Mi propósito de vida es…

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Hace algunos días publiqué un artículo sobre mi Esencia Personal©, esa parte de nosotros que es única e inmutable. Hoy quiero hablarte de mi propósito de vida. Todo el mundo debería tener un propósito de vida, un propósito que constituya su objetivo máximo.

Cuando comiences a buscar tu propio propósito de vida, pregúntate qué echas de menos, de qué te gustaría tener más. ¿Quieres más amor, amistad, paz, serenidad, luz, felicidad, alegría…? Una vez decidas de qué se trata lo podrás establecer como objetivo máximo de tu vida. Así, tu propósito de vida se convertirá en tu guía. Cada decisión que adoptes de alguna manera implicará que te acerques un poco a tu meta, que de alguna manera camines en esa dirección.

Imaginemos que tu propósito de vida es “paz.” Quieres más paz. A partir de este momento, todo lo que hagas, cada interacción en la que participes, cada paso que des se dirigirán a conseguirte más paz. Cuando estés sufriendo por algo, intenta guiar tus circunstancias hacia la paz.

Tu propósito de vida da significado a cada uno de tus pasos. Al tener un propósito de vida, toda tu existencia gana en coherencia y tiene más sentido.

Te animo a que establezcas tu propósito de vida y comiences a vivirlo. Comparte cuál es conmigo a través de un mensaje. Me encantará conocerlo.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart


¿Qué ves?

DSCN2268Losma nació en una pequeña aldea de algún lugar en el mundo. Formaba parte de una familia también muy pequeña. Curiosamente, todos los miembros de su familia y todos los habitantes de la aldea creían que las mariposas son terriblemente peligrosas y transmiten enfermedades horribles.

La primera vez que Losma vio una mariposa aún era muy joven y quedó prendada de su belleza y ligereza. Estaba a punto de estirar la mano para tocar una cosa tan llena de color cuando su madre la vio y gritó presa del miedo: “¡Losma, no toques eso! Es muy peligroso.”

Asustada por el grito, la mariposa huyó volando. Losma la miró. Miró después a su madre y pensó, “No sé qué era eso. Era muy bonito. Quiero tocarlo. Pero Mamá dice que es peligroso. Y Mamá lo sabe todo.”

Unos pocos días más tarde, Losma estaba jugando en el jardín con sus muñecas cuando una mariposa se posó sobre una flor cercana. La niña recordó el miedo de su madre y se limitó a mirar al animal con curiosidad. ¡Tenía tantos colores!

“Losma.” De pronto oyó la suave voz de su padre detrás suya. “Muévete muy despacio. Levántate con cuidado y deja tus juguetes donde están. Hay una mariposa delante de ti. Es muy peligrosa. Ven hasta aquí caminando muy despacio.”

Losma miró a la mariposa una vez más y pensó, “Mamá dijo que eso es malo. Y ahora Papá me está diciendo lo mismo. Y él siempre tiene razón. Vaya, esa cosa tiene que ser muy, pero que muy mala. ¡Qué miedo!” Se levantó con mucho cuidado y caminó hacia atrás en dirección a su padre, que la estaba esperando.

Durante un tiempo Losma no volvió a ver más mariposas y pronto las olvidó. La vida siguió. Cayeron las hojas de los árboles, la aldea se cubrió de nieve y unos meses más tarde los días comenzaron a brillar con más luz. Fue en uno de esos días que Losma estaba ayudando a su madre en la huerta cuando de pronto aparecieron delante de ella dos mariposas que volaban y bailaban juntas. Losma gritó con miedo: “¡Mamá, Mamá, socorro, ayúdame! ¡Han vuelto esas cosas!” Su madre de inmediato la tomó entre sus brazos y corrió con ella hasta el interior de la casa. “Tenía razón,” pensó Losma. “Esas cosas son muy, muy malas. Más vale que las he visto y he gritado para que Mamá me salvara. ¡Son tan feas y dan tanto miedo!”

La imagen que tenía Losma de las mariposas ya era la visión del miedo. Ya no veía ninguna belleza en ellas, solo peligro.

Losma creció creyendo que las mariposas son terriblemente peligrosas. Nadie le dio nunca una opinión diferente. Losma nunca tocó una mariposa, nunca las estudió, nunca cuestionó su creencia. Hoy, Losma tiene hijos propios. Esos niños están creciendo con miedo a las mariposas.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart


El interruptor mental

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El Interruptor Mental, así es cómo llamo a esta pequeña técnica que nos sirve para enfrentarnos al miedo o a cualquier otro proceso mental negativo y superarlo. Usaré el miedo como ejemplo de cómo aplicar el Interruptor Mental. Como veras, se trata de una pequeña herramienta de uso inmediato y muy sencilla que nos ayuda a perder el miedo y a vivir una vida de mayor libertad.

El cerebro humano solo se puede concentrar en una sola cosa a la vez. Cuando se concentra en el miedo, ese miedo crece y crece hasta paralizarnos o bloquearnos.

