Volver es más duro que emigrar

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Hoy en día hay muchas personas en movimiento en el planeta. Algunas se están trasladando a diferentes países, donde se encuentra con culturas y gentes extrañas. Se adaptan… o no.

Yo soy una de esas personas que se mueven. Hasta el día de hoy, he vivido en 7 países diferentes, incluyendo el mío original, EEUU, y el país en el que crecí, España. Algunos me plantearon desafíos y retos más duros que otros.

Pero sin duda la adaptación más dura con mucho es la de volver al lugar que has considerado tu hogar durante más tiempo.

Cuando te trasladas, te ocurren cosas. Aprendes, cambias, creces. Atesoras los recuerdos de tu vida en casa porque te calman en momentos de dureza y dolor. Los atesoras porque de alguna manera te transmiten que tienes unas raíces sólidas que te sujetan a algún lugar. Los atesoras porque son parte de quién tú eres.

Y el día que vuelves esperas encontrar lo que quedó atrás al marchar. Esperas retomar la vida donde la dejaste.

La decepción es tremenda. Las cosas no son en absoluto como tú las recordabas.

Pero piénsalo. Tú has cambiado, ¿verdad? La vida te ha enseñado cosas nuevas y ya no ves el mundo como lo veías antes. Quienes se quedaron atrás también siguieron con sus vidas y cambiaron y crecieron. Cuando te marchaste, sus vidas continuaron. Y ahora vuelves a algo que ya no existe como lo recordabas porque también ha evolucionado.

Cuando te trasladas a un nuevo país, la adaptación puede resultar dura porque no sabes qué esperar. Todo es nuevo. Tal vez tengas, es cierto, algunos prejuicios que te puedan producir dolores de cabeza porque la realidad no sea como la imaginabas. Pero la jaqueca no es nada comparada con el dolor de volver con la confianza de que todo va a ser como antes y verse sorprendido por la realidad. Cuando nos trasladamos, lo hacemos abiertos a nuevos desafíos. Cuando volvemos, queremos recuperar el viejo mundo que llevamos tanto tiempo atesorando en nuestros recuerdos.

Cuando vuelvas, enfréntate a tu nueva vida como si te estuvieras trasladando a un país desconocido una vez más. Ábrete a las nuevas culturas y a las nuevas gentes como lo harías al intentar asentarte en una nueva ciudad o región, como si estuvieras mudándote a un lugar desconocido. Te ahorrará mucho dolor de corazón. Estate dispuesto a mirar hacia delante en lugar de hacia atrás y tu retorno será mucho más sencillo.

Disfruta de la vida… de toda ella,
Jessica J. Lockhart