El pensamiento positivo

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Susana: ‘¡Oh, no! ¡Otra vez no! ¡Otro feo día de invierno, mojado y gris! ¡No lo aguanto! Me voy a congelar y no voy a poder salir. Odio el invierno.’

Eulalia: ‘¡Qué bien, está nevando! ¡Igual podemos ir a esquiar este fin de semana! Qué felicidad tan grande. No podía estar más contenta.’

La realidad es. Está nevando. Pero para estas dos personas, la misma realidad significa cosas opuestas. Eso se debe a que la interpretan de maneras diferentes.

Imaginemos ahora que Susana tiene que salir de casa. No le apetecerá. Toda la movida de tener que prepararse y salir por la puerta la pone de mal humor. En este momento, no le gusta el mundo. Saldrá de la casa en un estado de ánimo muy gris.

Cuando Eulalia salga de casa, probablemente lo haga dando saltos, contenta como una chiquilla, y más que dispuesta a tocar la blanca nieve esponjosa. Salir de casa será para ella una experiencia placentera.

Algunas personas critican el pensamiento positivo porque dicen que es un sinónimo de hacerse ilusiones sin fundamento pero cuando comparo a Susana y Eulalia, para mí está muy claro que la segunda va a tener un mejor día que la primera. Si, por otro lado, Susana hiciera el esfuerzo de buscar lo bueno en esta situación negativa, tal vez consiguiera salir de casa en un estado de ánimo más ligero y alegre. Veamos cómo podría ocurrir algo así:

Susana:’¡Oh, no! ¡Otra vez no! ¡Otro feo día de invierno, mojado y gris! Más me vale empezar a buscar algo bueno en todo esto antes de que se me amargue el día. ¿Qué podría ser? ¿Tiene algo de positivo esta situación? ¿Cómo me puede dar algo decente un tiempo tan horrible? Tengo que buscar los pros de este clima. Ha nevado. Eso no lo puedo cambiar. Pero igual lo puedo disfrutar. Tal vez me pueda poner algo bonito y caliente. Y me puedo ir a tomar una buena taza de chocolate caliente esta tarde. Es un día perfecto para sacar fotos. No habrá tanta gente, así que tendré un día más fácil en el trabajo. Bueno, parece que las piezas empiezan a encajar… Podría llamar a María y quedar con ella para tomarnos un chocolate en la ciudad. Y como no habrá tanta gente, igual puedo salir antes de lo habitual. También podríamos sacarnos unas fotos. ¡Qué bien, ya tengo un plan para hoy!’

Aunque no suene a un gran avance, Susana sale de la casa de mejor humor. Se da a sí misma la oportunidad de disfrutar de lo que sería un día feo de otra manera. En su estado de ánimo anterior, el día ya iba a empezar con un tono negativo. Ahora comienza con vibraciones más positivas y unas mejores expectativas.

Nada ha cambiado. Aunque todavía está todo nevado y mojado, Susana no se siente tan enfadada o triste. Y no es que se esté engañando ni nada por el estilo. No niega el hecho de que haya nieve y que la nieve esté mojada. Solo ha decidido no centrar su atención en esos aspectos negativos sino en otros más positivos. La realidad es. Pero cada uno de nosotros elige cómo verla.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart


Stories/Historias

 

Enjoy life/Disfruta de la vida,

Jessica J. Lockhart

(P.S. Con subtítulos en español)


Juzgar…

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A menudo nos declaramos jueces de los demás. Pensamos, creemos firmemente, que tenemos el conocimiento y la capacidad de juzgar lo que hacen o dicen los demás. Pero yo no estoy de acuerdo. Creo que solo nos podemos juzgar a nosotros mismos. Déjame que te explique por qué…

Dos mujeres coincidieron sentadas en un banco de un parque una cálida tarde de verano. Ambas tenían un cochecito de bebés y ambas criaturas estaban llorando desconsoladamente. Ambas tomaron a sus bebés en brazos y comenzaron a darles de comer. Una de las madres se llevó el bebé al pecho y la otra le acercó el biberón a la boca. 

La madre que estaba dando el pecho miró a la otra con el ceño fruncido. “¡Biberón!” pensó. “¡Qué madre más perezosa! ¿No le preocupa su bebé? ¿No sabe que dar el pecho es mucho mejor para ambos?”

La segunda madre ni siquiera vio el gesto en la cara de la otra mujer. Pensaba serenamente: “Estoy tan feliz de tenerte conmigo, pequeña. Ni siquiera perder los pechos por el cáncer me importa ya porque tú estás aquí.”

Juzgamos el mundo según nuestro conocimiento y nuestra experiencia. Nuestro conocimiento y nuestra experiencia son únicos y nuestros. No tenemos forma de conocer las circunstancias, el conocimiento ni la experiencia de los demás. Cuando juzgamos a los demás lo hacemos desde nuestro conocimiento y nuestra experiencia a la par que desconocemos los suyos y sus circunstancias.

Todos hacemos lo que creemos que es lo mejor según nuestras circunstancias. Nadie comete errores solo por el mero hecho de cometerlos. Así, la próxima vez que estés a punto de juzgar a alguien, recuerda que no dispones de todas las piezas de su rompecabezas personal.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockh