¿Cómo te presentas?

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Cuando alguien me pregunta quién soy, puedo responder de muchas maneras diferentes…

  • Soy Jessica.
  • Soy escritora.
  • Soy coach.
  • Soy un ser humano.
  • Soy madre, soy mujer…

Y siempre estaré contando una verdad a medias porque soy todo eso y mucho más. Dependiendo en quién esté haciendo la pregunta y las circunstancias que nos rodeen, tal vez elija una respuesta u otra. Por ejemplo, si quien me lo pregunta es un posible cliente, está claro que no responderé “soy una madre,” aunque esa sí sería mis respuesta si quien preguntara fuese el jefe de estudios del colegio.

Qué o quién soy no se limita a una única palabra ni a un puñado de ellas. Soy muchas cosas. Elijo mostrar o transmitir una o varias de ellas dependiendo de las circunstancias en las que me encuentre. Pero eso no significa que no sea las demás en ese momento. Las sigo siendo. Es tan solo que he elegido no compartirlas entonces. Eso significa que yo no soy las circunstancias que me rodean. Independientemente de cómo responda a esa pregunta, yo sigo siendo también todo lo demás.

A veces nos sentimos limitados y definidos por nuestras circunstancias: “soy un sintecho,” “soy pobre,” “soy depresivo.” El mero hecho de pronunciar esas palabras de alguna forma nos convierte en ellas. Cuando una persona dice “soy obesa,” está eligiendo esa definición cuando, en realidad, solo está mencionando las circunstancias en ese momento. Es persona es mucho más que “obesa.” Es mucho más que sus circunstancias.

Yo soy yo. Yo no soy mis circunstancias. Cuando me presento al mundo, siempre intento reflejar qué soy, no mis circunstancias. Si quiero hablar de mis circunstancias, siempre puedo decir algo parecido a… “En este momento tengo sobrepeso,” “en la actualidad padezco alguna enfermedad,” “ahora mismo no tengo dirección,”  en lugar de “soy obesa,” “soy un enfermo,” “soy un sintecho.”

Soy… refleja quiénes somos, no cómo nos sentimos o cómo nos vemos. Así que la próxima vez que te vayas a presentar, ten cuidado. Recuerda que de quien estás hablando es de ti 🙂

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com


La felicidad…

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Para ti, ¿qué es la felicidad? ¿Se trata de ausencia de tristeza? ¿Es cuestión de reírse mucho? ¿O dirías que la felicidad es estar en paz contigo mismo y con el mundo?

Felicidad es algo que significa cosas distintas para cada uno. Todas sus definiciones son válidas y no existe ningún tipo de “felicidad mala.”

Lo único que importa es ser feliz. Creo firmemente que nacemos para ser felices (sea lo que sea que eso signifique para cada uno.)  Sin embargo, muchos de nosotros crecemos con la creencia de que está mal ser felices. ¿Cuántas personas conoces que creen que les va a pasar algo malo porque “se sienten demasiado bien” o “todo es demasiado bueno para ser verdad”? En algunas culturas más que en otras, demostrar felicidad abiertamente es incluso una pequeña grosería. No te rías tan alto, no sonrías tanto o de forma tan abierta, no presumas de lo bien que te van las cosas… ¡Eso sí que es triste!

Nos hemos acostumbrado a quejarnos y a buscar decepciones y se nos ha olvidado disfrutar y celebrar. Es tan normal para nosotros lamentarnos por lo que no tenemos que dejamos de sentirnos felices por lo que sí tenemos.

Cuando los niños son bastante pequeños, hasta una edad de aproximadamente cuatro años, cada día, cada momento constituye para ellos una oportunidad de disfrutar y ser felices. Cada mañana, al despertarse, los niños encaran el mundo con un gran optimismo y con la certeza de que el día va a llegar cargado de aventuras, diversión y nuevos descubrimientos. Hasta que empiezan a aprender eso de “vuelve a poner los pies sobre el suelo,” “baja de las nubes.”

Yo defiendo que la vida sigue siendo ese lugar feliz lleno de felicidad… si nos damos permiso para encontrarla y experimentarla. Cada día te llega con algo nuevo. Cómo te lo tomes será lo que te haga feliz o no. Cada día es una promesa de nuevas aventuras y nuevos momentos e instantes. Si decides disfrutarlos o dejar que pasen depende de ti.

De una forma u otra muchos de nosotros nos negamos el permiso a ser felices. Siento lástima por esas personas que no se lo dan. La vida es un lugar muchísimo mejor, más agradable y más feliz cuando nos damos permiso para disfrutarlo y ser felices. Recuerda, solo es cuestión de elegir… y eliges tú.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com


Dolor o sufrimiento

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El dolor y el sufrimiento no son lo mismo. Uno de ellos se puede evitar…

“Recuerdo la pelea. ¿Cómo la podría olvidar? Fue terrible. ¡Con las cosas que me dijo! ¡El odio que había en sus ojos! Después de tantos años en silencio, guardándolo todo dentro, ya no pudo callar. Y salió todo. ¡Qué dolor! El dolor de aquellas palabras y aquellas miradas me atravesó como un relámpago, me robó el aire como si me hubiesen dado un puñetazo en el estómago. Sin embargo, ella no me tocó en ningún momento, tan solo con sus palabras. ¿Cómo me podía odiar tanto?

Unas horas más tarde me sentía aturdida. El dolor agudo provocado por su inesperado ataque se había ido apagando poco a poco y quedaba una sensación de tristeza y decepción.

Hoy, casi veinte años más tarde, todavía sufro por aquella pelea y por el dolor que me hizo sentir. Cada vez que recuerdo la mirada en sus ojos, el sufrimiento vuelve. Cada vez que recuerdo el odio en sus palabras, el sufrimiento crece y me engulle.

Ya no hay dolor, dolor como tal. Ya no tengo la sensación de que algo me quema o me desgarra por dentro. Ya no me falta el aire ni siento una presión palpitándome detrás de los ojos. Pero la tristeza, la decepción, la sorpresa que siento cada vez que recuerdo aquel día se combinan en un sufrimiento que persiste.’

Como en el ejemplo que hoy comparto contigo, el dolor se produce en un instante. Si así lo decidiéramos, el sufrimiento podría durar para siempre. El sufrimiento es la historia que nos contamos sobre el dolor. Una vez desaparece el dolor, volver a contar la historia a otras personas o a nosotros mismos nos lo hace sentir de nuevo en forma de sufrimiento. En este caso, la persona está sufriendo al recordar algo que ocurrió hace 20 años. No pudo detener el dolor entonces pero sí puede decidir detener el sufrimiento ahora.

Para detener el sufrimiento, una persona puede decidir dejar de repetir la historia a los demás o a sí mismo o interpretarla de una manera diferente. Podría, por ejemplo, decidir contarse la historia pero desde el punto de vista de lo que hubiese aprendido de ella o cómo le ayudó a evitar otras situaciones similares. Incluso podría contársela desde la perspectiva de lo agradecida que se siente por haberle ayudado a evitar cometer el mismo error 🙂 La interpretación depende únicamente de cada uno de nosotros.

Una vez nos damos cuenta de que estamos sufriendo, depende de nosotros poner fecha de caducidad a ese sufrimiento para detenerlo para siempre.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com