Hoy me amo más

Hace unos días estaba charlando con algunos de mis clientes durante un taller. Comentábamos posibles maneras de aprender a querernos mejor. El tema suscitó tanto interés que he decidido compartir aquí contigo las ideas que les di. Úsalas todas o solo algunas, con total libertad. Aunque provocan un efecto acumulado, también se pueden utilizar una cada vez. Disfruta de quererte más a partir de ahora.

Alábate

Toma un pedazo de papel y, por una vez, haz el esfuerzo de definir que TE GUSTA de ti como ser humano, en lugar de buscar aquello que crees que debes cambiar/mejorar. Identifica 3 aspectos que te gustan en cada uno de estos terrenos:

físico – define 3 cosas que te gusten de tu cuerpo, incluyendo cosas como tu rostro, tu cabello, tu forma de caminar, tu altura, tu postura… lo que sea .

sentimental – define 3 características tuyas que te gusten: generosidad, esfuerzo, sensibilidad… lo que sea.

capacidades – define 3 destrezas que tienes y te gustan: buena escritura, buena capacidad de organización, aprendes rápido… lo que sea.

Cada mañana después de desayunar y cada noche antes de acostarte, mírate en el espejo, búscate en lo profundo de tu mirada y recuérdate esas 9 características tuyas que sí te gustan. Alábalas. Alábate por tenerlas. Recuerda que hay POR LO MENOS 9 cosas en ti que sí te gustan. Celébralas.

Tal vez te resulte difícil, sobre todo al principio, ya que estamos acostumbrados a hacer justamente lo contrario, a buscar los fallos, los defectos y demás. Pero inténtalo. Date un respiro e intenta verte con justicia; deja de buscar SOLO lo malo que hay en ti y comienza a buscar y alabar lo BUENO.

Identifica y mejora tu modelo. 

Antes de nada, pregúntate quién fue tu maestro. ¿De quién aprendiste a amarte como ser humano? ¿Lo aprendiste de tus padres? ¿De alguna amistad? La mayoría de nosotros aprendemos imitando modelos, aunque sea de manera inconsciente. Una vez identifiques de quién aprendiste, pregúntate si te gusta cómo se quería esa persona. ¿Es ese el tipo de amor que quieres darte? Si lo es, ¿puedes mejorar el mecanismo? Si no lo es, ¿no puedes encontrar un modelo mejor al que imitar? El modelo no tiene por qué ser una persona que conozcas; también podría tratarse de un personaje en un libro o en una película. Sí, ya sé que entonces tal vez no sean “reales,” pero aún así estarán personificando el tipo de amor que deseas darte. Céntrate en eso y aprende qué es lo que hacen para transmitir ese amor. Al fin y al cabo, tú solo quieres aprender a quererte mejor.

Cambia tus “sí peros”

Si eres como muchas otras personas, tu mente de inmediato buscará algún tipo de fallo en ti para contrarrestar cualquier comentario positivo que puedas recibir. Por ejemplo, si alguien dice algo agradable sobre tu cabello o sobre tu ropa hoy, tu mente de inmediato puede recordarte que… “sí, pero aunque hoy haya quedado decente, suele estar horrible,” o “sí, pero mira mi nariz; ni el mejor corte de pelo del mundo podría ocultar esa cosa tan fea en mi cara,” o algo parecido. ¿Te suena familiar?

Te desafío a que conviertas tus “sí peros” en lo contrario. Cada vez que escuches O PIENSES algo negativo sobre ti, intenta realizar un esfuerzo consciente y di, piensa o repite un “sí, pero” en sentido positivo. Ejemplo: piensas, “¡qué horrible me ha quedado hoy el cabello!” (algo que normalmente te haría sentir mal durante un tiempo desde que el pensamiento cruza tu mente.) Esta vez quiero que te contestes “sí pero” de una manera positiva… “sí, pero creo que el maquillaje me ha quedado pasable,” o “sí, pero el tono de mi camiseta queda bien con el de mi piel,” o cualquier otra cosa que termine ese proceso mental con una nota positiva.

Nuestros cerebros siguen las rutas establecidas. Creemos nuestras nuevas rutas.

Valora tus acciones.

