Nadie puede definir quién eres

Me gustaría contarte una pequeña historia basada en hechos reales.

Hace algunos años, cuando todavía trabajaba de intérprete simultánea, fui contratada para interpretar en una conferencia de medicina en la ciudad en la que había crecido. La víspera salí a cenar y por el camino tropecé con la que había sido mi maestra durante dos años en los primeros años de mi adolescencia. Charlamos durante unos minutos, poniéndonos al día de nuestras vidas, hasta que me preguntó qué hacía en la ciudad, ya que creía que me había marchado a vivir al extranjero. Le expliqué que era intérprete y tenía una conferencia al día siguiente. Su expresión cambió en un abrir de cerrar de ojos y, mirándome de arriba a abajo, casi me ladró: ‘No me mientas. Solo las personas muy, muy inteligentes pueden ser intérpretes. Tú nunca fuiste lo suficientemente lista. ¡Así que deja de mentir!‘ Aquella mujer había sido mi maestra durante dos cursos completos. ¿Te lo imaginas?

Aquella pobre señora no me había visto realmente jamás. Yo era un ser tan diferente de lo que ella conocía, que no pudo más que meterme en una de las cajas que ya tenía para clasificar a las personas y que fue la de los “alumnos no muy inteligentes.” No resulta sorprendente entonces que me aburriera tanto en la escuela. No es de extrañar que sacara tan malas calificaciones. Confiaba en su juicio sobre mí, lo que me llevó a verme cómo ella me veía. Al fin y al cabo, se suponía que ella sabía más que yo.

No fue hasta unos años más tarde que me trasladé a vivir al extranjero, donde tuve que defenderme por mí misma en la vida y los estudios pre-universitarios. Allí nadie me conocía. No me juzgaban ni esperaban nada de mí porque era una desconocida. Así que hice lo que pude, que resultó ser acabar con excelentes calificaciones y pasar de allí a la universidad.

Desgraciadamente, muchas de mis compañeras de escuela no tuvieron mis mismas oportunidades. Siguieron convencidas de que la limitada visión que de ellas tenía otro ser humano las definía. Y esa visión limitada se reflejaba en la que ellas construyeron sobre sí mismas, y que tan profundamente afectó a su crecimiento.

Los seres humanos a veces crecen hasta convertirse en las personas que los demás ven en ellas y no en las personas que realmente son porque confían mucho en esas otras personas, por los motivos que sean. Aquello que vemos de nosotros en las personas que nos influyen puede tristemente convertirse en la imagen que acabamos viendo de nosotros mismos.

Las buenas noticias son que eso puede cambiar en un instante. Tú, como cualquier otro ser humano, tienes el poder de mirar en tu interior y liberarte de los prejuicios y valoraciones que no tienen que ver con la persona que realmente eres. Deja de juzgarte sobre la base de lo que otros creyeron o dijeron un día. Mírate con ojos nuevos y elimina todas esas limitaciones que los demás te impusieron involuntariamente. Es más que probable que no te pudieran ver de otra manera por sus propias limitaciones.

Concédete hoy el regalo de la libertad. No esperes ni un día más. Busca en tu interior y deja de escuchar las palabras que los demás dijeron de ti en el pasado. Por el contrario, busca tus propias palabras; intenta escuchar esa pequeña vocecita callada que intenta expresarse desde lo más interno de tu ser y te dice,  ‘pero…’ Libérate de viejas cargas indeseadas y mírate con una mirada nueva. ¿Cuáles son tus VERDADERAS limitaciones, si es que las tienes? ¿Cuáles son tus AUTÉNTICAS fortalezas y virtudes? ¿Y tus talentos? ¿Qué te gustaría hacer en realidad con tu vida? Toma el control de la persona que eres hoy. Date permiso para expresar todos esos rasgos ocultos que te permitirán ser quién deberías haber sido. Ya sé que puede dar miedo al principio; después de todo, hace ya muchos años que eres esa otra persona que muestras al mundo. Pero plantéatelo de esta otra manera… ¿no te cansa no sentirte nunca auténticamente feliz? Tal vez necesites ayuda para hacerlo. Pídela. Descubre y utiliza las herramientas y métodos que te facilitarán comprenderte mejor y manejar tus viejas creencias. Cualquier buen humanólogo o coach te puede ayudar.

Nadie tiene derecho a decirte quién eres. Ese derecho es solo tuyo. Nadie tiene el poder de definirte excepto tú. Reclama ese poder ahora y permite que ese magnífico ser que hay en tu interior finalmente sea quien siempre debió ser.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

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Las historias inacabadas impiden avanzar

Bastantes de mis clientes se quejan de que se sienten atascados; que tienen la impresión que sus vidas no están avanzando. Juntos estudiamos las posibles causas, que pueden ser muchas, y con frecuencia descubrimos que se sienten así porque han desarrollado el hábito de empezar muchas cosas nuevas pero pocas veces terminarlas.  A veces, tener demasiadas cosas que hacer o demasiados planes nos puede llevar a no terminarlos realmente.  Cuando eso ocurre, permanecen abandonados pero pendientes en nuestras mentes y crean una sensación de aglomeración o congestión que nos puede bloquear y evitar nuestra evolución.

La acumulación de asuntos sin terminar en nuestra mente se convierte en una carga invisible sobre nuestras capacidades. Incluso aunque subconscientemente sepamos que están por terminar, seguiremos buscando nuevos asuntos en que ocuparnos.

Pregúntate cuántos asuntos sin terminar se ocultan en lo más profundo de tu cerebro. ¿Tienes estudios por acabar, tareas pendientes, compromisos sin concluir? ¿Tienes la impresión de que no hay suficientes horas en un día para hacerlo todo? ¿Sientes que te superan?

Esta es la forma de manejarlos:

  1. Prepara una lista con todos los asuntos sin terminar.
  2. Junto a cada uno, escribe “sí” en caso de que aún desees terminarlo y “no” si prefieres abandonarlo o dejarlo para siempre.
  3. Acepta que la lista de los asuntos “no” representa todos los planes, tareas y actividades que NO vas a continuar y que hoy decides abandonar.
  4. Retoma la lista de asuntos “sí.” Elige uno, el que sea, para que se convierta en el primero que vas a retomar Y terminar. Plantéate una fecha límite realista para su conclusión.
  5. Dedícate a terminar ese asunto hasta ahora inacabado para la fecha que hayas marcado. Céntrate solo en ese asunto hasta que esté terminado.
  6. Vuelve a la lista de asuntos “sí.” Elige el siguiente que quieres terminar y continúa por la lista hasta terminarla.
  7. No te embarques ni aceptes nuevas actividades o tareas hasta que tu lista actual de asuntos “sí” esté vacía.

Aunque para los seres humanos el compromiso es muy importante, a veces queremos hacer demasiado por diferentes motivos. Sintiéndonos comprometidos, aceptamos cosas que realmente no queremos o que, aunque en ese momento nos interesan, luego dejan de hacerlo. Aprende a decir que no y a terminar lo que comienzas, una cosa después de otra. Tu vida será mucho más cómoda y fluirá con mayor rapidez y facilidad.

A la par que se reduce la lista de asuntos pendientes se reducirá tu sensación de encontrarte atollado y sobrecogido. Al mismo ritmo que desaparezcan los asuntos de tu lista desaparecerán tu falta de energía y empuje. Pruébalo una vez y nunca más dejarás que tu lista crezca.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

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¡Detente y ámate!

¿Con cuánta frecuencia te criticas o castigas por no ser “perfecto” o “lo suficientemente bueno”? ¿Cada día? ¿Cada Semana? ¿De vez en cuando? ¿Cuán persistente es esa vocecita que oyes en tu cabeza y que te recuerda cuáles son tus errores, tus fallos, tus defectos o tus faltas? ¿Hasta qué punto te muestras dispuesto a escuchar a los demás, amigos y enemigos, cuando te juzgan o de alguna manera te desaprueban? ¿Cuántos son los días en los que te miras en el espejo e intentas evitar verte de verdad?

Y ahora, ¿con cuánta frecuencia te alabas? ¿Cuándo te permites de verdad disfrutar de quien eres y de lo que sientes? ¿Con cuánta frecuencia te miras y permites que tus pensamientos vaguen felices en torno a lo bueno que hay en ti o al ser maravilloso que eres? ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste satisfecho con tu imagen? ¿Y la última vez que sentiste que eras lo suficientemente bueno?

