Volver a la infancia

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Recuerdo ser totalmente feliz cuando era pequeña. No necesitaba nada más que lo que tenía. Recuerdo estar jugando por las calles de nuestra aldea con mis primos y mis amigos y no pensar jamás que me faltaba algo. Aquellos eran momentos de intensa felicidad.

Lo que no significa que no llorara o no me sintiera triste nunca. ¡Lo hacía! Pero el balance general de mi vida era de felicidad.

No me cuestionaba mi propia felicidad. Me despertaba cada mañana esperando lo mejor. No necesitaba ni cosas ni personas que me hicieran feliz. Era feliz por mí misma.

No cuestionaba el pasado. No cuestionaba el futuro. Disfrutaba de cada momento. Vivía cada momento. Los momentos de tristeza eran intensos momentos tristes que después se desvanecían en el aire. Los momentos de alegría eran intensos momentos de alegría que también después se desvanecían en el aire.

Me enfrentaba a cada momento según llegaba. Lo vivía y después pasaba al siguiente.

Pero al crecer me enseñaron que mi forma de vivir estaba equivocada. Tenía que “aprender del pasado” y “prepararme para el futuro.” No hacerlo implicaba que no tenía la suficiente madurez o preparación para entrar en el selecto mundo de los adultos.

Y aquí estoy hoy, unos cuantos años más tarde, intentando desaprender todas aquellas enseñanzas para volver a ser feliz mientras vivo cada momento como llegue.

Ahora me doy cuenta de que era más sabia de niña. No necesitaba volver a visitar el pasado una y otra vez para aprender de él. Ya había aprendido lo que tenía que enseñarme cuando lo estaba viviendo. Y no necesitaba prepararme para el futuro porque no tenía ni idea de cómo iba a ser. Ni en un millón de años habría podido imaginar la vida que estoy realmente viviendo.

Así que estoy volviendo a mi viejo yo. Me estoy convirtiendo una vez más en niña. Estoy viviendo y disfrutando de cada momento. ¡Y me encanta! Pruébalo.

Disfruta de la vida… de toda ella,

Jessica J. Lockhart

P.S.: DIFUNDE OPTIMISMO. ¡Gracias!