Tendencias positivas

DSCN5922 (1)

¿Te has preguntado alguna vez porque todo el mundo está publicando mensajes positivos y optimistas en el mundo de hoy? ¿Por qué hay tantas personas buscando una guía espiritual? Yo creo que la humanidad está embarcándose en una revolución del espíritu. Creo que se ha cansado de los viejos modelos. También creo que todas las personas perseguimos el mismo objetivo: ser felices. Aunque la felicidad significa cosas muy diferentes para cada uno de nosotros. La felicidad no es un único concepto compartido por todos. No es una única realidad. Lo que a mí me hace feliz no tiene por qué hacerte feliz a ti o a tu vecino. Por eso creo que la humanidad está comenzando una revolución espiritual que nos va a convertir en más humanos a través de una mayor comprensión de quiénes somos y de qué queremos. Y si hay algo que queremos todos, sin excepción, es ser felices. Sea lo que sea la felicidad para cada uno.

Hay algunas personas que están empezando a criticar esta tendencia positiva-feliz diciendo que nos está cegando. Y de alguna manera estoy de acuerdo con ellos. Es cierto que hay unas nuevas tendencias positivas que están inundando nuestras vidas. Hay cada vez más y más personas que comparten pensamientos y frases optimistas y más y más mensajes positivos y mantras que persiguen la felicidad. Pero las herramientas del optimismo y de la felicidad solo funcionarán cuando aborden unas metas claramente definidas. El optimismo, la felicidad y la psicología positiva no son sino términos que se utilizan para referirse de forma muy vaga aciertos conceptos. Como términos, no tienen ningún poder intrínseco. No son sino un conjunto de letras o sonidos.

El optimismo, la felicidad y el pensamiento positivo como herramientas ayudan al mundo a salir de las tendencias del pensamiento negativo, del pesimismo y de la infelicidad que inundaron nuestro mundo durante muchos años. En el pasado, mostrarse abiertamente feliz provocaba que los demás fruncieran en ceño. Cuando alguien exhibía su felicidad o su optimismo, se le castigaba por ser un descerebrado. Hoy hay muchas personas que reclaman su derecho a no ser castigadas por exhibir su felicidad. Y eso, de por sí, es una lucha positiva.

El problema surge cuando, al igual que en cualquier otro campo, se lleva la tendencia al extremo y se considera la única verdad. Antes, se fruncía el ceño cuando alguien estaba feliz; hoy, se frunce el ceño cuando alguien no lo está. ¿Y quiénes son los que fruncen el ceño? Quienes se ríen frente a quienes no, y viceversa.

Yo creo que eso es así porque todos ellos comprenden la felicidad de maneras diferentes. Si la felicidad para ti significa paz, tal vez no entiendas a esa persona alegre y ruidosa cuya definición de felicidad le exige demostrar su gozo de forma tan sonora. Y quizá frunzas el ceño al observarla. Si, por otro lado, para ti la felicidad implica dar saltos y reír, quizá inadvertidamente frunzas el ceño al ver a alguien que disfruta en silencio de una atesorada serenidad. De esa manera, incluso alguien triste puede estar feliz a su propia manera. ¿Quién eres tú para juzgar su felicidad?

El optimismo y el pensamiento positivo se convierten así en herramientas para la felicidad de algunos. Déjales que las usen, si quieren. Serán válidas siempre que se dirijan a una meta bien definida de felicidad, elegidas por ellos. Como ya hemos visto antes, la felicidad la definimos cada uno de nosotros. Nadie nos está pidiendo que usemos esas herramientas; solo se están difundiendo como némesis a las que han existido durante tantos siglos. ¿Por qué no empezamos a respetar a los demás tal y como son? ¿Por qué sentimos la necesidad de criticar este nuevo movimiento positivo o el antiguo movimiento negativo? ¿Quién sabe qué es correcto? Yo propongo que, por el contrario, nos marquemos como meta esa nueva revolución espiritual en la que la humanidad deja de juzgar y sentenciar y comienza a aceptar y amar. Algunas personas necesitan silencio para ser felices… ¿y qué? Otras necesitan ruido… ¿y qué? E incluso las hay que necesitan… quién sabe qué. ¿Y? Es su felicidad, no la tuya.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart