Dolor o sufrimiento

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El dolor y el sufrimiento no son lo mismo. Uno de ellos se puede evitar…

“Recuerdo la pelea. ¿Cómo la podría olvidar? Fue terrible. ¡Con las cosas que me dijo! ¡El odio que había en sus ojos! Después de tantos años en silencio, guardándolo todo dentro, ya no pudo callar. Y salió todo. ¡Qué dolor! El dolor de aquellas palabras y aquellas miradas me atravesó como un relámpago, me robó el aire como si me hubiesen dado un puñetazo en el estómago. Sin embargo, ella no me tocó en ningún momento, tan solo con sus palabras. ¿Cómo me podía odiar tanto?

Unas horas más tarde me sentía aturdida. El dolor agudo provocado por su inesperado ataque se había ido apagando poco a poco y quedaba una sensación de tristeza y decepción.

Hoy, casi veinte años más tarde, todavía sufro por aquella pelea y por el dolor que me hizo sentir. Cada vez que recuerdo la mirada en sus ojos, el sufrimiento vuelve. Cada vez que recuerdo el odio en sus palabras, el sufrimiento crece y me engulle.

Ya no hay dolor, dolor como tal. Ya no tengo la sensación de que algo me quema o me desgarra por dentro. Ya no me falta el aire ni siento una presión palpitándome detrás de los ojos. Pero la tristeza, la decepción, la sorpresa que siento cada vez que recuerdo aquel día se combinan en un sufrimiento que persiste.’

Como en el ejemplo que hoy comparto contigo, el dolor se produce en un instante. Si así lo decidiéramos, el sufrimiento podría durar para siempre. El sufrimiento es la historia que nos contamos sobre el dolor. Una vez desaparece el dolor, volver a contar la historia a otras personas o a nosotros mismos nos lo hace sentir de nuevo en forma de sufrimiento. En este caso, la persona está sufriendo al recordar algo que ocurrió hace 20 años. No pudo detener el dolor entonces pero sí puede decidir detener el sufrimiento ahora.

Para detener el sufrimiento, una persona puede decidir dejar de repetir la historia a los demás o a sí mismo o interpretarla de una manera diferente. Podría, por ejemplo, decidir contarse la historia pero desde el punto de vista de lo que hubiese aprendido de ella o cómo le ayudó a evitar otras situaciones similares. Incluso podría contársela desde la perspectiva de lo agradecida que se siente por haberle ayudado a evitar cometer el mismo error 🙂 La interpretación depende únicamente de cada uno de nosotros.

Una vez nos damos cuenta de que estamos sufriendo, depende de nosotros poner fecha de caducidad a ese sufrimiento para detenerlo para siempre.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com


Déjalos marchar

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Hay muchas personas que creen que conocemos a otras personas y seres porque tienen algo que enseñarnos y nosotros tenemos algo que enseñarles también. Además creen que esas personas y seres que conocemos salen de nuestras vidas cuando el aprendizaje está hecho. Como resultado, se produce una transformación.

Cuando miro atrás y analizo qué personas y seres se han ido de mi vida de una manera u otra, me doy cuenta de que sí aprendí algo de cada uno de ellos. Y no me refiero solo a las personas y seres que han fallecido, sino también a aquellos con quienes coincidí en la vida y de alguna forma perdí.

Te voy a dar algunos ejemplos:

Mi amigo Alberto me enseñó a valorarme a mí misma. Murió hace muchos años pero su enseñanza me ayudó a convertirme en quien soy hoy. Gracias, Alberto.

Mi padre me enseñó el valor del trabajo y a cuestionarlo todo en la vida. También murió hace algunos años. Gracias, Papá.

Cuando era adolescente tenía una amiga. Se llamaba Conchi y tenía una dura vida familiar. De ella aprendí la resiliencia. Perdimos el contacto cuando me fui a vivir a EEUU con 18 años. Gracias, Conchi.

Mis perros Beltza, Cricket, Tristán y Gaudí me enseñaron qué significa amar incondicionalmente. ¡Gracias para siempre!

Una vez conocí a una Vero que me enseñó a aceptar a las personas como son aunque no sienta amor por ellas. ¡Gracias!

Y a ti, ¿qué te han enseñado?

La próxima vez que alguien salga de tu vida, pregúntate qué te ha dado esa persona o ser y qué le has dado tú. No cambiará el hecho de que se vayan pero espero que así encuentres un poquito más de sentido a la vida.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com


Invencible o invulnerable

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Todos nos hemos sentido heridos por alguna persona en algún momento de nuestras vidas. Para que no nos vuelvan a herir, con frecuencia nos volvemos invencibles. Pero yo creo que deberíamos convertirnos en invulnerables, no en invencibles. Déjame que te cuente una historia…

Una amiga sufrió una traición amorosa siendo muy joven. Entonces decidió que no le volverían a hacer daño. Cada vez que conocía a un hombre, se “enamoraba” y después saboteaba la relación para evitar que le pudieran volver a hacer daño. Obviamente, ella no fue consciente de su propio auto-sabotaje hasta que lo hablamos y lo vio. El problema era que había decidido volverse invencible, es decir, no dejar que nada ni nadie le pudiera volver a herir en lugar de volverse invulnerable, es decir, convertirse en inmune al dolor provocado por los demás.

Cuando eres invencible, te cierras al mundo y creas un escudo de protección a tu alrededor.

Cuando eres invulnerable, dejas que el dolor pase por ti sin quedarse en tu interior, sin llegar a tocarte.

Si decides convertirte en invencible, tal vez no vuelvas a sufrir, no vuelvas a sentir lo que te hacen los demás. Pero tendrás que resistirte a sus acciones y protegerte de manera constante. Deberás mantener el escudo levantado todo el tiempo y eso te costará un esfuerzo.

Si decides convertirte en invulnerable, los ataques de los demás pasarán por ti sin dejar huella. Tú dejarás que te crucen sin detenerse. Tú tendrás las riendas. Habrás decidido que no hay nada que te pueda hacer daño pero no porque lo vayas a detener antes de que te alcance sino porque estás dispuesto a aceptar lo que la gente diga o haga sin que te afecte.

Ser invencible te aísla. Ser invulnerable te libera.

Al convertirte en invencible detienes tus sentimientos. Al convertirte en invencible admites tus sentimientos y decides que no tienen el poder de hacerte daño.

Si quieres ser más feliz, elige ser invulnerable y no invencible 🙂

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com