La nuestra es una cultura de mejora continua y búsqueda de la excelencia. Como resultado de ello, nunca nos sentimos satisfechos. Siempre queremos más, mejor o diferente. Además, la mayoría de las culturas del mundo consideran el orgullo, la satisfacción y la valoración propia características negativas en un ser humano. Aquellos que se gustan a sí mismos y lo reconocen públicamente son considerados presumidos, narcisistas y vanos y se les recomienda que “reflexione acerca de sus defectos para convertirse en mejores seres humanos”! Así se nos enseña a buscar constantemente lo malo para “mejorarnos a nosotros mismos.” Desde la más temprana infancia recibimos mensajes que nos animan a buscar de forma crítica nuestros “defectos” para corregirlos y llegar a ser “mejores personas.” Como consecuencia, siempre nos sentimos incompletos y buscamos una y otra vez maneras nuevas de superarnos.

No resulta entonces sorprendente que haya tantas personas que no se gustan a sí mismas. ¡Se nos enseña a hacerlo! Nos dicen que eso es lo que hacen las “buenas” personas. Y lo tenemos tan grabado en nuestro interior que ni siquiera nos damos cuenta con cuánta fuerza saboteamos nuestra propia felicidad y el amor por nosotros mismos. La lección que aprendemos de niños es: no te atrevas a quererte o te considerarán presumido y presuntuoso, y no un buen ser humano. Es la misma lección que hoy estamos enseñando a nuestros propios hijos…

Esa lección pasa a formar parte de nuestra identidad, de nuestros principios y de nuestros valores. Dejamos de querernos porque se nos enseña a buscar una mejora continua, a no conformarnos nunca con lo que ya somos, ya que eso que somos ahora NUNCA será perfecto ni debería darse por bueno. ¡Madre mía! ¡Qué mensaje más terrible y destructivo! No te puedes imaginar las docenas de clientes que vienen a mí solo por esta creencia que les limita. “No soy lo suficientemente bueno.” Y nunca lo serán, si siguen buscando constantes mejoras. El mero hecho de buscar mejoras automáticamente implica alguna imperfección, ¿o no?

No hay equilibrio. La búsqueda de una mejora continua no nos permite aceptarnos a nosotros mismos. ¿Cómo podemos aceptarnos, y menos aún querernos, si siempre estamos buscando maneras de mejorar, de perfeccionar los seres que somos porque no hay manera de ser suficiente?

Sin embargo, las creencias son algo personal. Creer algo es cuestión de elección. ¿Elegiste tú creer que no eras lo suficientemente bueno? Sí, en tu infancia probablemente elegiste creerlo porque fue lo que aprendiste en casa o en la escuela. Pero las elecciones no tienen fecha de caducidad. Puedes cuestionar cualquiera de tus creencias actuales y decidir si la quieres mantener o la quieres eliminar. Te animo a que hagas exactamente eso. Pregúntate qué crees y decide entonces si quieres seguir creyéndolo o si preferirías cambiar esa creencia por otra mejor. ¿Deseas seguir creyendo que necesitas correr esta maratón de mejoras constantes? ¿Eliges creer que no hay nada perfecto en ti? ¿O prefieres abrazar una nueva creencia que te permita aceptar aquello que te pueda gustar de ti y disfrutarlo?

“Hacer eso,” argumentarán algunos, “solo tendrá como resultado vagancia y falta de desarrollo.” Y yo les respondo, ¿es eso realmente así? ¿Qué ocurriría si creyeras que eres lo suficientemente bueno y disfrutaras del ser que eres, aún cuando siguieras buscando crecer? Verás, la diferencia está en aceptar de partida que eres bueno. Punto. Bueno. Tal y como eres. Disfruta de ser como eres. Ama a la persona que eres ahora. Y entonces, una vez allí, decide si quieres explorar nuevos horizontes, nuevos desarrollos, nuevas avenidas. No porque no seas lo suficientemente bueno sino porque lo ERES; eres lo suficientemente bueno para crecer, aprender y seguir queriéndote a ti mismo tal y como eres ahora y como serás también después.

Detente ahora y ama al ser que eres. Acepta a la persona en que te has convertido. Sin peros. Eres el mejor yo en el que te podías convertir en el tiempo que has vivido hasta ahora. ¡Te ha costado muchos esfuerzos y dedicación llegar a ser quién eres! Concédete el crédito que te mereces por lo que has conseguido hacer hasta ahora. Busca los logros y celébralos. Busca lo bueno que hay en ti, tanto físico como emocional e intelectual. Quiérete por esos rasgos positivos que hay en ti. Valóralos. Adóralos. También forman parte del ser que tú eres.

Y sé feliz.

Solo entonces, una vez seas feliz y aceptes el ser que realmente eres, podrás decidir si te quieres aventurar en las tierras ignotas del desarrollo personal con la seguridad de saber que ya eres lo suficientemente bueno. 

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com