El miedo nos llega a través de esa vocecita en nuestro cerebro que nos pregunta… ‘¿Y si…?’ (¿Y si me caigo? ¿Y si esa araña, ese ratón, ese perro… me salta encima? ¿Y si no puedo hacer esto? ¿Y si fracaso? ¿Y si…?) Esa voz nos plantea la primera pregunta “y si…” Esa pregunta provoca dudas e incertidumbre en nosotros. La segunda pregunta “y si” nos causa todavía una mayor inseguridad. Respondemos a nuestro cerebro intentando tranquilizarlo…  “todo va a ir bien, no hay ningún problema.” El cerebro nos contesta. “Claro que no, no va a ir nada bien, ¡algo terrible va a pasar!” El miedo crece. Y crece. La voz está cada vez más convencida del peligro y cada vez cobra más fuerza. Su expresión es cada vez más poderosa.

¿Has sentido alguna vez algo así? ¿Has pasado por algo parecido?

Tu conversación mental se parece a la conversación entre una madre y un niño pequeño. Cuando la madre se niega a darle algo al niño, el enfado del pequeño crece hasta convertirse en una auténtica pataleta.

Niño: Quiero chocolate.
Madre: Lo siento cariño. Ahora no puedes comer chocolate. Vamos a cenar.
Niño: ¡Quiero chocolate!
Madre: Ahora no, mi amor.
Niño: ¡¡¡Que quiero chocolate!!!!
Madre: Luego.
Niño: ¡¡¡Dame chocolate!!!! ¡¡¡Ahora!!!! ¡¡¡Quiero chocolate!!!! (gritando)

Tu cerebro hace algo parecido si le discutes su opinión.

Cerebro: Mira, una araña. ¿Y si me salta encima?
Tú: No te preocupes, no lo hará.
Cerebro: ¡Seguro que me salta encima! ¡Esa bestia me va a saltar encima y me va a hacer daño!
Tú: Relájate. Además, es muy pequeña.
Cerebro: Ni hablar, todas las arañas son malas. ¡Socorro! ¿Y si de verdad me salta encima? (El miedo crece)
Tú: Cálmate...
Cerebro: ¡No me quiero calmar! ¿Se está moviendo? ¿Estoy demasiado cerca? ¿Llega hasta aquí de un salto?  (El miedo te controla)

¿Qué puede hacer una madre para evitar esa situación? Es muy difícil calmar a un niño que está en mitad de una pataleta. De la misma manera, es muy difícil tranquilizar un cerebro dominado por el miedo.

Imagina ahora la misma situación.

Niño: Quiero chocolate.
Madre: Lo siento cariño. Ahora no puedes comer chocolate. Vamos a cenar.
Niño: ¡Quiero chocolate!
Madre: Mira, cariño, ¿has visto lo que hace ese gato?
Niño: (mirando alrededor y hablando de una manera más tranquila y centrada) ¿Qué gato?

La madre está apagando su interruptor. Está distrayendo al niño para que deje de centrar su atención en su deseo. De esa manera, su enfado no crece. La mala sensación no tiene la posibilidad de crecer y acumularse hasta llegar a dominar al pequeño. Así, ella tiene la oportunidad de manejarlo con más facilidad.

Tu cerebro puede funcionar de una manera parecida. El Interruptor Cerebral no es más que una herramienta mental que te permite distraer tu línea de pensamiento y evitar que el miedo, la rabia o cualquier otro pensamiento negativo te dominen. ¿Cómo lo apagas?

Prepara algo de antemano. Eso es MUY IMPORTANTE. No lo dejes hasta ese momento o no funcionará. Prepara un poema, una canción, una oración o un texto de cualquier tipo… algo que conozcas de memoria y que tenga una extensión mayor a cuatro frases. Por ejemplo, el estribillo de una canción. Ten ese texto presente en la cabeza. Cada vez que te llegue un pensamiento de miedo a la mente o te enfrentes de nuevo a la causa de tu temor, obliga a tu cerebro a concentrarse en ese texto. Recita las palabras de la canción. No la cantes, eso sería demasiado fácil. Repite las palabras a modo de poema. Eso hará que tu cerebro se aleje del miedo durante unos segundos. Tiempo suficiente para salir de la habitación o hacer lo que sea que necesitas hacer. Al concentrarte en tu texto, tu cerebro no lo hará en el miedo y el miedo no podrá crecer. El interruptor te dará el tiempo que necesitas para actuar.

La acción es el antídoto del miedo. Si tienes miedo de algo y ese miedo te paraliza o te bloquea, esos pocos segundos que ganas usando el Interruptor Cerebral te brindarán la pausa que necesitas para actuar: alejarte, comenzar a hablar, llamar a alguien… lo que sea.

Además (y esto también es importante) una vez consigas controlar tu miedo así durante unos segundos, celébralo. ¡Lo has conseguido! El miedo no te ha controlado. ¡Tú lo has controlado a él! Celébralo y siente tu poder. Disfruta de la buena sensación.

Si utilizas el Interruptor Cerebral varias veces, la causa de tu miedo perderá gradualmente su poder sobre ti.

Recuerda, sin embargo, que el cerebro es muy poderoso. Intentará volver a sus viejas rutinas. Para evitarlo, asegúrate que el texto que preparas tiene la suficiente extensión para darte unos segundos y lo suficientemente difícil como para exigirte que te concentres en él. Si solo te concentras a medias, tu cerebro se volverá a colar y a hablarte del miedo. El truco consiste en apagar el interruptor completamente y no dejar lugar alguno al miedo. El Interruptor Mental solo funciona cuando tu mente está COMPLETAMENTE concentrada en el texto.

Prepara tu texto y la próxima vez que el miedo, la ira o la desesperación intentan bloquearte, apaga tu Interruptor Mental. Libérate de esos sentimientos negativos.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart