La humanidad padece creencias limitantes

Desde hace siglos, los seres humanos perpetúan y difunden ciertas creencias limitantes que provocan actitudes y comportamientos también limitantes. Como consecuencia, la humanidad lleva siglos transmitiendo y preservando creencias que solo nos dañan como especie. En lugar de unirnos y hacernos más fuertes, nos debilitan. Solo cuando seamos capaces de identificar, cuestionar y cambiar esas creencias podrá la humanidad avanzar hacia una nueva existencia más tolerante.

Permíteme que te ofrezca un ejemplo. La mayoría de los seres humanos consideran que la suya es una de las mejores culturas del planeta, si no LA mejor. Mucha gente cree cosas como …

  • Mi cultura es la mejor del mundo.
  • Mi cultura transmite valores, principios y virtudes como ninguna otra.
  • Muchas de las tradiciones de mi cultura nos hacen mejores que los demás

Cuando un nuevo ser humano nace en una de esas culturas, aprende a despreciar las demás, aunque no tuviera capacidad de elegir dónde iba a nacer. Así, debido a esas creencias, rechazará las demás culturas y podrá llegar, incluso, a sentir una gran inseguridad o ansiedad si alguien le demuestra que está equivocado.

Así es cómo nacen los conflictos y las crisis. Muchas de esas creencias limitantes se transmiten de generación a generación. Estos son algunos otros ejemplos:

  • La cultura y la visión del mundo que he heredado son LA verdad
  • Solo quienes defienden mi cultura tienen razón
  • NOSOTROS somos los elegidos. Todos los demás son inferiores
  • Nací para ser quien soy y mi cultura me ofrece ciertos principios, visiones y creencias que me convierten en mejor que los demás
  • El máximo objetivo de la humanidad es alcanzar el éxito
  • Todo ser humano debe sobresalir en algo. Hemos de luchar e intentar siempre ser mejores
  • La vida es una carrera que debemos correr
  • La vida es dura

Cuando dos personas de culturas diferentes comparten una misma creencia, ambas están convencidas de ser superiores. Al intentar demostrar que la otra persona está equivocada, y porque ambas están convencidas de ser mejores, surge el conflicto. Intentarán demostrar al otro que tienen razón y se apoyarán para eso en la firmeza de sus creencias.

Al perpetuar ciertas creencias, también perpetuamos las limitaciones y el conflicto.

Sin embargo, las cosas no tienen por qué ser así. Los seres humanos tenemos la capacidad de elegir. Podemos decidir modificar ligeramente las creencias que transmitimos, lo suficiente para que no resulten tan limitantes. En lugar de decir, “la vida es una carrera que debemos correr” podemos transmitir, “la vida es una carrera que podemos correr.” En lugar de decir, “la cultura y la visión del mundo que he heredado son la verdad,” podemos transmitir, “la cultura y la visión del mundo que he heredado son mi verdad.” O incluso, en lugar de decir, “la vida es dura,” podemos transmitir algo como, “la vida puede ser dura o no.” Esos sencillos cambios en la forma de expresarnos abren el camino a nuevas posibilidades. Al no ser tan limitantes, damos permiso a la siguiente generación a cuestionar lo rígido de sus creencias y la opción de aceptar a los demás con más facilidad, ayudando así a la humanidad a comprenderse mejor los unos a los otros.

Yo sé que este enfoque necesitará tiempo, algunas generaciones tal vez, para convertirse en una realidad. Pero ningún camino se puede recorrer sin dar el primer paso. Y esta pequeña reflexión mía de hoy te podría ayudar a dar ese primer paso llevándote a pensar en tus propias creencias limitantes desde una perspectiva ligeramente distinta. Y si descubres que, efectivamente, alguna de tus creencias te limitan, plantéate entonces cómo las puedes cambiar al expresarlas en tu día a día ante los demás, ante tus hijos u otros niños aún en fase de desarrollo, en sociedad, ante tus compañeros y amigos; cómo puedes contribuir a sembrar una nueva semilla con una creencia menos limitante para ayudar a que se extienda por tu cultura. Cuando alguien te plantee una creencia cultural limitante, puedes también ofrecer una versión de la misma menos rígida y así abrir una pequeña puerta a la esperanza. Está en nuestras manos cambiar esas creencias paso a paso, grano a grano, palabra a palabra. Ayúdate y ayuda a las generaciones futuras a eliminar obstáculos, limitaciones y conflictos. Redefine tus creencias.

Te animo a que explores y te plantees algunas ideas más:

  • Elimina las palabras limitantes y cerradas de tus creencias: en lugar de “siempre,” “nunca,” “todos,” “nadie,” etcétera, abre las expresiones con términos menos cerrados como “en ocasiones,” “rara vez,” “en general,” “tal vez alguien,” y otras parecidas.
  • Al hablar con otras personas, sean niños o adultos, añade flexibilidad a tus expresiones. Deja siempre una puerta abierta a la duda. Al fin y al cabo, ningún ser humano lo conoce TODO ni lo ha experimentado TODO. Así, comienza siempre tus expresiones de creencias declarando que es TU creencia y que puede haber otras igualmente válidas.
  • Pregúntate a ti mismo qué te limita, qué obstáculos percibes en tu vida y revisa cómo te hablas sobre ellos. Seguro que también hacia ti mismo puedes cambiar tu manera de expresarte.
  • Al pensar en la supremacía de tu cultura, recuerda que todas las grandes culturas de la historia terminaron siendo sustituidas por otras. ¿Cuál es tu base histórica para creer que la tuya es mejor? Cuestiona tu creencia desde la base.
  • Date permiso para dudar. Y para que duden otros.
  • Busca y define creencias que te aporten cosas positivas, no negativas.
  • Date permiso para aprender y seguir creciendo.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – Humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de 4 libros y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí:


El perdón absoluto a través de la humanología

El perdón absoluto implica mucho más que un mero perdón. Cuando las personas dicen que son capaces de perdonar pero no de olvidar, con frecuencia son presas de constantes retornos a la causa de su malestar.  El perdón absoluto significa dejar marchar al dolor, a la rabia, a la tristeza… a todos los sentimientos que te invaden cada vez que recuerdas las circunstancias que no te permiten perdonar y olvidar.

De vez en cuando, algo que creíamos haber perdonando vuelve para perseguirnos. El recuerdo retorna y produce en nosotros una serie de sentimientos reminiscentes de los que experimentamos cuando se produjo el evento original. Se reproduce el dolor y la ansiedad nos envuelve. Cuantas más veces recordemos el evento, más fuertes y sólidos serán los sentimientos. Esto ocurre cuando el perdón no es absoluto.

Perdonar no implica únicamente excusar a los demás, lo que ya de por sí resulta difícil, sino lo más difícil todavía: perdonarnos a nosotros mismos. En ocasiones algunos acontecimientos provocados por otras personas a quienes perdonamos hace tiempo vuelven para perseguirnos. El motivo de que esto ocurre puede ser porque hayamos perdonado a los causantes pero no nos hayamos perdonado a nosotros mismos por nuestro papel o por nuestra inacción en aquel evento. El perdón, por lo tanto, debería llegar a todos, nosotros incluidos.

