Reaccionar o responder

Algo ocurre y reaccionas. No tienes tiempo para pensar ni medir qué dices o haces. Simplemente reaccionas. Y con frecuencia lo haces sin ver a la persona con quien estás interactuando. Déjame que te dé un ejemplo.

Camino por la calle y un hombre que pasa a mi lado me golpea con fuerza. Mi primera reacción es gritarle que mire por dónde va y que tenga más cuidado. ¿Cuál es el sentimiento que hay detrás de mi reacción? La ira. Eso es lo que me está guiando. Y es muy probable que ni siquiera haya mirado al hombre.

Pero ahora lo hago. Y me doy cuenta de que es ciego y camina con bastón. Me siento fatal. Me disculpo. Pero el hombre está muy molesto.

Cada vez que reaccionamos guiados por nuestros sentimientos, nuestro corazón está ciego ante la otra persona. Estamos reaccionando, no respondiendo.

Cada vez que tratemos con seres humanos las cosas nos irán mucho mejor si somos capaces de verlos como seres humanos a pesar de nuestros sentimientos y les respondemos a ellos en lugar de reaccionar.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart

P.D.: DIFUNDE OPTIMISMO. ¡Gracias!


¿Dónde vas?

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Como madre a menudo me pregunto si lo estoy haciendo bien, si estoy guiando a mis hijos por el camino correcto. Y la duda me sobrecoge. ¿Y si los estoy guiando mal? ¿Y si no estoy haciendo lo correcto? ¿Y si mis decisiones están equivocadas?

Imagino todo tipo de desastres y consecuencias negativas por las decisiones que tomo y por lo que les transmito. Analizo cada decisión una y otra vez intentando estar segura de que es la correcta para evitar que mis hijos tengan complicaciones en el futuro.

Cada vez que me vienen a pedir consejo vuelvo a cuestionar mi conocimiento y mi capacidad para guiarlos. ¡Tengo tantas dudas!

Esto es lo que me contó una cliente durante una de sus sesiones de coaching conmigo. Como es habitual, su preocupación se transformaba en preguntas del tipo “¿Y si…?” que la paralizaban y hacían sufrir terriblemente. “Detengámonos un minuto y veamos dónde intentas ir tú,” fue mi respuesta. “¿Cómo puedes guiar a nadie si tú misma no sabes dónde vas?”

Juntas comentamos sus metas y sueños y, sobre todo, sus creencias. Descubrió que una de sus creencias más arraigadas es que debe tener respuestas para todo y que con ellas debe dirigir las vidas de sus hijos; precisamente el motivo que le empujaba con tanta fuerza a guiarlos de manera correcta en todo momento. De inmediato se dio cuenta de dónde venía esa creencia y cómo afectaba a su relación con su familia. Una vez comprendió que la creencia estaba dirigiendo su vida en lugar de ser ella quien guiara a sus creencias, mi cliente decidió que esa creencia en particular la limitaba en vez de darle poder con sus hijos y definió una nueva creencia más flexible para sí misma.

La nueva creencia le ayudó a comprender que no necesita tener todas las respuestas. Sabe qué quiere y dónde va en términos generales pero su camino no está esculpido en piedra. Ahora tiene espacio para mostrarse flexible y maniobrar, lo que también ha pasado a formar parte de su relación con su familia. Cuando hoy le preguntan sus hijos a veces puede responder con sinceridad, “no lo sé pero no importa” y sentirse bien con su respuesta. Comprendió que saber exactamente dónde va no es una obligación para educar a sus hijos, siempre que disfrute de dónde está en este momento y no tema al futuro.

No necesitamos todas las respuestas. No hemos nacido para ser la fuente de todo saber. Estamos aquí para caminar y crecer juntos. Y los destinos pueden cambiar por el camino. Disfruta de dónde estés yendo con aquellos que vayan contigo y ten la suficiente flexibilidad para cambiar de dirección cuando la vida te muestre una vía mejor.

Disfruta de la vida… de toda ella, J.

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Negatividad o positividad, ¿con cuál te quedas?

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Se ha demostrado científicamente que el optimismo y el pensamiento positivo tienen como resultado vidas más largas, más sanas y más satisfactorias (ver también mis artículos sobre optimismo para obtener más detalles.) Ahora también existen pruebas científicas de que la negatividad produce enfermedades y daña las células de nuestro cuerpo.

Nuestros cerebros tienen la capacidad de convertir nuestros pensamientos en realidad. Un ejemplo muy sencillo es el siguiente: cuando yo tenía miedo a las arañas creía que me las iba a encontrar cada vez que entrara en una habitación donde las hubiera. Y así era. Mi cerebro se aseguraba de que lo hiciera llevándome de manera automática y subconsciente a mirar en cada rincón de las habitaciones en las que entraba. Como resultado, siempre las veía antes que ninguna otra persona (porque a ellas no se les ocurría mirar.) Un sencillo truco de mi mente que me hizo sufrir de mucho miedo indeseado. De esa forma, lo que pensaba se convertía en realidad.

Cuando pensamos en cosas positivas, ocurren con más frecuencia. Cuando pensamos en cosas negativas, ocurren con más frecuencia. Se trata del efecto placebo/nocebo. Cree en algo de verdad y ocurrirá a menudo, tanto cosas positivas como negativas.

Los pensamientos negativos provocan miedo, preocupación, tristeza… que se traducen en mayores niveles de estrés. Cuando el cuerpo se estresa, libera cortisol para prepararse a luchar contra aquello que lo esté amenazando. La mente no distingue entre las amenazas reales y las imaginadas, por lo que libera cortisol y otros productos químicos en ambos casos. Ese cortisol en la corriente sanguínea entre otras cosas eleva nuestra presión arterial y provoca problemas de salud a largo plazo como migrañas, problemas musculares y digestivos, etc.

Además, según muchos científicos, los pensamientos y las emociones negativas inhiben la transmisión de señales entre el sistema central nervioso y el cerebro. Esto puede tener como resultado problemas de salud añadidos.

También se ha demostrado que el miedo y la preocupación reducen la actividad del cerebelo y evita que procesemos completamente la nueva información que recibimos a la par que afecta a nuestra capacidad para resolver problemas de manera creativa. El miedo y la preocupación también pueden afectar al lóbulo temporal que controla los estados de ánimo, la memoria y muchas cosas más. 

Y por último, aunque no por ello menos importante, el cerebro crea y almacena caminos y conexiones neuronales. Cuantos más caminos y conexiones negativos utilices, más se fortalecerán. Cuantos más caminos y conexiones positivos utilices, más se fortalecerán.

Entonces, ¿cuál va a ser? Como en todo, de ti depende. Decide ser más feliz.

Disfruta de la vida… de toda ella, J.

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