Etiquetas

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Las etiquetas evitan que veamos al ser humano detrás de ellas. Una vez etiquetamos a alguien, de inmediato vemos a esa persona a través de la etiqueta. La etiqueta puede afectar a todo aquello que vemos en esa persona o solo a algunas partes pero solo si buscamos detrás de la etiqueta seremos capaces de ver de verdad a la persona como es.

Las etiquetas son filtros en nuestros ojos y en nuestros corazones. Al etiquetar a otros seres humanos los convertimos en aquello que dice su etiqueta. Los miramos y es como si lleváramos gafas tintadas. En lugar de dar color a lo que vemos, centran nuestra atención en otra cosa, en algo que esperamos ver, en la etiqueta que tenemos en mente.

Existen todo tipo de etiquetas. Algunas fortalecen, otras limitan y reducen. Cada vez que juzgamos y etiquetamos convertimos a la persona etiquetada en otra cosa, en algo que queda definido por la propia etiqueta. Así, si etiqueto a alguien de “discapacitado,” de inmediato lo percibo como “no capacitado” y a partir de ese momento así será cómo lo vea. Si además difundo esa etiqueta entre otras personas, ellas también lo percibirán como un ser humano “no capacitado.”

Desde el momento en el que comience a ver a una persona a través de una etiqueta, la trataré como me dicte la etiqueta. Cuando una persona es “no capaz” ante mis ojos, mi comportamiento cambia. Esa persona recibe un tratamiento especial solo porque la percibo como un ser humano “no capaz” de algo.

Imagina entonces el daño que pueden hacer otras etiquetas… Idiota, fea, pobre, lenta, tímido, rico (sí, incluso esta etiqueta puede resultar muy limitadora) y una interminable lista de otros muchos términos. Se ha demostrado científicamente, por ejemplo, que las personas que percibimos como “obesas” con frecuencia las vemos (y tratamos) como si fueran menos fiables, menos eficientes, más perezosas y menos saludables. Dada nuestra educación y nuestra cultura, la etiqueta “obesidad” va acompañada de una serie de prejuicios. Al ver a una persona desde esa etiqueta, con frecuencia percibimos una imagen distorsionada a través de nuestros prejuicios culturales en lugar de ver al auténtico ser humano.

Si la etiqueta de una persona se extiende lo suficiente, tal vez esa persona comience a creérsela y actuar como si fuera lo que dice su etiqueta. Ponle a un niño una etiqueta las veces suficientes y acabará convirtiéndose en ella. “Tímido” es un ejemplo muy común. Los niños a quienes se les llama así se lo creen y con frecuencia acaban convirtiéndose en jóvenes tímidos. Este efecto lo encontramos a menudo en las escuelas. Cuando los profesores etiquetan a un niño como “lento,” “problemático,” “torbellino,” o “superdotado,” la etiqueta lo acompaña pasando de curso a curso, de profesor a profesor y de profesores a compañeros de clase. El etiquetado padece lo que se conoce como el efecto pigmalión y se le comienza a ver y tratar según su etiqueta.

La verdad, por lo tanto, es que el ser humano auténtico no es el que estamos percibiendo. Lo que estamos viendo es una versión distorsionada del mismo y esa distorsión se debe a la etiqueta. Las etiquetas distorsionan nuestra comprensión y percepción de los demás seres humanos.

Es cierto que la experiencia nos puede ayudar a liberarnos de algunas etiquetas. Puede ser que yo vislumbre a la persona detrás del término en un momento dado por algo que ocurra; tal vez un acontecimiento me abra los ojos o quizá la persona haga algo que me obligue a verla a pesar de la etiqueta. Lo que ocurre en esos casos es que la etiqueta desaparece. Dejo de ver a la persona a su través. La etiqueta se desvanece.

Te animo a que pienses en las personas que conoces, en tus amistades y seres queridos en particular y te preguntes qué etiquetas les aplicas. ¿Eres capaz de verles detrás de las mismas?

Cuando conoces a alguien nuevo, ¿puedes ver a la persona y evitar etiquetarla?

Y lo que es todavía más importante, ¿te etiquetas a ti mismo? ¿Te puedes ver detrás de tus propias etiquetas?

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J.  Lockhart – humanología

www.jessicajlockhart.com


El ego también importa

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Llevo años oyendo a algunas personas culpar al “EGO” de todo y despreciarlo, aconsejando a los demás que dejen de escuchar a sus egos y que de alguna forma les hagan oídos sordos.

Sin embargo, nuestros egos desempeñan un papel fundamental en nuestras vidas. Su trabajo consiste en confirmar nuestras creencias. Y lo hacen con auténtica devoción.

Todos necesitamos tener creencias. Nuestras creencias constituyen nuestros cimientos y cada vez que se tambalean, nos tambaleamos con ellas. Sin creencias perderíamos pie. Tendríamos auténticas dificultades para tomar incluso las decisiones más pequeñas. Es por ello que necesitamos que nuestro ego confirme nuestras creencias una y otra vez. Ese es el motivo de la persistente voz del ego. Esa es su función.

El ego defenderá todas las creencias y no solo las que nos parezcan correctas. El ego no cuestiona las creencias, solo las refuerza.

Así que la próxima vez que alguien te aconseje que no tengas en cuenta a tu ego, recuerda que también precisas de él para mantenerte de pie. Cuestiona si quieres tus creencias, pero no culpes al ego de todo lo que te ocurra. El ego solo está desempeñando su importante papel. Aprecia el trabajo que hace por ti y crece con él.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart, humanología

www.jessicajlockhart.com


¿Cómo te presentas?

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Cuando alguien me pregunta quién soy, puedo responder de muchas formas diferentes…

  • Soy Jessica.
  • Soy humanóloga.
  • Soy escritora.
  • Soy un ser humano.
  • Soy madre, soy esposa, soy mujer…

Responda lo que elija responder, siempre estaré ofreciendo una verdad incompleta porque soy eso y mucho más. Dependiendo de quién me esté planteando la pregunta y de cuáles sean mis circunstancias, tal vez elija respuestas diferentes. Por ejemplo, si la persona que pregunta es un posible cliente, no le diré “soy una madre” pero sí lo haré si quién me está preguntando es el jefe de estudios en la escuela.

Quién o qué soy no se limita a una única palabra ni a un conjunto de ellas. Soy muchas cosas. Incluso aunque elija ofrecer una o varias como respuesta, seguiré si reflejar mi yo auténtico y mis palabras no implicarán que no soy también las que he callado. Yo sigo siendo quién soy. Solamente decido no compartir todo lo que soy en ese momento. Yo no soy mis circunstancias. Mis circunstancias no me definen. Responda lo que responda a la pregunta de quién soy yo, seguiré siendo todas las respuestas dichas y las no dichas.

A veces nos sentimos limitados y definidos por nuestras circunstancias: “soy un sin-techo,” “soy pobre,” “soy depresivo.” Simplemente con pronunciar esas palabras, de alguna manera nos convertimos en ellas. Cuando una persona dice “soy un desempleado,” elige esa definición de sí mismo cuando, en realidad, solo está mencionando sus circunstancias en ese momento. Es persona es mucho, mucho más que un “desempleado.”

Yo soy yo, no mis circunstancias. Cuando me presento al mundo, siempre intento reflejar quién soy y no mi situación. Si quiero hablar de mi realidad, siempre puedo decir cosas como… “en este momento me sobra algo de peso,” “estoy padeciendo algunos problemas de salud,” ahora no tengo una dirección fija.” (En lugar de “soy obesa,” “soy una enferma,” “soy una vagabunda.”)

Cuando los demás oyen nuestras respuestas, forman una imagen de nosotros en su mente. La información que reciben es la que nosotros les damos. Si tu definición de ti mismo resume tus circunstancias actuales, eso es lo que verán. No solo ahora. Cuando te vuelvan a encontrar en el futuro, también será eso lo que vean. Porque eso es lo que tú les has dicho que eres. No les has dado otra opción. No les has dado más información, tan solo un pedacito muy pequeño de tu verdad. No te sorprendas, entonces, cuando eso sea lo único que vean.

Yo soy…. refleja quiénes somos, no cómo nos sentimos ni cómo nos vemos a nosotros mismos. Así que ten cuidado la próxima vez que te presentes. Recuerda que de quien estás hablando es de TI 🙂

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com