar poco a poco el control de sus procesos mentales.

Si alguna vez eres víctima de tus pensamientos, prueba este sencillo ejercicio. Siéntate en algún lugar cómodo y deja que tus pensamientos se centren en un objeto, uno cualquiera, el que prefieras. Míralo. Obsérvalo con detenimiento: su forma, sus colores, su tamaño… Después obsérvate a ti observando el objeto. ¿Eres capaz de observarte pensando? ¿Eres capaz de percibirte? Continúa observando el objeto. ¿Sientes tu cuerpo, tu ropa o escuchas los sonidos que te rodean? ¿Estás respirando, tragando y haciendo a la vez una miríada de pequeñas cosas? Ahora, por favor, concéntrate en el objeto, observa su silueta, cómo refleja o no refleja la luz y, a la vez, siente tu cuerpo. ¿Sientes tus manos o tus pies, cómo entra el aire en ti a través de tu nariz o tu boca? Bien, gracias. Pasemos ahora a la segunda parte de este ejercicio…

Por favor, responde a estas cinco preguntas…

  1. Cuando estabas mirando el objeto, ¿te has podido percibir a ti observándolo?
  2. ¿Has conseguido que todas esas otras pequeñas actividades como respirar continuaran funcionando a la vez?
  3. ¿Has sido consciente de tu cuerpo?
  4. ¿Le has podido decir a tu cerebro en qué debía centrarse?
  5. ¿Podías das instrucciones a tu cerebro?

Si has respondido afirmativamente a cualquiera de estas preguntas, plantéate una más: si tu cerebro estaba centrado en el objeto, ¿quién le estaba diciendo que se enfocara en otras cosas y que siguiera tus instrucciones?

Sí, eras tú. Tú eras quién le estaba diciendo a tu cerebro que se centrara en esto o aquello. Tú eras quién estaba dando las instrucciones y siguiéndolas. Tu cerebro te estaba obedeciendo. Tú estabas al mando.

Eso es lo que resulta diferente cuando tú estás al mando, en lugar de que manden tus pensamientos. Tú decides, no tus pensamientos. La buena noticia es que tú siempre estás ahí. Tu cerebro es parte de ti pero tú… ¡oh, tú eres mucho mayor y más grande que tu cerebro! Tú eres quien manda sobre el cerebro. Tú eres quien manda sobre tus pensamientos y tu mente.

Cada vez que permites que tus pensamientos te controlen, entregas tu propia humanidad a tu mente, que a partir de ese momento comienza a repetir una y otra vez los patrones que ha aprendido. Porque eso es lo que hacen los cerebros. Son como ordenadores. Solo pueden repetir lo que ya tienen en su interior.

Solo cuando seas capaz de salir de tus pensamientos podrás controlarlos. Solo siendo consciente de que estás dentro de tu mente y mirando al mundo y realices el esfuerzo consciente de salir del reino de tus pensamientos y entrar en el mundo exterior serás capaz de recuperar el control. No lo olvides nunca. Tú estás al mando, no tus pensamientos. ¡Tú eres mucho más que ellos!

Sé consciente de dónde estás.  ¿Estás dentro, en tus pensamientos, o fuera, en el mundo real? Esta es la clave para controlar todo tu ser. Toma las riendas de tus pensamientos, sé su dueño, eligiendo de forma consciente no permitirles que te dominen y poco a poco te librarás de su invasión.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de 4 libros y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí: