Una vida de aprendizaje

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Nace un bebé. No sabe nada. Ni siquiera cómo alimentarse o beber la leche materna. Al contrario de lo que se suele creer, cuando le ofrecen por primera vez el pecho, necesita ayuda para alimentarse. El bebé no sabe cómo encontrarlo ni de dónde sale la leche. Una vez toma la leche de su madre por primera vez, ya está. Ha aprendido. Y ese es el comienzo de una vida de aprendizaje.

El bebé crece y aprende cientos de pequeñas cosas cada día. Aprende a sonreír, a moverse, a sujetar objetos, a caminar, a hablar, a relacionarse con los demás… Entonces el bebé pasa a ser niño y a asistir a la escuela, donde aprende nuevas y diferentes cosas.

El niño se hace adulto. El adulto aprende una profesión y a trabajar y ganarse la vida, además de muchas, muchas otras cosas.

El adulto se embarca en una rutina cotidiana de trabajo y vida.

Algunos adultos entonces creen que ya han aprendido todo lo que van a necesitar en su vida. Y dejan de aprender. Es el principio de su final.

Cuando nuestros cerebros dejan de aprender, se ralentizan y comienzan a perder interés. Desaparece la chispa. El proceso poco a poco desconecta partes del cerebro. Con el tiempo, a esas personas les resulta cada vez menos sencillo interesarse por nada. Pierden su curiosidad natural. Ya nada importa mucho. Una vez deciden que no quieren aprender nada nuevo, su mundo se vuelve aburrido y poco interesante. No esperan nada con ilusión.

Yo personalmente siempre tengo muchas cosas que quiero aprender. Una vida no será tiempo suficiente para aprender todo lo que quisiera. Así que elijo con cuidado y me embarco en aquello que me interesa. ¡La vida es así muchísimo más divertida!

El aprendizaje puede adoptar todo tipo de forma e imagen. Yo no necesito asistir a cursos universitarios para seguir aprendiendo. Déjame que te dé algunos ejemplos: siempre estoy asistiendo a cursos de coaching y a seminarios que tengan que ver con mi trabajo para poder continuar creciendo como profesional. Pero también participo en todo tipo de eventos con diferentes personas para aprender aquello que la vida me muestra o sobre lo que llama mi atención. A modo de muestra te contaré que la semana que viene voy a visitar el taller de una diseñadora de joyería. No tengo ninguna intención de diseñar joyas pero me encantará descubrir cómo se le ocurren las ideas a la artista y cómo trabaja con los distintos materiales para crear piezas tan bellas.

No todo el aprendizaje tiene que tener resultados profesionales. Los personales son igual de importantes o más. Así que deja que tu imaginación vuele un poco y empieza a buscar algo nuevo que aprender.

Disfruta de la vida… de toda ella, J.