Si ya comenzaste a aplicar la primera recomendación, ya deberías estar valorando 9 cosas positivas en ti. Ahora quiero que también sientas gratitud. Cada noche, antes de dormir, piensa en 3 cosas que hayas hecho bien ese día. Valora tu trabajo o tu contribución. Celebra haber hecho lo que hiciste y felicítate por ello. Siente gratitud por todo aquello que te llevó a poder ser capaz de hacer lo que hiciste. Siente gratitud por las personas que lo hicieron posible, por tus destrezas, conocimiento o habilidades, por haber estado en el sitio correcto, por haber decidido hacer lo que fuera que hiciste… Siente gratitud por ser quien eres. La gratitud es un sentimiento muy poderoso que lleva a nuestros cerebros a liberar dopamina, una sustancia que reduce la ansiedad, mejora el estado de ánimo y aumenta los niveles de energía y motivación.

Regálate esperanza.

Otra herramienta, pequeña pero poderosa, para querernos mejor es regalarnos esperanza. Por las noches, después de sentir gratitud por lo que hayas hecho, date permiso para soñar. Y no me refiero dormido. Antes de dejarte arrastrar a los brazos de Morfeo pero una vez ya estés en la cama, quiero que sueñes despierto. La única regla que te propongo es que los sueños sean positivos. Si hay algún pensamiento negativo que intenta entrar en tu mente, haz el esfuerzo consciente de sustituirlo y volver a tus ensoñaciones alegres. Imagina las cosas buenas que te van a ocurrir mañana o dentro de una semana. Visualiza tus sueños. Imagínalos con gran detalle y con la diversión de un artista que está creando un mundo mágico. Permítete a ti mismo disfrutar de la sensación agradable; después de todo, solo está en tu imaginación. Aunque… ¡tu cerebro eso no lo sabe! Cuando hacemos el esfuerzo consciente de imaginar e intentar experimentar sentimientos felices, nuestro cerebro se cree el “sueño” y comienza a liberar productos químicos en nuestra corriente sanguínea que nos hacen sentir bien: endorfinas, oxitocinas, etc. Como consecuencia, nuestros cuerpos se relajan y no solo podemos dormir mejor, lo que ya de por sí es un importante regalo, sino que además nuestro cerebro descubre una vez más nuevos caminos hacia sensaciones felices. Considera este tiempo un regalo que te haces. No soñamos despiertos para crear una nueva realidad; ese no es el poder que estamos intentando utilizar. El objetivo es disfrutar de un rato agradable y lleno de esperanza, que permita a nuestras mentes desconectar y hacernos sentir bien con la vida.

Estos cinco sencillos ejercicios te ayudarán de manera gradual a quererte mejor. Si te quieres mejor, comenzarás a tener mejores sentimientos respecto a tu persona y, como consecuencia, respecto al mundo. Pronto todo irá mejor en general. Después de todo, no podemos cambiar el mundo sin cambiarnos primero a nosotros mismos.

Elige el tipo de vida que quieres vivir. Elige quererte primero y los demás verán ese amor en ti.

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

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¡Detente y ámate!

¿Con cuánta frecuencia te criticas o castigas por no ser “perfecto” o “lo suficientemente bueno”? ¿Cada día? ¿Cada Semana? ¿De vez en cuando? ¿Cuán persistente es esa vocecita que oyes en tu cabeza y que te recuerda cuáles son tus errores, tus fallos, tus defectos o tus faltas? ¿Hasta qué punto te muestras dispuesto a escuchar a los demás, amigos y enemigos, cuando te juzgan o de alguna manera te desaprueban? ¿Cuántos son los días en los que te miras en el espejo e intentas evitar verte de verdad?

Y ahora, ¿con cuánta frecuencia te alabas? ¿Cuándo te permites de verdad disfrutar de quien eres y de lo que sientes? ¿Con cuánta frecuencia te miras y permites que tus pensamientos vaguen felices en torno a lo bueno que hay en ti o al ser maravilloso que eres? ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste satisfecho con tu imagen? ¿Y la última vez que sentiste que eras lo suficientemente bueno?

La nuestra es una cultura de mejora continua y búsqueda de la excelencia. Como resultado de ello, nunca nos sentimos satisfechos. Siempre queremos más, mejor o diferente. Además, la mayoría de las culturas del mundo consideran el orgullo, la satisfacción y la valoración propia características negativas en un ser humano. Aquellos que se gustan a sí mismos y lo reconocen públicamente son considerados presumidos, narcisistas y vanos y se les recomienda que “reflexione acerca de sus defectos para convertirse en mejores seres humanos”! Así se nos enseña a buscar constantemente lo malo para “mejorarnos a nosotros mismos.” Desde la más temprana infancia recibimos mensajes que nos animan a buscar de forma crítica nuestros “defectos” para corregirlos y llegar a ser “mejores personas.” Como consecuencia, siempre nos sentimos incompletos y buscamos una y otra vez maneras nuevas de superarnos.

No resulta entonces sorprendente que haya tantas personas que no se gustan a sí mismas. ¡Se nos enseña a hacerlo! Nos dicen que eso es lo que hacen las “buenas” personas. Y lo tenemos tan grabado en nuestro interior que ni siquiera nos damos cuenta con cuánta fuerza saboteamos nuestra propia felicidad y el amor por nosotros mismos. La lección que aprendemos de niños es: no te atrevas a quererte o te considerarán presumido y presuntuoso, y no un buen ser humano. Es la misma lección que hoy estamos enseñando a nuestros propios hijos…

Esa lección pasa a formar parte de nuestra identidad, de nuestros principios y de nuestros valores. Dejamos de querernos porque se nos enseña a buscar una mejora continua, a no conformarnos nunca con lo que ya somos, ya que eso que somos ahora NUNCA será perfecto ni debería darse por bueno. ¡Madre mía! ¡Qué mensaje más terrible y destructivo! No te puedes imaginar las docenas de clientes que vienen a mí solo por esta creencia que les limita. “No soy lo suficientemente bueno.” Y nunca lo serán, si siguen buscando constantes mejoras. El mero hecho de buscar mejoras automáticamente implica alguna imperfección, ¿o no?

No hay equilibrio. La búsqueda de una mejora continua no nos permite aceptarnos a nosotros mismos. ¿Cómo podemos aceptarnos, y menos aún querernos, si siempre estamos buscando maneras de mejorar, de perfeccionar los seres que somos porque no hay manera de ser suficiente?

Sin embargo, las creencias son algo personal. Creer algo es cuestión de elección. ¿Elegiste tú creer que no eras lo suficientemente bueno? Sí, en tu infancia probablemente elegiste creerlo porque fue lo que aprendiste en casa o en la escuela. Pero las elecciones no tienen fecha de caducidad. Puedes cuestionar cualquiera de tus creencias actuales y decidir si la quieres mantener o la quieres eliminar. Te animo a que hagas exactamente eso. Pregúntate qué crees y decide entonces si quieres seguir creyéndolo o si preferirías cambiar esa creencia por otra mejor. ¿Deseas seguir creyendo que necesitas correr esta maratón de mejoras constantes? ¿Eliges creer que no hay nada perfecto en ti? ¿O prefieres abrazar una nueva creencia que te permita aceptar aquello que te pueda gustar de ti y disfrutarlo?

“Hacer eso,” argumentarán algunos, “solo tendrá como resultado vagancia y falta de desarrollo.” Y yo les respondo, ¿es eso realmente así? ¿Qué ocurriría si creyeras que eres lo suficientemente bueno y disfrutaras del ser que eres, aún cuando siguieras buscando crecer? Verás, la diferencia está en aceptar de partida que eres bueno. Punto. Bueno. Tal y como eres. Disfruta de ser como eres. Ama a la persona que eres ahora. Y entonces, una vez allí, decide si quieres explorar nuevos horizontes, nuevos desarrollos, nuevas avenidas. No porque no seas lo suficientemente bueno sino porque lo ERES; eres lo suficientemente bueno para crecer, aprender y seguir queriéndote a ti mismo tal y como eres ahora y como serás también después.

Detente ahora y ama al ser que eres. Acepta a la persona en que te has convertido. Sin peros. Eres el mejor yo en el que te podías convertir en el tiempo que has vivido hasta ahora. ¡Te ha costado muchos esfuerzos y dedicación llegar a ser quién eres! Concédete el crédito que te mereces por lo que has conseguido hacer hasta ahora. Busca los logros y celébralos. Busca lo bueno que hay en ti, tanto físico como emocional e intelectual. Quiérete por esos rasgos positivos que hay en ti. Valóralos. Adóralos. También forman parte del ser que tú eres.