En términos de humanología, existen tres tipos de perdón, dependiendo de cómo abordemos el proceso:

  • Perdón mental, el primer y más común tipo de perdón, que implica excusar una acción porque su causa parece lógica. La “víctima” acepta los motivos que provocaron la acción y decide intelectualmente perdonar al causante. Se trata del perdón más sencillo y se suele expresar en palabras. Es válido para sentimientos no muy profundos.
  • Perdón sentimental, este segundo tipo de perdón  implica comprender los motivos que llevaron al agresor a hacer lo que hizo, pero también implica elegir concederle nuestro perdón porque así sentimos que debemos hacerlo. Decidimos perdonar de corazón. El acto como tal podría incluir algún tipo de acción física, como un abrazo, un beso, una carta o cualquier otro tipo de gesto. Este tipo de perdón es necesario cuando los sentimientos son más fuertes.
  • Perdón absoluto, tercer tipo de perdón y el más complejo. Requiere haber completado los otros dos pero también una nueva comprensión de las circunstancias o el evento que nos permita aceptar lo que ocurrió al entender que fue algo bueno para nosotros. Podría ser bueno por la lección que nos enseñó o por muchas otras causas. El perdón absoluto no es una mera cuestión de decisión o elección, sino que se alcanza a través de un proceso que debe aprenderse y ponerse en práctica de manera correcta.

El objetivo de cualquier tipo de perdón debería ser convertir los recuerdos dolorosos en mera reminiscencia libre de sentimientos. Los recuerdos que te persiguen solo desaparecerán cuando el perdón sea absoluto. Mientras tanto, los sentimientos seguirán ahí.

¿Tienes recuerdos que te persiguen, algún tipo de evento que te asalta de vez en cuando, con o sin motivo aparente? ¿Estás dispuesto a dejarlos marchar? ¿Te gustaría eliminarlos y disfrutar de una vida libre de cargas? Si ha llegado el momento y estás preparado para perdonar completamente y soltar tu carga, contrata una sesión de Perdón Absoluto conmigo. Déjame que te enseñe a manejar esos sentimientos de una vez por todas.

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Comienza por fin a disfrutar de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de 4 libros y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí:


¿No sería bonito…?

¿No sería bonito que todos los seres humanos tuvieran el derecho a ser felices y a una vida digna, solo por el hecho de nacer?
¿No sería bonito que todos los seres humanos tuvieran sus necesidades básicas cubiertas, solo por el hecho de nacer?
¿No sería bonito que todos los seres humanos fueran de verdad iguales y tuvieran las mismas oportunidades, solo por el hecho de nacer?
¿No sería bonito que todos los seres humanos tuvieran derecho a una vida en paz, solo por el hecho de nacer?

Todos los seres humanos tendrían una vivienda básica y alimentos básicos con los que nutrirse. Tendrían acceso a servicios sanitarios básicos. La educación sería del todo gratuita. Quienes quisieran más trabajarían por conseguirlo. Si alguien quisiera una casa mejor, podrá trabajar para adquirirla. Si quisieran riquezas, podrían ganárselas. Pero nadie se moriría de hambre. Nadie se moriría de sed. Ningún ser humano carecería de la asistencia sanitaria básica.

¿No sería un mundo bonito? ¿No sería bonito que todos los seres humanos merecieran ser respetados solo por el hecho de nacer?

Nacer es un milagro en sí mismo. Cuando un ser humano nace, han tenido que ocurrir millones de cosas para que esa persona sea la que es. Llegar a nacer debería ser prueba suficiente de que ese ser humano merece ser feliz y tener una vida digna.

Nuestro mundo tiene más que suficiente para proveernos de todo lo necesario y satisfacer todas nuestras necesidades básicas. Solo debemos decidir que así sea.

Creo que ha llegado el momento de llevar la humanidad hasta el siguiente nivel. Ha llegado la hora de que los seres humanos fortalezcan su especie y den el siguiente paso en su desarrollo cultural. Es tiempo de revolución. La humanidad necesita una revolución espiritual que de verdad lleve a los seres humanos hasta el siguiente nivel de crecimiento y madurez; un nivel en el que realmente las personas se preocupen de los demás como hermanos y hermanas en un mundo que nos pertenece a todos. Ha llegado el momento de evolucionar como especie avanzada y pensante.

Sí, está claro que sería bonito, ¿verdad?

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

Jessica J. Lockhart es humanóloga, autora de 4 libros y reconocida conferenciante internacional. Síguela aquí: