Los Derechos Humanos como guía de vida

Hoy me siento a escribir con la sensación de que debo hacerlo. Como ser humano, clamo por una humanidad más humana, por unas sociedades más tolerantes, por una vida más respetuosa y os animo a descubrir y defender la Declaración de los Derechos Humanos, un texto que cobra aún más importancia en los tiempos en que vivimos, no solo por sus principios humanológicos sino por brindarnos las bases para una humanidad más sabia, sólida y feliz.

 

«Corría 1948 cuando las Naciones Unidas y sus miembros firmaron una declaración que buscaba establecer unos derechos básicos e inalienables para todos los seres humanos sobre los cimientos de 30 artículos. Hace más de 7 décadas que la humanidad se dio cuenta consciente que cada uno de nosotros debe ser valorado y atesorado como un ser único e irrepetible. El mundo necesita hoy, más que nunca, retomar aquel espíritu que guió a los promotores de un sueño que solo depende de nosotros convertir en auténtica realidad.

Los artículos de la declaración establecen derechos y libertades para todos los seres humanos y plantean un código común sobre el que construir una auténtica humanidad.

El ser humano avanza tecnológicamente de forma vertiginosa y acumula conocimiento a la par que pierde sabiduría. Basta comprobar por ejemplo, que en pleno siglo XXI las vidas de la inmensa mayoría siguen dedicándose sobre todas las cosas a trabajar para poder sobrevivir, cuando se ha demostrado una y mil veces que nuestro planeta, gestionado con sentido común, cuenta con los recursos suficientes para todos. O planteémonos otra situación más actual, como la creciente demanda de relaciones virtuales en los países desarrollados, donde los jóvenes están olvidando cómo comunicarse en el mundo real, teniendo que recurrir a mecanismos artificiales para sentirse conectados con sus semejantes.

Cuando uno lee los artículos de aquella declaración, se plantea que hemos avanzado casi en dirección opuesta a lo que promulgan. No es necesario plantearse los apartados más conocidos y básicos de aquel texto, como la igualdad de TODOS los seres humanos, a fin  de ilustrar cómo nos mantenemos alejados del espíritu que tantos países firmaron defender. Tomemos, por el contrario, algunos menos conocidos pero no por ello eludibles. El artículo 4 dice, «nadie estará sometido a esclavitud ni servidumbre…» y casi a diario nos llegan noticias de la prostitución obligada de víctimas de engaños. O el artículo 12, que promulga que, «nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia,» y el Gran Hermano de las grandes corporaciones y los estados no hacen otra cosa más que observar, medir y utilizar lo que en privado hacemos con nuestras vidas.

Todos los seres humanos tenemos creencias, tanto culturales como familiares y de otros muchos tipos. Son nuestra guía para tomar decisiones. Cuando son muy sólidas, nos llevan a sentirnos superiores a los demás y poseedores de LA VERDAD. Debido a nuestra naturaleza y al funcionamiento de nuestro cerebro, las defendemos con fuerza y tesón. Esa es la gran paradoja del ser humano: necesitamos creencias que nos guíen y nos alejen de sentimientos de inseguridad pero cuando son demasiado sólidas, nos aprisionan en una caja de intolerancia y falsa superioridad. Dentro de la película que nos contamos cada uno sobre nuestras vidas, adoptemos los artículos de esta Declaración como guía de vida, abriendo nuestra mente a otras interpretaciones y perspectivas, aún cuando sean diferentes a las nuestras, respetando a cada ser humano como entidad única e irrepetible.

Hagamos nuestra la Declaración, en cada acto y palabra, en cada gesto primero hacia nosotros mismos y después con los demás. Hemos de colocar al ser humano en el centro de cada avance y de cada decisión. ¿Cómo salvar este planeta si no somos su principal objetivo? ¿Cómo crecer en sabiduría si permitimos el maltrato a otros? ¿Cómo sentirnos vivos en plenitud si el prójimo es una palabra histórica sin ningún valor para nosotros?

¿Te atreves a replantearte tus creencias desde los artículos de esta Declaración? Léela, cuestiónate tus creencias con honestidad y sin miedo, plantéate qué vida quieres realmente vivir y dónde se encuentra tu sabiduría. No importa tu edad ni tu formación, tu género ni tu religión, léela y conversa contigo mismo sobre su significado. Y después, adopta las decisiones que consideres adecuadas.

Yo declaro creer en la humanidad y me suscribo a la Declaración de los Derechos Humanos por un mundo en presente y futuro donde la vida de cada ser humano sí merezca la pena ser vivida.»

Jessica J. Lockhart, humanóloga.

Jessica J. Lockhart es humanóloga, escritora y reconocida oradora internacional. Síguela aquí:

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