Y sé feliz.

Solo entonces, una vez seas feliz y aceptes el ser que realmente eres, podrás decidir si te quieres aventurar en las tierras ignotas del desarrollo personal con la seguridad de saber que ya eres lo suficientemente bueno. 

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com


5 razones prácticas para descubrir tu Esencia Personal

Los seres humanos son únicos ya desde el momento de su nacimiento. Los gemelos idénticos, por ejemplo, son personas totalmente distintas desde sus primeras horas de vida, cuando aún no han tenido la oportunidad de aprender ni experimentar nada y desarrollar así sus personalidades. Esa diferencia, esa singularidad, afecta a su manera de ver el mundo y reaccionar ante él. El motivo detrás de este fenómeno es la Esencia Personal; aquello que somos desde nuestro nacimiento, permanece inmutable durante toda nuestra vida y nos confiere nuestro propio punto de vista personal.

Descubrir nuestra Esencia Personal es como abrir una ventana hacia nuestra naturaleza más profunda. Conociendo qué somos, alcanzamos una nueva comprensión que nos puede ayudar a:

  1. Explicar reacciones y sentimientos inesperados: todos hemos conocido alguna vez a alguien por primera vez y nos hemos sentido sorprendidos por las sensaciones inesperadas e inmediatas que hemos sentido, incluso en casos en los que no hemos intercambiado una sola palabra con esa persona. Las emociones así experimentadas de pronto pueden ser muy variadas e ir desde el asco y el rechazo a la atracción e incluso el afecto. Aunque sea la primera vez que conocemos a esa persona, la sensación está claramente ahí. Hasta hoy, no se podía ofrecer ninguna explicación a este fenómeno, pero ahora sabemos que se debe a nuestra Esencia Personal y cómo reacciona ante la de la otra persona. Imagina que tu Esencia Personal sea libertad y la de la otra persona control; ambos lo sentiríais por el mero hecho de que eso es lo que sois en vuestro interior.
  2. Comprender e interpretar eventos del pasado. Algunos de nosotros luchamos durante años por llegar a encontrar significado a eventos de nuestro pasado. Una vez descubrimos cuál es nuestra Esencia Personal, es más que probable que esos eventos queden explicados. Tal vez la persona con la que estábamos interactuando cuando ocurrió el evento había anulado completamente nuestra Esencia Personal o quizá la situación en que estábamos inmersos no encajaba con las características de nuestra Esencia Personal. Descubrir qué somos nos explica muchos de los episodios incomprensibles de nuestras vidas.
  3. Tomar las decisiones correctas. Una vez conoces cuál es tu auténtica naturaleza, tomar decisiones se convierte en una tarea mucho más sencilla. Al comprender qué significa tu Esencia Personal, tomarás entonces las decisiones que mejor encajen o no con tu naturaleza interna, por lo que te resultará más fácil y evitarás fracasos y decepciones. Un ejemplo sería el de una persona cuya Esencia Personal sea luz; esa persona siempre debería optar por las opciones que le den más luz y evitar las más oscuras.
  4. Recarga tus niveles de energía. Volver a tu Esencia Personal es como volver a conectarte a una fuente inagotable de energía. Al retornar a ella de manera consciente, todo tu sistema se siente recargado y listo.
  5. Adapta tu vida al ser que realmente eres. Una vez comprendes las características de tu Esencia Personal, de inmediato cambias aquello que no encaja con ella en tu vida porque deja de tener sentido. Eliminas lo que va en contra de tu naturaleza más profunda y buscas lo que la apoya, creando así una vida que encaja mucho mejor con quién realmente eres. La vida se convierte de esta manera en una tarea mucho más sencilla.

Estas no son más que 5 de las muchas razones por las que todas las personas deberían descubrir su Esencia Personal. Os animo a todos a buscar la vuestra con un profesional especializado en esta búsqueda, puesto que encontrarla solo aporta ventajas y poder. Conócete a ti mismo… desde el auténtico comienzo 😊

Disfruta de la vida, de TODA ella,

Jessica J. Lockhart – humanología – www.jessicajlockhart.com

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